Antoni Guiral: "TBO es parte de nuestra cultura y de nuestra historia sentimental"

Antoni Guiral en el pasado salón del Cómic de Barcelona/ Wikipedia
Antoni Guiral en el pasado Salón del Cómic de Barcelona/ Wikipedia

El TBO cumple 100 años redondos y para celebrarlo no hay como leer algunas de esas historietas que marcaron una época larga en la España del siglo XX. Antoni Guiral, historiador de historietas como le han llamado, es un estudioso, conocedor, editor, guionista, y todo lo que quepa alrededor de las historietas, también llamadas cómics.

Con la ayuda de Lluís Giralt, ha escrito un libro que puede refrescar las memorias de los más talluditos y divertir a alguna mente inquieta que aún no haya cumplido los doce. Se titula 100 años de TBO y lo publica Ediciones B. Con que cuartopoder.es le ha preguntado unas cuantas cosillas.

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Cubierta del libro
Cubierta del libro.

-- En 1917 sale una revista infantil que no se propone educar sino divertir a los niños, ¿revolucionario, no?

-- Sí, bastante para la época. Por entonces, era más habitual que hubiera periódicos o revistas para niños (aun no para niñas) que, en realidad, intentaban marcar unos preceptos morales y ser más bien pedagógicas. De todas formas, TBO está en el trasvase entre lo que era un periódico infantil de finales del siglo XIX e inicios del XX, y una revista infantil, en el sentido de que ya en 1915 y 1916 habían aparecido publicaciones como Dominguín o Charlot, que eran revistas declaradamente para pasar el rato, y que surgen como una necesidad de explorar la vía del dibujo como vehículo de una historia.

-- Curioso que la idea surgiera de un guionista de revistas sicalípticas

-- En efecto, Joaquín Arques era por entonces colaborador del impresor Arturo Suárez, primer editor de TBO, y escribió algunos guiones para revistas festivas o sicalípticas. Pero básicamente, Arques era periodista y escritor de libretos de zarzuelas. Lo fue en su Murcia natal, y cuando se trasladó a Barcelona tuvo que hacer un poco de todo para sobrevivir, aunque también escribió alguna que otra “humorada cómico-lírica” cuando ya estaba en esta ciudad. La idea, parece, surgió para de alguna manera dar trabajo a la maquinaria de los talleres de Suárez.

"Joaquín Arques, libretista de zarzuelas y revistas sicalípticas, parece que sacó el nombre del tebeo de T.B.O., una obra de 1909"

-- ¿Y el nombre? Hay varias hipótesis, ¿cuál gana?

-- Yo creo que la más plausible y lógica es la de que Joaquín Arques, que como ya he dicho era libretista del género lírico, conociera la obra “T.B.O.”, de 1909, y a partir de ahí propusiera este título. Aunque desde el primer número de la revista se dan otras explicaciones, no creo que en ese momento (1917) y en una revista infantil, dijeran que el título salía de una obra del género lírico. Este importante detalle lo descubrió Rosa Segura, que durante muchos años ejerció de secretaria de redacción en TBO, y como aficionada a la zarzuela que es, mientras buscaba otro dato, encontró este libreto. Un excelente hallazgo.

-- Anecdotario: el libro está trufado de ellos, ¿tiene alguna anécdota favorita?

-- Uf, realmente, hay muchas anécdotas. Es difícil quedarse con algunas, pero citaré tres. La casualidad de que Joaquim Buigas entrase en los talleres gráficos de Arturo Suárez buscando un impresor, y viese un montón de ejemplares devueltos de TBO; fue a partir de ahí cuando se le ocurrió comprar la cabecera y darle un giro importante, ya que Suárez estaba a punto de cerrar la revista. Las otras dos, guardan relación con la censura franquista. Hubo una historieta de Castanys que fue rechazada por los censores, pero Buigas volvió a incluirla en la maqueta de dos números después, y, como suele decirse, coló y fue publicada. En cambio, la que no tuvo tanta suerte fue la historieta Requisito imprescindible, de Blanco, que debía publicarse en el nº 658 (1970) de TBO. La Censura la echó para atrás, ya que quedaba muy evidente que para hacer cualquier cosa (matricular a tu hijo en la escuela, solicitar la instalación del teléfono o alquilar un piso social) debías tener algún tipo de “recomendación” o no era factible.

TBO
Portada del primer TBO.

-- Dramatis personae: Joaquin Buigas, Benejam, Opisso...

