Vila-Sanjuán: "La Transición fue un gran pacto, aunque forzado y bajo vigilancia"

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El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán, que ha publicado su tercera novela, 'El informe Casabona', ambientada en la Transición, en una imagen de archivo. / Efe

El informe Casabona es la tercera novela de Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), conocido periodista cultural, responsable del suplemento Culturas de La Vanguardia e hijo de José Luis Vila-San Juan, aviador y conocido periodista e historiador en los años cincuenta y sesenta. La novela inaugura una serie de thrillers con Víctor Balmoral, periodista cultural, como protagonista. El periodista cultural compitiendo con el detective profesional... ese cambio de personalidad incide en la trama misma de la historia que se cuenta: Alejandro Casabona es un conocido personaje que se hizo durante los años de la Transición, espejo en el que mirarse para unos, corrupto hasta extremos irreparables para otros, Casabona representa el éxito de toda una generación. Cuando muere en extrañas circunstancias en una comida en el Palacio de Oriente, la directora del Instituto para el Estudio de la Ética Profesional, institución a la que Casabona ha aportado mucho dinero, encarga a Balmoral un informe sobre la personalidad de Casabona, de ahí el título, y que sirve al autor para crear un retrato moral de la Transición.

En la entrevista Sergio Vila-Sanjuán se explaya sobre las intenciones de la novela, a la vez que da su visión de la Transición, la generación que la hizo y otras cuestiones, como la Guerra Civil.

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-- Sus anteriores novelas Una heredera de Barcelona' y 'Estaba en el aire', por la que se le otorgó el Premio Nadal en 2013, eran crónicas sociales a la par que familiares. 'El informe Casabona' nos describe el periodismo cultural que usted conoce al dedillo. ¿Es esta inmersión en la experiencia personal condición necesaria en su narrativa?

Portada de la novela de Sergio Vila-Sanjuán.

-- Para mí lo ha sido. Al cumplir 50 años me di cuenta de que tenía ganas y casi necesidad de recapitular la memoria familiar, que presentaba varios puntos de interés, porque vengo de una familia de periodistas y gente del mundillo de la comunicación que había vivido muchas experiencias y había conocido a mucha gente. Eso daba pie a comidas y sobremesas familiares cargadas de historias y de anécdotas que se habían quedado en mi cabeza. Con ese material elaboré mis dos primeras novelas, situadas en los años 20 y en los años 60, respectivamente. Con esta tercera novela tenía ganas de acercarme más al presente, y de hecho la acción arranca el 22 de abril del 2015, aunque luego hay varios retornos al pasado.

-- La pregunta resulta un tópico pero ¿se ha basado en algún personaje real a la hora de crear a Alejandro Casabona o es, más bien, un arquetipo muy actual?

-- Alejandro es un magnate y mecenas octogenario, que ha mandado mucho, que ha estado metido en la política y que en el otoño de su vida se enfrenta a Hacienda y a una amenaza de cárcel por una serie de operaciones y números que no están nada claros. No responde a un personaje real o una figura de referencia concreta, aunque refleja aspectos de una generación de hombres de empresa nacidos en los años 20, que de niños vivieron la guerra y en los años 50 y 60 apostaron por un cierto europeísmo y por la modernidad, y no comulgaban con el despotismo franquista aunque más o menos se adaptaron a él. Tanto con Alejandro como con la gente que le rodea he intentado crear personajes que tengan humanidad e historia personal pero también ofrezcan un lado arquetípico: Fíjese que he titulado los capítulos: La Actual Mujer, El Hijo Rebotado, El Hombre de Confianza, El Yerno desleal… Así, en mayúscula. Quería poner énfasis en que son un tipo de figura que aparece en muchas historias de poder y empresa familiar, que es el ámbito que me interesaba abordar.

-- Usted inaugura con esta novela una serie de ellas protagonizadas por el periodista Víctor Balmoral ¿Tiene pensado hacer un trasunto del detective clásico? ¿Qué ventajas ofrece el periodista como animal que husmea?

