Alba Rico: "Europa, en la estela de EEUU, sufre una desdemocratización radical"

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El filósofo y escritor Santiago Alba Rico, en una imagen de archivo. / La Tuerka (YouTube)

Ser o no ser (Un cuerpo)* , publicado por Seix Barral, es el título del último libro de ensayos de Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) , un destacado teórico español admirado por un abanico de personas tan disímiles como César Rendueles, para quien Alba es el mejor ensayista con que contamos hoy día en nuestro país, y Juan Manuel de Prada, quien infructuosamente quiere formar con Alba ese mítico dueto Chesterton- Bernard Show de la época eduardiana...

El libro de Alba Rico, colaborador de cuartopoder.es, es una reflexión sobre el cuerpo desde nuestra óptica histórica, la cultura judeocristiana surgida del paganismo, y, sobre qué podríamos hacer con él en estos tiempos de neocapitalismo puro y duro. Es ensayo profundamente liberador, lleno de citas literarias y alusiones al arte tomados como otro modo de iluminación ante los retos de la sociedad actual y su profunda opacidad. Es ensayo, además, que viene a enriquecer los presupuestos rompedores de otros libros suyos como Las reglas del caos o ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? y que son ahora un referente para una buena parte de la izquierda renovadora.

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Hemos mantenido esta entrevista con Santiago Alba Rico donde explica con cierta minucia los entresijos del libro, sus intenciones, a la vez que sitúa con realismo y marcada lucidez el lugar que los movimientos de izquierda tienen ahora, en un mundo marcado por una extremada y taimada derechización.

– En primer lugar permítame que le felicite por el título, la duda hamletiana que es todo un programa de intenciones…

– Gracias. La intención era abordar la cuestión en forma de paradoja y dilema. En principio se diría que todo -o casi todo- es opcional y puede elegirse o rechazarse libremente, salvo el cuerpo, que nos viene dado; que es, por eso mismo, un “dato” de partida. Con independencia de los cambios que introduzcamos en él a lo largo de nuestra vida -trabajos objeto también de este libro- lo que no parece posible es elegir no tener cuerpo. Somos cuerpos, como decía Marx en una ocasión, burlándose de los humanistas que insistían en abordar la realidad desde la “humanidad común”. Pues no. No es cierto. Ya no somos cuerpos. La combinación de mercado capitalista y tecnologías de la comunicación da como resultado una sociedad tan “libre” que se plantea todos los días la cuestión –ser o no ser un cuerpo– y decide todos los días renunciar a él como centro antropológico que define los límites de la realidad “personal”.

– “Cuando comienzo a pasear por la casa, ¿dónde me encuentro?”... Esas páginas dedicadas a la identidad son especialmente atinadas y sugerentes, amén de inquietantes…

"La “realidad” misma se ha desplazado fuera
y lejos de nuestros cuerpos"

– En efecto, nuestra identidad se ha emancipado del cuerpo y de las relaciones entre los cuerpos, hasta el punto de que el lugar más distante de nuestro ordenador es… nuestra propia cocina, a la que sólo se puede llegar tras una especie de viaje contra-astral muy traumático, una suerte de reencarnación brutal en el espacio. Australia está dentro de nosotros, junto con todas las imágenes del mundo; fuera no hay nada: sólo quedan cáscaras, restos, residuos muertos. Una montaña es un residuo. Un árbol es un residuo. Nuestro primos y nuestros compañeros de metro son residuos. No digamos nuestros ancianos y nuestros enfermos. La “realidad” misma se ha desplazado fuera y lejos de nuestros cuerpos. Nada o casi nada -o sólo acontecimientos trágicos- ocurren en él o en sus alrededores.

– Sorprende la falta de una filosofía del cuerpo en la filosofía occidental. La tradición judeo cristiana, claro, pero ¿podría darnos una idea de la razón por la que prendió en una sociedad tan corporal como la pagana?

