ENTREVISTA al prestigioso historiador de la cultura tras la publicación de su último libro 'Españoles en París 1940-1944'

F. Castillo: "Hoy el nacionalismo justifica toda transgresión de las normas de convivencia"

JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado: - Actualizado: 11:29

Fernando Castilla, de pie en el centro de la imagen, autor de 'Españoles en París'.
Fernando Castillo, autor de ‘Españoles en París’, de pie en el centro de la imagen, posa tras la presentación de uno de los anteriores libros de la trilogía con Juan Manuel Bonet, actual director del Instituto Cervantes, con camisa a rayas; Carlos García Alix, sentado y con barba, y Javier Jiménez, de Fórcola Ediciones. / Fórcola Ediciones

Fernando Castillo es uno de nuestros historiadores de la cultura más prestigiosos con que contamos hoy día. Después de crear ya una amplia obra con títulos tan significativos e importantes como El siglo de Tintín, Tintín-Hergé: una vida del siglo XX, Los años de Madridgrado, acaba de publicar Españoles en París 1940-1944 (Fórcola Ediciones), que trata de la suerte de más de cuarenta intelectuales españoles en la capital francesa ocupada por los nazis, como Victoria Kent, Max Aub o Consuelo Bergés. Culmina, así, una trilogía que comenzó con Noche y niebla en el París ocupado y que continuó con París-Modiano.

Realizamos esta entrevista a Fernando Castillo, donde el historiador ofrece algunas claves que esclarecen su método de trabajo, amén de centrarse en la problemática de este su último libro, adelantarnos alguno futuro y opinar sobre nuestra realidad más próxima y confusa. Ni que decir tiene, la entrevista fue gozosa… como sus libros.

Españoles en París 1940-1944, es la última parte de una trilogía iniciada en 2012 con Noche y niebla en el París ocupado y París-Modiano. Mi pregunta se dirige a las afinidades con el escritor francés, sin ir más lejos la trilogía constituida sobre todo por Los bulevares periféricos. ¿Qué le movió a investigar amplios periodos teniendo como referencia la capital francesa?

«Hasta mayo del 68, es indiscutible que París es una de los escenarios del siglo XX, con el que la cultura y la historia de España tiene una vinculación tan cercana como intensa»

— Para alguien interesado por la historia y la vida cultural europea en ese periodo que va de 1914 a 1945, sino más allá, que ya se conoce como “Guerra Civil europea” , París es sin duda un lugar central, protagonista de muchos de los acontecimientos que culminan con ese extraño periodo, ese “pasado que no pasa” al que se refería Henri Rousso, que es la Ocupación. Hasta mayo del 68, es indiscutible que París es una de los escenarios del siglo XX, un lugar con capacidad de atracción en todo el mundo, con el que la cultura y la historia de España tiene una vinculación tan cercana como intensa.

En su primer libro, que trata de traiciones, junto a César González Ruano o Pedro Urraca, coloca usted a Albert Modiano. ¿Podría incidir en esas afinidades paralelas?

— Es un grupo muy literario pues, si CGR pone la literatura y su actividad oscura y Patrick Modiano convierte a su padre en personaje de varias de sus obras, la vida de Pedro Urraca tiene una novela. Los tres reunidos de una u otra forma durante la Ocupación y con el hilo conductor de André Gabison, un extraño individuo, a la vez judío y collabo, que vivió y murió en Madrid, eran el eje adecuado para acercarse a esos años negros y a la actividad más oscura que tuvo lugar como es la del mercado negro y el espionaje.

Usted rastrea en Escritores españoles en París cómo la ocupación afectó la vida de más de cuarenta escritores que vivían en la ciudad. ¿Qué caso fue el que más le conmovió?

«Quienes peor lo pasaron fueron Victoria Kent, cuatro años encerrada en un piso, Consuelo Bergés, que acabó deportada, o Max Aub, detenido con estancia en un campo de internamiento en Argel»

— La mayor parte de esa constelación de escritores estaba formado por exiliados republicanos, por unos sin papeles huidos de España que iban a formar parte de la llamada “España Peregrina”. Todos ellos en mayor o menor medida vivían en condiciones materiales difíciles, en algunos casos incluso muy difíciles y corriendo riesgos como María Lejárraga, Emilio Gómez Nadal, José María Quiroga Pla o Consuelo Bergés. Sin embargo, quienes peor lo pasaron fueron Victoria Kent, quien paso cuatro años encerrada en un piso, Consuelo Bergés, que acabó deportada, o el propio Max Aub, quien fue detenido con estancia en un campo de internamiento en Argel. Otro caso es el de Jorge Semprún, detenido por su participación en el maquis del Tabou y enviado al campo de concentración de Buchenwald.

