MEMORIA HISTÓRICA / Los secretos del Fondo Documental Web de la cárcel de Ventas

El rincón de internet donde aún suenan las voces de las mujeres de la cárcel de Ventas

SARA MONTERO | Publicado: - Actualizado: 22:21

Carcel de mujeres de Ventas.
Procesión del Corpus en la cárcel de Ventas, donde se obligaba a participar a las presas. Estas imágenes a veces servían de propaganda para el régimen. / Fondo Santos Yubero (Web: carceldeventas.madrid.es )

Cárcel de Ventas,
hotel maravilloso.
Lleno de lujo e higiene.
A todo confort.
Donde no hay
ni camas ni comida.
En los infiernos
Se está mucho mejor.
(Canción escrita por las presas de la cárcel de Ventas)

Acabada la Guerra Civil, María del Carmen Cuesta dormía junto a Victoria Muñoz en la cárcel de Ventas. Ambas eran miembros de la Juventud Socialista Unificada. “Victorita”, como ella la llamaba, era una de las jóvenes que formaban el grupo de las 13 ‘rosas’, a las que el régimen franquista fusiló el 5 de agosto de 1939 en el Cementerio del Este de Madrid junto a otros 43 hombres, los 43 ‘claveles’. Cuesta murió en 2010, pero el recuerdo de esa noche permanece nítido: «Ella se metió el vestido enseguida, rápidamente, se agarró a mi cuello y me dijo “Mari, que me matan”». Siete años después del fallecimiento de Cuesta, su voz entrecortada continúa viva y puede escucharse en el Fondo Documental Web de la cárcel de Ventas, donde se recopila documentación, fotos y entrevistas de algunas de las reclusas que pasaron por este penal.

Esta prisión, que se encontraba en el actual distrito de Salamanca, nació en 1931 como uno de los proyectos de modernización de Victoria Kent, primera directora general de Prisiones. Las reclusas solían derivarse hasta el momento a “galeras” gestionadas por órdenes religiosas. A estos recintos iban a parar también mujeres acusadas de “delitos cometidos contra los preceptos morales”, como las prostitutas, llamadas  “quincenarias”, porque eran encarceladas por periodos de quince días a cambio de una multa.

Cárcel de mujeres de Ventas.
Plano del penal de Ventas. /Archivo (Web: carceldeventas.madrid.es )

Kent intentó adaptar el sistema penitenciario también a las necesidades de las reclusas. El mandato de la política al arquitecto Manuel Sainz de Vicuña fue claro, hacer “una casa como la que quisiera uno para vivir. Luz por todas partes”. Se inauguró en 1933, pero se truncó pronto esa primera intención de construir una cárcel “modelo” para mujeres. Con la irrupción de la Guerra Civil, en 1936 se vació de mujeres para meter a hombres. Después, con la victoria del bando franquista en 1939, se convertiría en todo lo contrario a lo que planeó Kent: un “almacén de reclusas”. “Llegó a tener unas 5.000 presas, a pesar de que estaba pensada para unas 400”, explica Fernando Hernández,  profesor de la Universidad Complutense de Madrid y responsable de contenidos del proyecto.

En los primeros años de posguerra, se llenó de presas políticas. Las condiciones eran insalubres y la cárcel estaba saturada. “La primera noche que dormí allí éramos siete”, recuerda en una entrevista Trinidad Gallego, que fue detenida junto con su madre y su abuela, que contaba 87 años. “No era raro que detuvieran a varios miembros de una familia a la vez. No era una ventaja, sino una mayor angustia. Se preguntaban si una mujer octogenaria iba a aguantar esas condiciones”, matiza el experto. En el libro ‘Testimonios de Mujeres en las cárceles franquistas’, Tomasa Cuevas recopila las experiencias de las presas franquistas, incluidas las de la cárcel de Ventas: “Como había tanta sarna, tantos piojos y chinches en Ventas le dije a mi madre que me pasara Zotal y Barachol”, cuenta Petra Cuevas en el capítulo ‘La sindicalista’.

Cárcel de mujeres de Ventas
Distribución de ropas y juguetes entre los hijos de las reclusas de la Cárcel de Mujeres de Ventas, con motivo de la festividad de los Reyes Magos. EFE/Hermes Pato

Cuando detenían a un matrimonio y el hijo era menor de tres años, se lo quedaba la madre. En un entorno de hacinamiento, con una mala alimentación y con una higiene deplorable, los niños eran la máxima preocupación de sus progenitoras. “Hubo una epidemia de disentería en la cárcel. Morían todos los días. Yo he visto tres ataúdes blancos y juntos. Eso lo pasaba la madre. Estaba meses y meses viendo morir a su hijo. Luego a los padres les decían que se habían muerto”, explica Ángeles Ortega, en un audio colgado en el portal, sobre cómo los bebés fallecían en sus brazos mientras ellas no podían hacer nada. “Incluso, a los niños cuyos padres habían sido fusilados se les educaba en la desmemoria y en la estigmatización”, explica Hernández.

