Victorio Macho, el vanguardista ignorado

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Imagen de la exposición que, sobre Victorio Macho, se puede ver en Casa de América (Madrid) hasta el 28 de enero. / casamerica.es

Repetidos casos hay en la historia del arte español donde el artista, hacedor de creaciones rupturistas, queda relegado por avatares históricos a un papel que no le corresponde, haciendo verdad aquellas reflexiones de Albert Camus habidas en El malentendido. Los casos de Julio González y Alberto son significativos. También el de Victorio Macho.

Se inauguró por parte del ministro de Educación, Cultura y Deporte, Méndez de Vigo, y con asistencia de Alfonso Polanco, alcalde de Palencia; Rafael Martínez, comisario de la exposición, y Santiago Miralles, director general de Casa de América, la muestra Victorio Macho. De Madrid a América. Un palentino universal, en Casa de América, que estará entre nosotros hasta el 28 de enero, por lo que es buena excusa para asistir estas Navidades a una de las exposiciones habidas en Madrid con cierto deje de justicia histórica.

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La muestra da a conocer la obra que Macho realizó en América del Sur entre 1939 y 1942, en su etapa de madurez creadora, y está dividida en tres sectores de vocación claramente didáctica: la primera nos introduce en la personalidad de Macho a través de la presentación de su vida y obra; en la segunda parte se nos muestran las obras que realizó en el Retiro y en otras partes de la capital y que le supuso cierta fama popular a la vez que el reconocimiento oficial y, por último, la obra más importante, que realizó en Panamá, Puerto Rico, Perú, Colombia y Venezuela, todo ello mostrando fotografías de los grandes monumentos que realizó por el continente americano, sí, pero también mediante réplicas de esos monumentos, esculturas de mediano formato y aguda belleza provenientes de la Fundación Victorio Macho de Toledo y dibujos del autor, que hace que el visitante pueda hacerse una idea cabal de la obra del artista palentino.

Todo esto se enmarca dentro de los actos que se celebran por el cincuentenario de la muerte de Victorio Macho y por ello colaboran varias instituciones españolas que siempre se han definido por arropar grandes encuentros: Acción Cultural Española, la Real Fundación de Toledo y la Casa de América junto al Ayuntamiento de Palencia. Toledo, principal ciudad depositaria del legado del escultor palentino, se suma así a la serie de actos homenaje que pretenden destacar la importancia esencial en el arte del siglo XX de la obra de Macho.

Este escultor tenía vocación pública, algo muy difícil de entender hoy día contemplando los horrores que se realizan en la escultura al aire libre en las ciudades actuales. ¿Quién no conoce la escultura de Pérez Galdós de El Retiro? ¿ O la de Ramón y Cajal, sito en el mismo parque madrileño? ¿O la segunda escultura de Galdós que hizo para exhibir en las Palmas?¿ O el busto de Miguel de Unamuno en Salamanca? O, ya más lejos, el espectacular monumento a Bolívar, en Caracas; el de Rafael Uribe en Bogotá, Colombia; o el del ingeniero José Torad en Teruel; el monumento a Alonso Berruguete en la Plaza Mayor de Palencia; o, por último, el conjunto de 1962 que realizó en El Retiro en honor de Jacinto Benavente, realmente espectacular, o la obra religiosa, algo que se ha olvidado en los escultores contemporáneos. Baste citar, en este orden, el mausoleo de la Familia Bolívar, en Caracas; el sepulcro de Menéndez Pelayo, en la catedral de Santander, o el del doctor Llorente, en la Sacramental de San Justo, en Madrid.

Artes, el de lo religioso y lo público, realmente olvidadas cuando no tergiversadas. En este sentido bien puede decirse que Victorio Macho fue el último gran escultor español versado en estas artes clásicas. Hijo de ebanista, de condición humilde, Macho nació en Palencia en 1887 y fue en Madrid, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde Macho aprende los rudimentos del oficio. Allí le llamaron "El Selvático" por su condición bohemia, un tanto fauve. Durante 30 años su obra, inmersa en la Modernidad del momento, fue ignorada hasta que realizó el sepulcro del doctor Llorente, que le supuso cierta fama, que le llegó con el citado monumento a Galdós en el Retiro y la muestra de su obra en la exposición del Museo de Arte Moderno, en 1921.

Victorio Macho huyó como pudo de las dictaduras. Primero de la de Primo de Rivera yéndose a Francia y luego, después de la Guerra Civil, instalándose en Latinoamérica, primero en Colombia y luego en Perú, en Lima, donde se casa con Zoila Barrós Conti. En 1952 regresó a España y se instaló en Toledo, en lo que llamó la Roca Tarpeya y donde murió en julio de 1966, siendo desde esa misma fecha de la muerte del escultor sede de la Fundación Victorio Macho, delegada de toda su obra.

En la ermita excavada bajo los pies del Cristo del Otero, en Palencia, fue enterrado por orden expresa suya, como si tras un largo recorrido hubiese que volver a la tierra natal, aún muerto. Fue su última voluntad.

La exposición inaugurada en Casa de América servirá de sorpresa para un escultor preterido por los mandarines de su época y, posteriormente, por las nuevas generaciones de vanguardistas. Hora es ya de reivindicar ciertas creaciones donde prima el buen oficio, que es algo preterido en un mundo donde se valora lo conceptual sin remisión posible.

casamerica (YouTube)

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