DAVID TORRES | Publicado: - Actualizado: 12/5/2017 13:12

Operación Lezo. Agentes de la Guardia Civil custodiaban esta mañana la entrada a la sede del Canal de Isabel II
Agentes de la Guardia Civil custodiaban esta mañana la entrada a la sede del Canal de Isabel II. / Emilio Naranjo (Efe)

Cuando algún día algún historiador del futuro escriba la crónica de la Comunidad de Madrid en los tiempos de Esperanza Aguirre va a tener serios problemas para que no lo tomen por un novelista lerdo, un friki de la ciencia-ficción, un enfermo mental o directamente un gilipollas. Los lectores se preguntarán: “¿Pero qué cojones es esto? ¿Qué especímenes gobernaban, ponían orden y administraban el dinero público en esa época?” Les parecerá extraño que el sistema democrático (el peor posible, en aventurada expresión de Winston Chuchill, con excepción de todos los demás) haya parido los mismos monstruos de codicia, desvergüenza y depravación moral que los grandes crápulas del Imperio Romano. Las únicas diferencias entre el idiota del emperador Claudio y los actuales idiotas es que ahora los elegimos en las urnas y que los idiotas somos nosotros.

La noticia de la detención de Ignacio González y de su hermano Pablo González ha empapado de golpe los periódicos con un aroma a tinta de los años treinta. Los más ingenuos se trasladaron en un solo titular al Chicago de Al Capone y al Nueva York de los Gambino, aunque en realidad Madrid no se había movido del sitio. Veinte años del PP en la alcaldía y la comunidad habían marcado a hierro a la capital como a una vaca lista para el despiece. Entre unos y otros no habían dejado ni el rabo. El consegliere de Esperanza Aguirre estaba metido en tantos chanchullos y desde hacía tantos años que es difícil acertar qué motivos habrá visto el juez para ordenar el arresto. ¿El ático de Marbella adquirido a través de una sociedad pantalla en Delaware y que se había comprado a sí mismo? ¿La conversación grabada en una cafetería de Madrid con el siniestro comisario Villarejo? ¿La sospecha de espionaje a diversos miembros del gobierno regional que denunció Manuel Cobo? El juez tenía para elegir pero al final se decidió por su gestión -por llamarla de algún modo- al frente del Canal de Isabel II, un lodazal de mierda tan espesa que cuesta creer que en Madrid siga saliendo agua de los grifos.

Allí había de todo, irregularidades financieras, abusos, amenazas, cheques paranormales, tentáculos extendidos hasta una veintena de empresas en Sudamérica, conversaciones sobre un banco suizo, traspaso de fondos a Panamá. La noticia no es que González haya sido detenido; la noticia no es que la Guardia Civil haya irrumpido en la sede de Mercasa para registrar la entidad y esposar a su hermano; la noticia tampoco es que los cajones y archivadores de Subastas Segre, empresa presidida por la mujer de González, Lourdes Clavero, también estén siendo vaciados de arriba abajo. La noticia es que haya sucedido precisamente hoy, cuando hacía tanto tiempo del olor a cloaca, justo unos días después de que Cristina Cifuentes concediera una entrevista a toda página en la que declaraba que muchos la tomaban por tonta porque llevaba años haciéndose la rubia.

La Operación Lezo (bautizada así en honor de Blas de Lezo, uno de los grandes héroes anónimos de nuestra historia, que reventó a la Royal Navy en Cartagena de Indias, el mismo lugar donde la UCO empezó a atar cabos sueltos) ha salpicado también al presidente de La Razón y uno de los peces gordos de Planeta, Mauricio Casals, y al director del mismo diario, Francisco Marhuenda, un habitual de las tertulias televisivas y defensor a muerte de las políticas del PP. Al parecer, ambos están acusados de coaccionar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, para que no denunciara las anomalías detectadas en la gestión del Canal de Isabel II mediante una campaña de difamación que incluiría a La Razón, a Antena 3, a La Sexta y a Onda Cero. Siempre sospechamos que a Marhuenda el papel de periodista se le quedaba corto. También sabíamos que estábamos viviendo en medio de una película de cine negro: de lo que no teníamos ni idea es que había una rubia haciéndose la tonta y ejerciendo de mujer fatal.

En cuanto a la otra rubia, la que se hace la lista, tampoco nos ha sorprendido mucho, la verdad. Aguirre cada vez se parece más a Blas de Lezo, que perdió una pierna -la izquierda- y un ojo -el izquierdo también- tras sendas batallas contra el inglés, igual que ella ha perdido a Granados, a González y a buena parte de su plana mayor. Pero ambos salen airosos de cualquier refriega, Lezo porque era la hostia y Aguirre porque es la rehostia. Aparte de rubia natural.

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    En Francia cortaron cabezas por mucho menos (literalmente).
    Esto és inaguantable !

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