CINE / El estreno de la semana

‘Terminator 2’: vuelve Arnie y la película que dejó Hollywood patas arriba

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Cartel anunciador de la nueva versión en 3D de Terminator 2.
Cartel anunciador de la nueva versión en 3D de Terminator 2.

A principios de los ochenta nadie sabía lo qué era el CGI y todos los efectos especiales se hacían artesanalmente, sin ordenadores de por medio. Hollywood era el territorio de los maquilladores, los especialistas en prótesis, los genios de las maquetas... hasta que George Lucas (Industrial Light & Magic) y Stan Wiston lo cambiaron todo. Y también la productora independiente Carolco Films (de la que hablamos en el especial que le dedicamos a Robocop), responsable de películas como Rambo, Desafío Total o Instinto Básico.En Hollywood se rumoreaba que James Cameron y sus aliados informáticos tenía algo muy gordo entre manos. Los que ya habían visto algo de lo logrado por Winston (que ganó el Oscar a los Mejores efectos sin ninguna competencia) repetían una cantinela: con los ordenadores ya todo es posible. Al llegar a los cines los espectadores quedaron arrebatados al ver en pantalla grande un ser que hizo sombra a Arnie: el T-100, estructura polimórfica de metal líquido o polialeacion mimética (toma ya) capaz de convertirse en lo que quisiera si era de su tamaño.

Terminator, la primera, fue posible gracias al tesón de Schwarzenegger, que venía de rodar los dos Conan que lo hicieron famoso en todo el mundo y quería a Cameron para la dirección de la película. Arnie y Carolco apostaron fuerte porque la ópera prima de Cameron era realmente horrible: Piraña 2. La película acabó siendo un éxito que devoramos en los cineclubs durante años. Por cierto: la idea inicial de Cameron es que Arnie hiciese de bueno (el personaje de Michael Biehn), pero optó por el ciborg malo. Chico listo. Para la historia del cine quedará siempre ese “I'll be back” (“Volveré”). Curiosamente, en la segunda parte Schwarzenegger sí hizo del bueno de la película.

Terminator 2 deslumbró por ser una impresionante película de acción y, además, protagonizada por una guerrera mujer. Para el recuerdo queda el enfrentamiento en el hospital psiquiátrico, esa fabulosa persecución por los canales en Los Angeles o el final, en la fundición. Esta secuela que mejoró el original (cosa rara), supuso un antes y un después para el cine de Hollywood. Dos años más tarde Spielberg y Lucas volverían a asombrar a la industria con Parque Jurásico, otra película que demostró que ya todo era posible gracias a los genios del CGI.

Para el recuerdo también queda su metálica banda sonora, compuesta por el compositor Brad Fiedel, teclista del grupo Hall & Oates, y por supuesto el tema You could be mine, de unos Guns N'´Roses que lo petaron en todo el planeta.

Lo que nos ofrece el regreso a nuestras pantallas de Terminator 2, que ha llegado al número uno en el Reino Unido (¡lo que hace la nostalgia!), es una copia restaurada y remasterizada en 4K y en 3D. En esta nueva y definitiva versión, Cameron ha solucionado problemas de raccord (continuidad) y el de los dobles de acción (ya no se ven sus caras, sustituidas digitalmente por las de los actores protagonistas). También se han reforzado efectos digitales para lograr una película más realista y se le ha aplicado un nuevo proceso de etalonaje del color y una mayor definición. La película ya no es tan azul como lo fue en 1991.

De las abominables secuelas que se perpetraron mejor no hablamos. Mejor hacerlo del regreso de Cameron al personaje. Es posible, es un proyecto que se está cociendo despacito en las oficinas del cineasta.

Lo mejor: es una de las mejores película de acción de todos los tiempos y merece la pena verla en una gran pantalla de cine.

Lo peor: como todo el cine de Cameron, la película no es demasiado profunda. Carece de lecturas interesantes más allá de cierto mensaje ecologista.

El plan B:

Fe de etarras fue una de las cintas más esperadas en el Festival de San Sebastián (se estrenó a lo grande en el velódromo de Anoeta) y ha contado con el respaldo de la crítica. Y no lo entiendo porque es una película pequeña y fallida, de humor grueso y diálogos poco creíbles aunque sean de comedia. En realidad es otra vez el programa de ETB Vaya semanita en cine, como lo fue la espantosa Ocho apellidos vascos, de los mismos guionistas.

Aparte de una idea interesante (etarras cretinos esperando cometer un atentado mientras la selección española gana partido tras partido en el mundial), en la película pasan pocas cosas y hace bastante poca gracia. Me gustó mucho más la comedia negra Negociador, también de Borja Cobeaga (entrevistado en este diario) y sobre el conflicto vasco.

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