LIBROS / Nuestro crítico literario selecciona cinco novelas recomendadas para leer estas vacaciones

Cinco novelas para el verano que tratan del verano

JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado:

novelas para el verano
Cinco recomendaciones sobre qué leer este verano. / Pixabay

No son todos novelas, hay incluso un libro de memorias de carácter genialoide, eso sí, con apariencia de novela, pero todos estos libros poseen una característica que los une: se desarrollan en verano o, por lo menos, tienen que ver, caso de Coetzee, con el verano de la vida. Son libros calientes, pasionales, distintos en tono y calidad, pero no hemos buscado en esta selección somera la urgencia de la novedad, antes bien todo lo contrario, un reposo alejado del aturdimiento obligado de la industria editorial. De ahí que junto a un Capote poco conocido aparezca un temprano libro de Ana María Matute y que junto a las memorias de un excelente escritor sudafricano coloquemos la afamada novela de Ferlosio, todo ello coronado por aquella nouvelle tan perturbadora de Thomas Mann y que Visconti llevó al cine.

Como verán la selección tiene sus ventajas, entre ellas no plantearse recomendar ese producto de nuestros días llamado Patria, de Fernando Aramburu.

Portada de ‘Crucero de verano’, la novela de Truman Capote. / Anagrama

Truman Capote. ‘Crucero de verano’

En 1966, Truman Capote se mudó de su casa de Brooklyn y se dejó allí una caja que contenía algunos manuscritos y fotos que el portero de la finca, previsor, encontró en el cubo de la basura y rescató del olvido. En 2004, la casa Sotheby´s subastó la caja y allí se encontró el original de este Crucero de Verano en que Capote había estado trabajando diez años y que abandonó, cosa habitual en él.

Grady McNeil es un típico personaje femenino de Capote. Grady tiene 17 años y convence a sus padres para que hagan un crucero mientras ella se queda sola en su enorme piso de Central Park. ¿El motivo? Grady está perdidamente enamorada de Clyde Manzer, que trabaja en el aparcamiento donde ella deja el coche. Judío, veterano de la guerra, Manzer representa un oscuro ideal para Grady. A medida que avanza el verano las nubes otoñales se acercan y también la densa atmósfera de este amorío. El verano como metáfora del amor.

El Capote de Desayuno en Tiffany´s, pero en tono menor. Quizá por ello abandonara la redacción. Aun así, excelente.

Ana María Matute. ‘Primera memoria’

Primera entrega de la trilogía Los mercaderes, Premio Nadal de 1959, Primera memoria es uno de los grandes títulos de Ana María Matute, como buena parte de los primeros libros que escribió. En el verano del 36, Matia, Borja y Manuel pasan el estío en una isla donde las lecciones de latín, los cigarrillos fumados a escondidas, no ocultan la negra presencia de una guerra que acaba de estallar. Manuel pertenece a una familia de marginados y Matia se siente, por eso, atraída por él. Sutil hasta la sugerencia apenas notada, de una enorme melancolía, esta novela es una mirada extremada y prolija, inteligente y minuciosa, de lo que puede llegar a constituir la memoria. Como retrato de una época y de la adolescencia es, sencillamente, adorable.

Rafael Sánchez Ferlosio. ‘El Jarama’

Los veranos de la España profunda. Premio Nadal en el año 55, esta novela de Sánchez Ferlosio se convirtió de la noche a la mañana en referente de la corriente llamada del “realismo social” y, desde entonces, se ha convertido en libro esencial de la literatura española del medio siglo anterior. Narra las peripecias de once jóvenes en Puente Viveros, en el río Jarama, para escapar de la canícula madrileña. Ferlosio contrapone aquí el mundo de la clase trabajadora con la de los campesinos y, de paso, gracias a la introducción final de un suceso trágico, da alas al pensamiento de la fugacidad de la vida humana frente a la inmutabilidad de la naturaleza. Novela de corte profundamente objetivista, llega al documento pero sin la carga lírica y el talento y la revolución estilística que Capote alcanza en A sangre fría. Ferlosio abomina de la novela, pero sigue siendo la gran narración del veraneo al interior de los madrileños, sea río o pantano.

Thomas Mann. ‘La muerte en Venecia’

Publicada en 1912, esta nouvelle es una de las grandes narraciones de la novela corta del siglo XX. Gracias a la película de Visconti, todo el mundo reconoce ya la pasión entre el maduro Gustav von Aschenbach y el joven Tadzio, cuya belleza lleva al escritor a la destrucción por el amor. Sin embargo, la novela posee un grado de complejidad simbólica muy notable, así, el decadentismo de Venecia en correspondencia con la transformación de Aschenbach, y la peste que se lleva todo por delante, el culto de la belleza, no la belleza misma, la esperanza, el amor … Novela esencial en la obra de Mann, La muerte en Venecia es una de las narraciones expresionistas que mejor han sabido describir la decadencia de una cultura y una sociedad. Luego, la Gran Guerra… y ello se adivina.

J.M. Coetzee. ‘Verano’

Estamos ante una de las autobiografias más sutiles y curiosas de la literatura del siglo pasado, pródiga en excelentes libros de memorias. Vincent es un joven biógrafo que quiere escribir la definitiva biografía de J.M. Coetzee. Para ello se entrevista con cinco personajes vinculados con el escritor: un amor de infancia, una amante, una familiar y dos amigos de los tiempos universitarios. El resultado es abrumador: se trata de la autobiografía más mentirosa y, a la vez, más honesta que nos sea dado leer pues posee muchos puntos de vista, distintos relatos y, por ello mismo, el autor nos enfrenta con la falsificación inevitable de nuestra propia vida. Libro de una enorme inteligencia, es la narración del verano de nuestra vida, de cualquier vida, incluso la de Coetzee.

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    Muy bueno, Juristo, por lo del vendepatrias ese tan aplaudido. En cuanto a leer El Jarama, en estos días… yo creo que ni Sánchez Ferlosio se atrevería. jajajaj, dicho sea con todo respeto.

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