Nunca agradeceremos los lectores de historia esa mezcla apasionante de ciencia y relato en que ahora convierten sus libros ¿Podría hablarnos de su método?

— Creo que hoy día la combinación de géneros es un hecho. No solo la novela se ha vuelto hacia el ensayo, sino también creo que es esencial el recorrido inverso: novelizar el ensayo sin perder ni rigor ni las claves, ni el método del género, en este caso del ensayo histórico pero si incluyendo la marichaliana vocación de estilo.

A mí lo que más me interesa es la historia de la cultura y así me ha clasificado algún crítico. Es un apartado en el que me encuentro cómodo pues en esta disciplina, amplia donde las haya, coinciden todos las referencias y posibilidades de acercarse a una realidad, desde los acontecimientos políticos a la literatura y las artes, pasando por el cine y la música que tan reveladoras resultan, la historia militar o las mentalidades, por referirme a algunos aspectos. Luego, todo consiste en escribir, contar lo que se quiere decir evitando el slang y las innecesarias y casi siempre afectadas, concesiones al academicismo.

'Españoles en París 1940-1944', que acaba de ser publicado por Fórcola Ediciones, completa la trilogía comenzada en 2012 con 'Noche y niebla en el París Ocupado', y que prosiguió en 2015 con París-Modiano
‘Españoles en París 1940-1944’, que acaba de ser publicado por Fórcola Ediciones, completa la trilogía comenzada en 2012 con ‘Noche y niebla en el París Ocupado’, y que prosiguió en 2015 con ‘París-Modiano’. / cuartopoder.es

Cambiemos de escenario. Usted publicó el año pasado Los años de Madridgrado, sobre la ciudad durante los años de la guerra… casi, casi, la misma situación que París ¿Esa atracción por la ocupación de una ciudad sería la atracción por saber de situaciones límite?

— Sí, sin duda. Ademas, las ciudades que atraviesan situaciones extremas son escenarios idóneos para la aparición de comportamientos y actividades extremas, propias de épocas extraordinarias. El Madrid de la Guerra Civil, como a su manera también Barcelona o Valencia, como el Berlín de 1920 a 1950, la Roma o el Milán de 1945, la Viena del Tercer Hombre, el Moscú o el Kiev de la revolución, el Saigón de los años sesenta, el Shanghai de 1920 a 1970 y, claro, París durante la Ocupación, son lugares en los que la guerra, un acontecimiento capaz de desatar lo mejor y, sobre todo, lo peor del ser humano y de la vida en sociedad, tienen un impacto transformador y tremendo, capaz de alargarse durante decenios.

Precisamente, es en estas situaciones límite cuando aparecen los comportamientos más extremos. Unos momentos en los que, junto a la épica y los valores heroicos, como la solidaridad y la generosidad, parece triunfar el mal, lo oscuro, convertido en un abismo que a veces atrae irremediablemente a quien se acercaba. Son momentos en los que parece que se rompen todos los límites en los que la moral y los principios se vuelven más que elásticos, maleables. No es de extrañar que estos ambientes tan literarios como malignos, resulten interesantes al desarrollarse en un escenario esencial del siglo XX como es la ciudad, eterno protagonista de todos los acontecimientos y casi toda la cultura de la modernidad..

Usted ha estudiado en varios libros a Madrid como metáfora de la ciudad aborrecida por tirios y troyanos ¿Podría abundar en los orígenes de la animadversión?

«Madrid, como capital de España y como urbe más importante del país, en contra de lo que muchos pueden pensar acerca de la originalidad hispánica, no recibe una consideración diferente de París»

— Madrid, como capital de España y como urbe más importante del país, en contra de lo que muchos pueden pensar acerca de la originalidad hispánica, no recibe una consideración diferente de París. La animadversión hacia la ciudad que tiene un origen clásico, basta recordar a Cicerón, a Horacio, a Fray Luis de León o a Luis Vélez de Guevara, experimenta durante el siglo XIX y al compás de las transformaciones que impulsa la industrialización un impulso enorme. El rechazo hacia las nuevas ciudades no es más que un rechazo de las innovaciones sociales, urbanísticas y formales que aporta la modernidad. Aunque hay entregados a la utopía de la técnica, una parte de la sociedad casi siempre la más conservadora, rechaza la masificación, los nuevos comportamientos morales, la destrucción de empleos tradicionales, las nuevas y duras condiciones de trabajo que imponía el capitalismo, el paro, el hacinamiento, el crecimiento sin control de las urbes y, sobre todo, la conversión de la ciudad en el escenario de la lucha política y social. Si a eso se le añade que Madrid representaba la cabeza de una estructura centralista y caciquil, como ocurrió durante la Restauración, tenemos todos los ingredientes para explicar la aparición en noviembre 1936 tanto en la literatura y el pensamiento, de esa idea que resume perfectamente el término de “Madrigrado”, la novela de Francisco Camba, y que durante la guerra llegará a su máxima expresión. Era la culminación del rechazo de Madrid, de la idea de “Capital aborrecida” que se desarrolla a lo largo del siglo XIX.