"Con Víctor Balmoral quiero rememorar, en una serie corta, algunos ambientes que he vivido en los últimos 40 años"

-- A mí me ha gustado mucho siempre la novela policíaca, como lector y como periodista. La actual semana de novela negra barcelonesa, BCNegra, la puse en marcha cuando en el año 2005 fui comisario del Año y la Lectura. En Una heredera de Barcelona utilicé algunos elementos de thriller en un marco de intriga histórica. En El informe Casabona he usado también estructuras de novela policíaca, pero sin que lo sea del todo. En el género negro lo que importa es quién mató a quién, por qué y si se le puede aplicar el Código Penal. En la investigación periodística o biográfica, como la de mi libro, lo que interesa es encontrar el máximo de verdad en torno a un personaje determinado, en este caso el magnate Alejandro Casabona. Con ayuda del periodista Víctor Balmoral me gustaría rememorar en próximos libros algunos ambientes que yo he vivido o conocido en los últimos cuarenta años. Aunque si sigo con el personaje será, creo, para una serie corta de muy pocas historias, no una larga.

-- La novela, digo, es crónica social de Barcelona, amén de otras cosas. Yo siempre he mantenido que detrás de su narrativa estaba siempre el deseo de ser un cronista de la ciudad a lo Josep Pla...

-- En mis dos primeras novelas cuidé mucho la ambientación y había una voluntad clara de crónica barcelonesa, aportando material poco conocido, aunque ese no era el objetivo final, ya que en ambos casos buscaba construir parábolas. En Una heredera de Barcelona, sobre cómo dos hombres de afiliaciones ideológicas opuestas, un monárquico conservador y un anarquista, pueden salvarse mutuamente la vida en momentos de agitación por encima de sus diferencias. En Estaba en el aire, sobre cómo una mujer de los años 60 se ve obligada a ser más inteligente y astuta que su entorno y jugar con todas las armas a su alcance para superar una legislación intolerablemente machista. Digamos que la crónica para mí es un medio, pero no un fin. En El informe Casabona hay menos detallismo ambiental que en los dos libros anteriores y he dejado volar más la imaginación.

-- ¿Es la novela en cierta manera un proceso a la Transición?

"Más que un proceso a la Transición es
una panorámica,
lo que se ganó y lo que se perdió"

-- Más que un proceso intento hacer una panorámica, lo que se ganó y lo que se perdió. Yo no estoy de acuerdo con la teoría de que la Transición fue una estafa; se trató de un gran pacto, es verdad que forzado y bajo vigilancia, en el que todo el mundo tuvo que ceder: en suma, casi todos renunciaron a lo que para ellos era óptimo y aplicaron la teoría del mal menor, aspecto importante de los estudios éticos que constituye, precisamente, uno de los asuntos principales de El informe Casabona. Desde el punto de vista cultural, con la Transición el país se transformó radicalmente. Yo cubrí como periodista la vitalidad cultural de los años 70 y 80 y considero que fue un gran momento, con mucha potencia literaria. Aunque quizás también influye que yo era joven entonces.

-- En su novela el germen de lo actual se halla en la Guerra Civil, conflicto en el que intenta mantenerse muy distante por honor a la verdad. Estoy pensando en el episodio terrible del fusilamiento de monjas en el convento del barrio de Gracia y esa pregunta de qué le hemos hecho a los españoles los de la Iglesia para que nos odien tanto...

-- Cuando era adolescente trabajé como documentalista para mi padre, José Luis Vila-San Juan, publicitario e historiador, que publicó dos libros que en aquellos años tuvieron mucha resonancia y se convirtieron en best sellers: Así fue. Enigmas de la guerra civil española (1973) y García Lorca asesinado: toda la verdad, Premio Espejo de España 1975. En ambos se reflejaba la visión de los liberales antifranquistas de aquella época: para ellos, el franquismo había sido muy negativo para España, y la insurrección del 18 de julio había tenido consecuencias catastróficas. Pero consideraban que en la Guerra Civil ambos bandos cometieron incontables brutalidades y desmanes y no se podía trazar una barrera entre buenos y malos, porque las cosas fueron mucho más complicadas que todo eso. La guerra no había sido buscada ni secundada por un amplio espectro de la sociedad española y todo ello llevaba a promover la reconciliación. Aunque es una visión con voluntad ecuánime que no está de moda actualmente, me temo que hoy sigo compartiendo bastante, en este terreno, la de mi fallecido padre.

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