– La tradición cristiana es tan corporal que mantiene en su centro el culto a un cuerpo crucificado, pero es verdad que supone una relativa ruptura respecto del mundo “pagano”. Para entenderlo conviene quizás leer una obrita clásica, Paganos y cristianos en una época de angustia, donde el historiador CH. Dodd pulsa en otras doctrinas -plotinianos, estoicos o gnósticos- esa angustia por el cuerpo, traducida en distanciamientos disciplinados y ascetismos hipocondriacos, que luego el cristianismo canonizará. Pero no olvidemos que, de algún modo, el cristianismo fracasó en el catolicismo popular, que tanto en el culto como en la blasfemia fue siempre muy “pagano”. Hoy, me parece, estamos viviendo otra época de angustia, una angustia –en este caso– “laica” que busca la salvación en la cirugía y los gimnasios. Una angustia de consumidores fallidos que resucita también, en una estrepitosa recaída, los cultos religiosos.

– Hay pocos precedentes de lo que usted ha intentado en su libro. ¿Quizá Merleau Ponty, por ejemplo, aunque en el terreno de la fenomenología?

– Merleau-Ponty asoma por ahí, sobre todo el de El ojo y el espíritu, con sus reflexiones sobre la invisibilidad y los cuerpos extensos, pero me nutro más de lecturas antropológicas y de estímulos literarios. Tal y como prueba el largo capítulo bibliográfico final –que recomiendo leer como parte inalienable del libro– soy bastante silvestre y caprichoso en mis fuentes.

– Terrible la lista que usted ofrece de las prohibiciones de los judíos…

"El ser humano es el único animal
que hace clasificaciones...
y que se rebela contra ellas"

– La antropóloga Mary Douglas utilizaba esas rígidas proscripciones del Levítico para ilustrar la voluntad clasificatoria del ser humano como una manera de controlar la relación entre el cuerpo individual y el cuerpo social: una manera de controlar, en definitiva, la angustia de la identidad corporal. Uno de los capítulos de mi libro se ocupa de la “condición humana” asociada a la obsesión clasificatoria. El ser humano es el único animal que hace clasificaciones… y que se rebela contra ellas.

– San Juan dice “En el principio era el verbo”; Goethe en Fausto, “En el principio era la acción”. Aquí entra usted citando el Popol Vuh y parece darles la razón por dar la prioridad al lenguaje, se me ocurre como precursores de un Herder, de un Wittgenstein...

– Al lenguaje, en todo caso, como “acción”. “Si sabes que aquí hay una mano”, escribía Wittgenstein, “te concederemos todo lo demás”. En el principio era la acción de hablar y de clasificar, inseparable de la conciencia del propio cuerpo y de la existencia de los otros cuerpos. Por eso abordo el lenguaje también –o sobre todo– como fuga y prisión, idea que trato de ilustrar a través del relato de Kafka “Informe para una academia” en el que un mono enjaulado y maltratado rompe a hablar “buscando una salida”; y la salida –que lo es– conduce a la “renuncia a la libertad”.

Cubierta de la última obra de Santiago Alba Rico. / Seix Barral

–¿Cómo enfrentar el concepto del cuerpo a la apoteosis de la mercancía en que convierte todo el capitalismo? ¿Nos queda el narcisismo?

– Desde hace años insisto –desde Las reglas del caos y La ciudad intangible a Capitalismo y nihilismo, El naufragio del hombre y Penúltimos días– en que la apoteosis de la mercancía, como certeramente la llamas, implica la desaparición de las cosas mismas y sus soportes materiales. Ya no hay cosas, no se fabrican cosas, no nos relacionamos con cosas. La burguesía no exhibe objetos, como en tiempos de Veblen y la clase ociosa. La oposición ser/tener corresponde a un estadio anterior del capitalismo, el de los Pasajes de Benjamin, en el que la mercancía aún era un objeto y dejaba por tanto “fósiles” en el espacio. Pues bien: hay que recordar que el cuerpo es también una “cosa”: porque es opaca y limitada, porque ha cambiado muy poco en 40.000 años y porque –en términos individuales– se muere. El cuerpo es una “cosa” reprimida. Esta transformación –digamos– de los cuerpos en imágenes, en antivampiros que no se reflejan en el mundo (que no tienen ningún cuerpo en el mundo) describe bien el proceso de desmaterialización que acompaña la aceleración mercantil, financiera y tecnológica. Los selfis emancipados de los cuerpos giran en las redes tratando de ocultar su enganche en la cosa misma: la muerte.