Muchas de estas mujeres tenían cualificación y experiencia, como María Lacrampe, enfermera y puericultora, que se puso al frente de una “enfermería de niños” constituida en una de las salas de la prisión.

Ventas, “la escuela de presas” 

Mucho antes de que la palabra sororidad se pusiera de moda, estas mujeres dieron un ejemplo de cooperación. Fueron capaces de tejer una memoria que trascendería más allá del franquismo. Las jóvenes aprendían de las veteranas y se ayudaban a sobrevivir. Se habían formado en la República, habían estado marcadas por acontecimientos como la Revolución de Asturias de 1934 y, tras la guerra, se preocuparon de reconstruir las estructuras comunistas, libertarias o socialistas. La ‘oficina de penadas’, que surgió a iniciativa de Matilde Landa, fue un hito. Ayudaba a las presas analfabetas o que tenían dudas a tramitar “indultos y peticiones de aval”. La dirigente comunista a la que el escritor Miguel Hernández dedicaría el poema ‘A Matilde’ se suicidó en la cárcel de Mallorca. Las autoridades le prometieron que darían más comida a los malnutridos hijos de las presas si accedía a bautizarse. En 1942 se lanzó desde una ventana.

Cárcel de Ventas en Madrid
Ejemplar de Mundo Obrero realizado en Ventas en 1941. /

Otro de los búnkeres de la memoria que construyeron estas mujeres desde sus celdas fue el relato del asesinato de ‘las 13 rosas’, perpetrado en agosto del 39. “El fusilamiento de estas 13 jóvenes se convirtió en un relato identitario, de resistencia, se lo iban contando unas a otras según entraban las nuevas”, asegura Hernández. A costa de tejer palabras, recuerdos y detalles, estas presas consiguieron el propósito que la joven fusilada Julia Conesa expresó en su última carta: “Que mi nombre no se borre de la historia”. El investigador califica Ventas como una “escuela de presas” gracias a su nivel de organización para seguir formándose, boicoteando algunos talleres o distribuyendo información tanto en el interior como en el exterior.

A pesar de las enfermedades y la miseria con la que convivían las presas defendieron, parafraseando al poeta Mario Benedetti, como una auténtica trinchera. Organizaban talleres y clases, cantaban y declamaban poesías. María del Carmen Cuesta recuerda cómo durante la fiesta de la Merced recitó delante de la directora Carmen Castro y del inspector director de prisiones, Amancio Tomé, unos versos del poeta mexicano Juan de Dios Peza nada inocentes: “Ese nido es un hogar, / no lo rompas, no lo hieras / sé bueno y deja a las fieras, / el vil placer de matar”, terminaba.

Venta y desaparición en los 70

En los años 50 fue bajando el número de presas políticas y las comunes se convirtieron en mayoría. Aquellas que habían sido encarceladas por robar, prostituirse o practicar abortos no gozaban de unas condiciones mejores, aunque su relato tuviera menos épica. En los 60, llegó una nueva hornada de reclusas a Ventas tras el aumento de la conflictividad obrera, cuyo ejemplo más sonado fue la huelga minera de Asturias de 1962, y las revueltas estudiantiles. Sin embargo, estas mujeres se encontraron una cárcel muy deteriorada, que se vaciaría en el 69 y se demolería cuatro años después.

Cárcel de mujeres de Ventas
Obras de demolición de la prisión en 1972. Archivo de Luis Garrido Martínez

Hoy en lugar de una cárcel hay un inmueble de viviendas y un parque municipal. El terreno se subastó 1973 y fue adquirido por una sociedad bancaria por 300 millones de pesetas, según cuenta Hernández: “Antes esta parcela estaba a las afueras de Madrid, donde su valor era mínimo, y en el 71 ya se había revalorizado. Probablemente fuera concedida a una promotora afín al régimen, pero aún lo estamos investigando”.

A falta de un colosal edificio de ladrillo que recuerde que esta prisión existió hay una pequeña placa conmemorativa. Por eso, esta web se ha convertido en un museo virtual donde guardar audios, fotos y documentos sobre lo que sucedió en este penal de mujeres.

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