Madrid como trasunto del París revolucionario tras la toma de la Bastilla, la verdad es que funcionó ese reclamo para la leyenda de la necesidad de una intervención “nacional”, española… hasta el punto de que libros como el suyo, amén de referentes, se muestran develadores de mentiras que duran decenios… No es mala función la suya.

Sus intereses son de gran abanico, desde Hergé a González Ruano o Modiano, pero hay un hilo conductor que une a una obra, la suya, ya de envergadura. ¿Hacia donde dirige ahora sus pasos?

— Estoy acabando un libro que es de nuevo una quest colectiva como forma de aproximación a un contexto histórico de la mirada de unos personajes que a su manera la protagonizan y la sufren. Unos tipos poco convencionales y se diría que de segunda fila, pero que en algunos casos tienen en algún momento una presencia esencial en los acontecimientos y que permiten un acercamiento diferente a la Guerra Civil. Y, sí, de nuevo el escenario del relato es la ciudad, un lugar que tiene consideración de protagonista. En cierto sentido se podría decir que es una combinación de Los años de Madridgrado y de Noche y Niebla en el París ocupado, aunque más complejo y siempre desde la perspectiva de la historia cultural. Veremos qué sale, aunque pienso que cierro un ciclo pues no creo que vuelva a dedicarle ningún libro más al Madrid de la Guerra Civil.

No me resisto, para acabar, que nos haga una pincelada de nuestro ruedo ibérico actual

«La sociedad acepta con criterios más que sectarios la corrupción pues la tolera o la ignora cuando afecta al partido que considera afín»

— Pues eso, en algunos aspectos algo valleinclanesco, sí, como deformado por los espejos del callejón del Gato, pero también en un momento de transformaciones de un sistema político y de una sociedad que parece necesitada de retoques y que reclama cambios. Hay también actitudes de escaso o nulo calado político –la calidad de los líderes del panorama político es digna de atención por sus carencias– que están determinadas por una corrupción que la sociedad acepta con criterios más que sectarios, pues la tolera o la ignora cuando afecta al partido que considera afín.

También me resulta destacable y especialmente irritante la tendencia a la manipulación de la historia, a la negación de los hechos y su conversión en otros diferentes y a su empleo con intenciones nacionalistas, revisionistas o populistas que se lleva produciendo desde hace tiempo y en todos los sentidos. Los hechos en general están y no son opinables. Sí lo son las causas que los desencadenan, su desarrollo, sus protagonistas, sus consecuencias. La transformación o la negación del pasado de acuerdo con ciertos intereses siempre está en el origen de actitudes autoritarias cuando no algo más nocivas, como demuestra Omer Bartov en Borrados, además de apoyarse en el desconocimiento y el desprecio por la cultura. Hoy día parece que la ideología y el nacionalismo justifican cualquier transgresión de las normas de convivencia, sea la corrupción –es tremendo el caso del futbolista jaleado tras ser acusado de defraudador a Hacienda–, o actitudes como la reciente de esos músicos acusados de plagio que se defienden ante los acusadores señalándoles como niños bien, como si esto les eximiera de la culpa de apropiarse de las ideas y del trabajo ajeno. Como si la sinvergonzonería fuera patrimonio exclusivo de un solo grupo social o de una procedencia.

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  • florentino del Amo Antolin

    Me llama la atención lo de la España peregrina; una reflexión idéntica. Desde cuando al Exilio puro y duro.. Es peregrinar!. Podía aclarar un poquito lo de : ¿ Ruedo Ibérico?, queda difuso al generalizar y no atreverse ha saltar ese ruedo de : Nacionalistas, revisionistas, populistas… ¿Qué Nacionalismo ?. ¿ Vasco. Canario. Catalan. Gallego?. Nos enseñaron en la escuela; que el buen Nacionalismo, ( el fetén y único ) era el Español…¡ Mira que se inventan cosas!. Los populistas, según dice la tele, y los reaccionarios, son los de Podemos… ¡ Por qué querrán revisar todo, si esto funciona bien !. Oye, hablar de Madrid, retrotayendose hasta Cicerón… ¿ Como sería ?. ¡ Un prado, seguro !. Pasa de puntillas por la corrupción; eso duele!. Hay que mancharse!.

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