– Usted recurre a ejemplos literarios múltiples para ilustrar ciertas tesis, Goethe, Gogol y la nariz cortada; recurre también al arte, Brueghel... ¿Qué lugar ocupa en su obra esa otra fuente de conocimiento que es el arte?

– La literatura y el arte tienen la ventaja de la opacidad en una época de transparencia total sin tiempo ni lugar. Un relato y un cuadro están en el tiempo y en el espacio, concentran tantas capas y grumos como los propios cuerpos. De los relatos y los cuadros se pueden sacar siempre muchas más cosas de las que metió su autor. Se pueden hacer trampas con ellos porque en realidad nacieron así, como trampas y cepos; y como ganzúas de alacenas secretas. A Brueghel y Rembrandt se los mira con el cuerpo; a Dostoievski y Gogol se los lee con el cuerpo. No es fácil reivindicar los cuerpos sin arte y literatura.

– Es usted un referente de la izquierda con libros como Volver a pensar o ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? ¿Cúal cree que es su principal aportación al enorme corpus teórico que ya posee la izquierda desde Marx?

– No creo ser un referente. Mi aportación, en todo caso, es pequeña. Tras muchos años de escritura, y después de una ascensión en espiral siempre dentro del mismo libro, me interesa rescatar una idea que César Rendueles destacaba en la presentación de otra obra mía: la idea de “naturaleza” o “condición humana”, completamente abandonada y hasta “criminalizada” por el marxismo.

– Dice usted en un momento que el cuerpo es el fracaso del sistema, ¿podría abundar en lo dicho? Parece una invitación a la esperanza…

" ¿Dónde reaparecen los cuerpos? En las vallas y muros,
en los campos
de refugiados y, desde luego, en
la violencia bélica
y terrorista"

– O todo lo contrario. En mi libro hablo de fugas del cuerpo y recaídas en él. Entre las recaídas, claro, figuran el hambre, el tedio y el dolor, “abolidas” por el mercado. Pero reaparecen. ¿Dónde reaparecen los cuerpos? En las vallas y muros, en los campos de refugiados y, desde luego, en la violencia bélica y terrorista; y, como “enemigo interior”, en las cárceles, los hospitales y las residencias de ancianos. Ese es el fracaso del sistema, que siempre ha estado presente en el exterior de Europa y que la crisis hace comparecer también ahora en nuestras ciudades como resultado de eso que Stigler llama “capitalismo de la incuria”: el sistemático desprecio, a través de las “políticas de austeridad”, de los cuerpos más vulnerables. El problema es que, frente a ese “descuido” –compensado y reparado, sobre todo, por mujeres– la única alternativa nos la ofrece el “populismo autoritario” y el neofascismo. No podemos dejar el cuerpo “reaparecido” en sus manos.

– Preguntarle por la situación política actual se nos haría casi eterno, pero ¿cúal cree que puede ser el lugar que ocupen los nuevos movimientos en una futura configuración del espacio europeo? No le pido posea la bola de cristal de su añorada madre…

– Como decía hace un momento, las izquierdas no van ganando. Todo lo contrario. Salvo en España, donde el PP se propone al mismo tiempo como neoliberal y como destropopulista pero donde hay una pequeñísima esperanza de contención, Europa –en la estela de EEUU– está sufriendo una desdemocratización radical asociada a una recorporización del discurso desde la extrema derecha. Ha ocupado el terreno que era el nuestro y que habíamos abandonado: el de los cuidados frente al capitalismo de la incuria, pero en versión identitaria y selectiva. O disputamos ese territorio abriéndolo a la democracia y los DDHH o la lucha entre las imágenes y los cuerpos puede llevarnos a una tragedia.

(*) Ser o no ser (un cuerpo) se presenta este miércoles, día 25, a las 19:30 horas, en La Central de Callao. Acompañarán al autor Yayo Herrero y Javier Gallego.
2 Comments
  1. lois says

    Está muy lo que analiza, lástima que no hubiera un pregunta y respuesta más amplia a l concepto de naturaleza humana e n Marx y su crítica, no sé si está en el libro, lo comprare, tampoco sé si propone una especie de darwinismo de izquierdas, Marx venía a decir que el capitalismo no era naturaleza, pero sí que hay aspectos como cristianos , como una ausencia de construcción material quizá este ya en el imaginario de Spinoza o en la fenomenología de Hegel , pero era atomista.

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