IVÁN REGUERA | Publicado:

Cartel de la película 'Una cita en el parque' que hoy se estrena en las salas españolas.
Cartel de la película ‘Una cita en el parque’ que hoy se estrena en las salas españolas.

Hace poco, en la entrega del premio a toda una carrera del AFI (American Film Institute), Woody Allen, que odia las entregas de premios, apareció por sorpresa para homenajear a su amiga Diane Keaton. Sobre ella dijo que quedó fascinado con la actriz cuando la conoció porque venía de una familia de derechas de Orange County, “donde si ayudas a un ciego a cruzar la calle te acusan de socialista”.

Keaton es una de las actrices más brillantes que ha dado el cine norteamericano y la suya es una de las carreras más desastrosas y tiradas a la basura que se conocen. La actriz, de 71 años, debutó (a los 24) en Amantes y otros extraños y conoció pronto el estrellato, nada menos que con El padrino, en la que interpretó a la sufrida Kay Adams. Volvió a repetir personaje en las dos siguientes entregas de la inmensa saga coppoliana.

Después conoció a Woody Allen y surgió una de las parejas más legendarias de la historia del cine. Empezaron en la tronchante Sueños de un seductor y siguieron en El dormilón, en la que interpretaba a una insufrible pija secuestrada por un Allen descongelado tras una criogenización, y La última noche de Boris Grushenko, una divertida sátira sobre la literatura rusa plagada de diálogos memorables.

Pero la gran Keaton (la más redonda, la inolvidable) llegó con Annie Hall, que este año cumple 40 años. En esa comedia que rompió todos los moldes del género, Woody Allen creó un personaje femenino (que daba título a la película) inolvidable. Con ella repitió en la irregular pero interesante Interiores (Allen intentado ser Bergman) y en la fabulosa Manhattan, en la que Keaton interpretaba a Mary, la típica neurótica e intelectual de la Gran Manzana. También hizo un papelito en Días de radio y volvieron a coincidir en la entretenida Misterioso asesinato en Manhattan.

Pero no todo fue Allen en sus inicios. Keaton tuvo el arrojo de protagonizar el modernísimo drama de Richard Brooks Buscando al Señor Goodbar (con dos jóvenes Richard Gere y Tom Berenger) y brilló en la estupenda Rojos, de Warren Beatty, con el que mantuvo un sonado romance.

Tras olvidables películas como La chica del tambor (de George Roy Hill, el director de El golpe) y Crímenes del corazón, Keaton se apuntó a la comedia estúpida y de ahí la mujer no se baja salvo raras excepciones: Baby, tú vales mucho, El padre de la novia (como madre), Vuelve el padre de la novia (como abuela), El club de las primeras esposas, Colgadas, Cuando menos te lo esperas, La joya de la familia, Mama´s Boy, Tres mujeres y un plan, La madre de él, ¡Por fin solos!, La gran boda, Así nos va, Navidades, ¿bien o en familia?… Una carrera tirada por la borda. Me temo que había poco que celebrar en el homenaje del AFI.

Diane Keaton se ha instalado hace más de treinta años (se dice pronto) en el cine geriátrico, en la comedia familiar acartonada y reaccionaria, en el cine de portada blanca. A diferencia de la gran Meryl Streep, que ha sabido jugársela y seguir con una carrera impecable a pesa de sus resbalones, Keaton entra en el club de mujeres de gran talento que triunfaron en los setenta y arruinaron sus carreras posteriormente, como Jane Fonda o Sally Field.

Perdonen, ya me centro, pero es que yo con lo de la Keton me enciendo. Una cita en el parque (menudo título casposo para una película que se titula Hampstead ), nace hace diez años, cuando al guionista Robert Festinger (En la habitación) le encargaron escribir un guión sobre un tal Hallowes, un vagabundo que sobrevivía en el parque londinense de Hampstead. La película transcurre en este parque, cerca del que vive una viuda estadounidense (Keaton), acosada por las deudas tras la muerte de su marido. Un día, mientras rebusca entre las pertenencias de su esposo, descubre a un hombre que vive en una cabaña dentro del parque y llama a la policía cuando es testigo del ataque que sufre este extraño personaje. Al día siguiente, decide ir en su búsqueda.

¿El resultado? Una versión geriátrica de La bella y la bestia que trata la crisis de la vivienda y el amor adulto. Bueno, más que adulto el amor yayo. Dirige, con corrección y sin talento alguno, Joel Hopkins, realizador de otra película viejuna como Nunca es tarde para enamorarse, con Dustin Hoffman y Emma Thompson.

Lo peor: casi todo.

Lo mejor: Diane Keaton.

El plan B:

Paco Plaza vuelve al género que le gusta (el terror) y lo hace con Verónica, basada en hechos reales, en una supuesta posesión sucedida en el barrio de Vallecas en noviembre de 1991. En el guión tenemos a Fernando Navarro (Anacleto y Toro y también guionistas de lo último de Jaume Balagueró, Muse). El hombre se ha tomado sus licencias y a algunos les han entusiasmado y a otros no tanto. Sea como fuere, es uno de los títulos españoles del año y otra muestra de que se puede y se debe seguir haciendo cine de género en este país.


Tráiler oficial de la película ‘Una cita en el parque’. / Diamond Films España (YouTube)

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