-- Palabras mayores para TBO. Joaquim Buigas estuvo dirigiendo la revista entre 1917 y 1963, con mano firme, decidiendo contenidos, haciendo maquetas y escribiendo guiones. Fue un hombre dedicado casi del todo a TBO (también siguió escribiendo algunos libros), y sin su inteligencia y savoir faire la revista no hubiera llegado hasta donde llegó. Benejam dedicó prácticamente toda su vida profesional como historietista a TBO; aportó un grafismo suelto, muy fresco, expresivo, con una gran capacidad para la puesta en escena. Y no olvidemos que la gran serie de TBO, La familia Ulises, es obra de Buigas y de Benejam; ellos fueron quienes le dieron ese aire cotidiano no exento de crítica social y costumbrista, quienes forjaron la popularidad de los Ulises. Opisso es, obviamente, muy importante para TBO. Estuvo casi desde los inicios, y durante toda su vida fue publicando en la revista. Durante muchos años prácticamente todas las historietas de portadas eran suyas, por lo que aportó a la revista parte de su estilo, con ese grafismo realista, detallado y espectacular que le definía. Yo añadiría a estos tres nombres otros tres. Josep Coll fue también el alma de TBO durante muchos años. Sus historietas, muchas de ellas mudas, evidenciaron su calidad como guionista y dibujante, con un grafismo muy personal, intransferible y jamás copiado, y unos personajes (automovilistas, peatones, náufragos, cazadores, indígenas…) atónitos, muy vivos. Y, sin menospreciar a ninguno de los grandes ilustradores e historietistas que pasaron por TBO, yo destacaría también a Muntañola, el creador entre otras series de Josechu el vasco, con su trazo sintético y expresivo, y a Blanco, que aparte de continuar con La familia Ulises aportó durante treinta años muchas páginas a TBO, evidenciando su singularidad como autor.

-- ¿Ni una sola mujer? Ahora parece que tímidamente la cosa va cambiando, ¿no?

-- Sí hubo mujeres en TBO, precisamente en el libro les dedicamos un apartado especial. No fueron, ni de lejos, muchas, pero ahí están Teresa María Pons (escritora durante un tiempo de la sección Visiones de Hollywood), Mª Ángeles Sabatés (autora de la serie Maribel es así), María Urda (responsable de Visiones de Hollywood durante dos años), Rosa Segura (que aparte de secretaria de redacción escribió algún guión de La familia Ulises y la sección “Correo del lector” durante ocho años) e Isabel Bas (autora de una serie bastante popular Ana-Emilia y su familia e ilustradora durante mucho tiempo de la sección de pasatiempos). Entiendo que hubo pocas mujeres porque por entonces había muy pocas autoras dedicadas al humor gráfico, pero por supuesto las cosas están cambiando para bien, y cada vez hay más autoras en este género, y en muchos otros, de la historieta.

-- Las frases “Inventos del TBO” y “Eso está más visto que el TBO” quizás ya no se usen... pero demuestran la popularidad que obtuvo en su tiempo la revistilla

-- En efecto. Es más, años ha, cuando se veía a alguna familia numerosa, se decía que se parecía a la familia Ulises. Esas frases ya no se usan (quizá todavía la de los inventos por parte de algunas personas de más de 60 años), pero evidencian que durante mucho tiempo TBO fue una de las revistas de historietas más populares de España.

-- ¿Dio dinero?

-- Entiendo que sí, sobre todo hasta finales de los años sesenta. Pensemos que en 1935 la tirada era de 225.000 ejemplares semanales, o que en la década de los cincuenta casi alcanzó los 350.000 ejemplares. Eso tenía que revertir en dinero. Luego, a partir de finales de los sesenta e inicios de los setenta, la competencia de otras publicaciones, la televisión y, quizá, el hecho de que aunque lo intentó no llegó a renovarse del todo, TBO fue languideciendo.

TBO
Portada de uno de los últimos TBO (1998).

-- Le salieron competidores fuertes, como Pulgarcito y la televisión, y llevó una vida azarosa y hasta resurgió de sus cenizas, ¿ahora ya sólo queda la nostalgia?

-- Exacto, como decía antes, la televisión tuvo algo que ver en su declive, pero también otras dos cosas, creo. Por un lado, el fuerte empuje de las revistas infantiles de Editorial Bruguera, que en las décadas de los sesenta y los setenta, con varias cabeceras, llegaban a imprimir más de un millón de ejemplares por semana. No olvidemos que, hablando de historieta de humor infantil y juvenil, Bruguera tenía en sus páginas series tan populares como el Mortadelo y Filemón, de Ibáñez, o los Zipi y Zape, de Escobar. Por otro lado, la llegada del cómic para adultos, a partir de 1977, fue también otra fuente de competencia; los que habíamos crecido con TBO y con Bruguera ya teníamos edad de pasar a otras revistas, a otro tipo de cómic, y los más pequeños o no encontraban en esas publicaciones dirigidas a ellos un material demasiado atractivo, o sencillamente devoraban sobre todo la televisión.

