Ariana Harwicz: «Para mí la libertad es antes un gesto político que literario»

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La escritora argentina, Ariana Harwicz. / Rata Ediciones

Ariana Harwicz es una escritora argentina representativa de lo mejor de la literatura latinoamericana que se hace hoy día. Autora de novelas como Matate, amor o La débil mental, publicada ya en España, acaba de editar en Rata Ediciones, una editorial catalana de rara factura, Precoz, una historia que cuenta la relación entre una madre y su hijo en términos nada convencionales, muy intensos, a veces esplendorosos. La narrativa de Harwicz es pródiga en imágenes de bello impacto: “Me despierto con la boca abierta como el pato cuando le sacan el hígado para el foie gras. Mi cuerpo está acá, mi cabeza más allá, afuera una cosa golpea como una arcada. Todavía de noche, dos pájaros se elevan violentos de mi árbol y al estrellarse se matan entre sí”. Así comienza Precoz y así sigue con igual intensidad a lo largo de poco más de cien páginas. No es de extrañar que Ariana Harwicz sea proclive a la nouvelle o novela corta: le va como anillo al dedo.

Merece la pena acercarse a la obra de esta escritora argentina, que vive en Francia pero pasa largas temporadas en España. Mantuvimos esta entrevista recién llegada la autora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) y en ella nos cuenta su relación con la literatura joven que se hace en Latinoamérica y en España. Ni que decir tiene que en lo que más se centra es en su propia literatura.

— Precoz es una nouvelle de extrema tensión. ¿Prefirió ese género precisamente para dar más realce al tono pesadillesco? Aunque, bien mirado, usted parece adicta a esa modalidad narrativa...

— Es exactamente esas dos cosas juntas, a la vez, imbricadas. Ese género, ese tempo, esa rapidez, me permitió escribir la pesadilla del deseo de esta madre. Lo lunático, los viñedos al caer la luz, el hachazo. Digamos que una cosa no va sin la otra.

— Su literatura se caracteriza por poseer multitud de imágenes impactantes. Parecería estar de acuerdo con esa frase de Céline de que la literatura debe ser un puñetazo en la cara del lector...

— ¿Céline dijo eso?

— Sí, pero se lo achacan algunos a Hemingway...

— Claro que sí, pegar una piña a la cara, descolocar la mandíbula, partir el cerebro en dos.

— Precoz es una narración de deseo, anhelo y locura entre una madre y su hijo. Parece que se obligó conscientemente a una ruptura de las convenciones sobre lo que debe ser esa relación...

"La escritura no puede ser nunca una obligación. Nunca una imposición
desde afuera"

— La escritura no puede ser nunca una obligación. Nunca una imposición desde afuera. Tampoco el dictado de ser anticonvencional, porque si no estamos en las mismas. Estos personajes son, existen, y en la medida en que existen pueden o no romperlo todo.

— A mí se me ocurren escritores ilustres por los que siente deuda, Virginia Woolf, quizá la Sarraute, pero también Carver... casi prefiero que lo diga usted.

— Está bien esos autores que mencionás, Agota Kristof, Marguerite Duras, Elfriede Jelinek, Herta Muller, John Cheever, etc.

— Una novela anterior, La débil mental, describía un amor entre una madre y su hija. ¿Podría ser Precoz la segunda versión de aquella otra?

— Podría ser su segunda versión o su contracara o su prolongación o su antítesis o su revés.

Portada de 'Precoz'.

— Hábleme de la importancia del lenguaje en su literatura. Es exigente si se compara con el nivel de muchos de sus colegas de generación...

— No se puede pensar la escritura por fuera de esa exigencia del lenguaje, pero no me mido con otros ni establezco comparaciones de ese tipo. La pregunta por la importancia del lenguaje es como preguntarle al pianista qué significan las teclas del piano. Lo son todo.

— Usted vive en Francia. ¿Le ha aportado en esta era global ese país algo a su literatura?

— Sí, en la medida en que es el gran escenario, de ahí sale todo, otro país, otra región, es como cambiar de década o de siglo, o de sexo o de régimen político: sería y produciría otra escritura y otros libros.

— En la novela existe una especial incidencia en lo marginal. ¿Qué aporta esa inmersión en lo que está más allá de lo establecido?

— Lo que da trabajar en los márgenes es la libertad. Siempre es así, uno se corre y aparece la libertad. Correrse de cualquiera de las imposiciones. De cualquier orden. Es un gesto político antes que literario.

— Usted es representante de una nueva generación de escritores argentinos ¿Qué conoce de la literatura española que se hace hoy día?

"España para
mí es el otro lugar al que pertenezco, es como mía"

— España para mí es el otro lugar al que pertenezco, es como mía. En todo caso no me siento extranjera o me siento casi igual de extranjera que en Francia donde vivo hace casi 10 años. Conozco y leo a muchos de los contemporáneos, eso es quizás la contemporaneidad, leernos entre nosotros al mismo tiempo justo antes de envejecer. Me parece que temáticamente hay una cohesión con lo que se está escribiendo en Latinoamérica, pero en un estilo, con una manera de pensar el lenguaje que es muy propia a España, (o muy impropia a los latinoamericanos).

— ¿Podría decirme cómo ve la situación actual de la UE, por ejemplo, desde su posición de persona venida del continente americano? Si le apetece me dice algo de Trump y esa extraña premonición de que Marine Le Pen ganará en Francia...

— No me parece que sea una buena opción vivir con miedo a Le Pen o bajo el imperio de las premoniciones. Trump es el monstruo de turno, ninguna demonización ayuda a pensar, más bien le hace el juego al partido contrario.

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