TBO en efecto resurgió de sus cenizas en dos ocasiones. En 1986 fue Editorial Bruguera, que había adquirido la cabecera, quien volvió a editarla, aunque esta vez como revista para adultos, y por muy poco tiempo, ya que en junio de 1986 la editorial cerró. Dos años después, sería Ediciones B quien recuperaría la revista, y en esta ocasión con otra filosofía, con una revista más pensada para todas las edades, con historietas más modernas, y con un encarte del “viejo” TBO en el centro de la publicación para los nostálgicos. Este TBO fue víctima de la crisis de las revistas en nuestro país, y desapareció en 1998. ¿Qué queda hoy de TBO? Algunas reediciones y la nostalgia, sí. Aunque en el libro precisamente hablo del tema, y destaco la obra Estraperlo y tranvía, de Alfonso López, que utilizó a los miembros de la familia Ulises para confeccionar una excelente historieta ambientada en la Barcelona de 1952, que respetaba la filosofía de la serie original.

"Da la sensación de que el tiempo del tebeo ha terminado. Hay cómics para niños, algunos excelentes, pero sin mucho éxito"

-- Una cosa tenemos en común al principio de nuestras biografías: de los 7 a los 12, lectores ávidos de tebeos. ¿Eso se acabó en las biografías de las criaturas de esa edad de hoy?

-- No del todo, pero la sensación es que sí, que eso se ha terminado. Siguen existiendo algunas revistas infantiles con historietas, aunque no sean solo de cómics, pero están muy ligadas a programas de televisión o productos muy concretos. También se publican algunos álbumes o libros de cómics para niños, algunos de ellos excelentes, pero no parecen tener mucho éxito. Intuyo, de todas maneras, que tiene que haber lectores de 7 a 12 años que, aparte de lo dicho, lean seguramente al Mortadelo y Filemón de Ibáñez, aunque solo sea porque se lo compran sus padres o abuelos, que fueron y son lectores de la serie. Aparte, también existen algunos excelente mangas japoneses dirigidos a lectores de estas edades. O sea, de forma genérica, creo que a va ser muy difícil que dentro de treinta años alguien empiece su biografía escribiendo que fue lector de tebeos pero, haberlos, por suerte, los hay.

-- Los tebeos de nuestra infancia (2003) y Cuando los cómics se llamaban tebeos (2007) son libros suyos que parecen dirigirse a un público muy concreto. ¿Sabe si han tenido lectores nuevos, los que no leyeron tebeos de primera mano?

-- Sí, parece que sí los han tenido. Son lectores más jóvenes que en algún momento de su vida o leyeron tebeos de Bruguera o los heredaron de sus padres, y se han interesado por ellos. Aunque me imagino que la gran mayoría de lectores de estos libros son aquellos que vivieron esas épocas con mucha intensidad, que compraban esos tebeos, y que ahora han de tener más de 45 años.

-- Aparte de celebrar, ¿se quiere algo más con este libro?

-- Sí, recordar y homenajear. Recordar que TBO forma parte de nuestro legado cultural, que fue una revista importante, leída por millones de personas, que forma por tanto parte de nuestra cultura y de nuestra historia sentimental. Y homenajear a todos aquellos técnicos editoriales, guionistas y dibujantes que colaboraron en TBO; les debemos eso al menos, hay que recordarlos y hacerles un homenaje continuado. Ellos fueron la base de las risas, sueños y alegrías de muchas personas. Esa es la intención tanto de Lluís Giralt, importante colaborador en este libro, como mía.

--Es usted un divulgador premiado de los tebeos y cómics, ¿De qué le surge esa necesidad? ¿Qué dan los tebeos?

-- Ah, buena pregunta. Fui un ávido lector de tebeos como todos los que pertenecen a mi generación, con el aliciente añadido en mi caso de que mi padre también lo era y lo fue siempre, y se los compraba. O sea, creo que ese amor por los tebeos se lo debo a mi padre. Luego, de adolescente, quise ser autor de tebeos, hice mis historietas y, además, me interesaba mucho quién hacía los tebeos (tanto técnicos como autores) y su historia. Con el tiempo, ese amor por los tebeos se convirtió en profesión, por la necesidad de compartir esa pasión, de divulgarla de manera que todo el mundo pudiera entenderla y compartirla. Los tebeos me aportan cultura, mundos por descubrir, sensaciones, emociones, información, han sido y son una parte de mi educación sentimental y cultural. Lo que más me gusta es verlos, leerlos, estudiarlos y explicar cosas sobre ellos.