Ochenta muertos, condenas por sedición, elecciones y amnistía: la huelga de 1917

Un contexto internacional convulso, un régimen político en España que tocaba su fin y las malas condiciones de vida fueron algunos de los ingredientes de un conflicto que se saldó con casi un centenar de muertos y un comité de huelga condenado por sedición y amnistiado tras unas elecciones. Aunque la descripción pueda sonar vagamente familiar, estamos en 1917. Es el resumen rápido de un hito que marcó un antes y un después en el movimiento obrero español: la huelga  general de 1917. La exposición ‘La huelga de 1917. La madurez del Movimiento Obrero’ , organizada por la Fundación Pablo Iglesias, entre otras, se puede ver hasta el 31 de enero en la sede de la UGT (Hortaleza, 88).

El imparcial
Portada del diario El Imparcial del 15 de agosto de 1917. / Biblioteca Nacional

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1917 fue un año totalmente excepcional en el ya de por si agitado siglo XX. El mundo cambió en esos 365 días. Mientras en Europa se libraba la Gran Guerra, en la que España permaneció neutral, otro gran acontecimiento agitó los cimientos del Viejo Continente e hizo temblar a los dirigentes europeos: la Revolución Rusa que acabó con el zar. Lo que comenzó con unas mujeres pidiendo pan, se convirtió en un cambio de régimen. “Abre un gran ciclo de esperanzas en los movimientos obreros”, concluye Jorge Uría, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo. El rey Alfonso XIII observaba inquieto los acontecimientos históricos desde el trono español y con Eduardo Dato al frente del Gobierno.

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El inicio de la conflictividad social tuvo un caldo de cultivo perfecto en la crisis del régimen de la Restauración. “Había malestar militar derivado de la guerra de Marruecos, malestar social por el incremento de precios y la degradación de salarios e inestabilidad política”, explica Jaime Pastor, profesor titular de Ciencia Política en la UNED. Los historiadores coinciden en apuntalar este acontecimiento histórico con tres pilares: el militar, con la organización de Juntas de Defensa; el surgimiento de una Asamblea de Parlamentarios, que se reunió en Barcelona para exigir la reapertura de las Cortes y la restauración de  las garantías constitucionales, y el malestar social.

La inflación, la escasez de alimentos y el hartazgo por las pésimas condiciones laborales cristalizaron en el acuerdo de dos sindicatos: la CNT y la UGT en el pacto de Zaragoza, firmado en 1916. “Eran dos organizaciones sindicales eran muy diferentes. UGT estaba interesada en hacer reformas desde dentro del sistema parlamentario y la CNT tenía planteamientos de contestación más radical. La primera tenía más implantación en Cataluña y la segunda en zonas como Madrid. De ahí la importancia de que confluyesen”, explica Jorge Uría. De este periodo la izquierda sacaría una valiosa lección que suele olvidar con facilidad: la unión hace la fuerza. Pusieron su propio poder a prueba el 18 de diciembre de 1917 en una huelga general de 24 horas que les confirmó sus intuiciones: fue un éxito en la movilización.

Barricadas en la Huelga de 1917
Barricadas en Cuatro Caminos tras la huelga de 1917. / Fundación Pablo Iglesias

1917: un fracaso a corto plazo, un éxito al final

“Con el fin de obligar a las clases dominantes a aquellos cambios fundamentales de sistema que garanticen al pueblo el mínimo de las condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras, se impone que el proletariado español emplee la huelga general, sin plazo definido de terminación, como el arma más poderosa que posee para reivindicar sus derechos”, rezaba el documento firmado 27 de marzo del 1917 por los sindicalistas, donde aparecen las rúbricas de figuras de vital importancia en este acontecimiento como Daniel Anguiano, Julián Besteiro, Andrés Saborit o Francisco Largo Caballero. Por tanto, se empezó a preparar un paro que aspiraba a un cambio profundo.

Portada de ABC
Portada de ABC de 15 de agosto de 1917. / Fundación Pablo Iglesias

Sin embargo, un acontecimiento precipitó la convocatoria: el conflicto laboral en la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, que obligó a UGT a respaldar a sus ferroviarios de Valencia y a adelantar la fecha de la huelga al 13 de agosto. Este volantazo se convertiría, tras el fracaso de la huelga, en uno de los principales reproches entre dirigentes. Llegado el día se puso en marcha el parón general, que tuvo éxito en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, en zonas industriales como el País Vasco y en mineras como Asturias o León. Pero surgieron pronto las primeras complicaciones: “Hubo poca coordinación entre los territorios y ciudades industriales. Al día siguiente se detiene al comité de huelga en Madrid y queda descabezada. Las ciudades no saben cómo actuar, no hay una dirección. La huelga apenas tiene repercusión en el mundo rural y las pequeñas ciudades. Son elementos de precipitación”, explica Óscar Bascuñán Añover, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid.

La huelga duró unos días, aunque su influencia trascendió mucho más allá de esta semana del convulso verano. La represión fue muy dura y se saldó con unos 80 muertos, pero la cifra no es exacta y podría ser mayor. A pesar de que las Juntas de Defensa tenían reivindicaciones salariales y molestias por la cerrada escala de ascensos que solían recaer en los africanistas, no deseaban un cambio político de calado. “Estaban más preocupados por sus problemas que por una confluencia con un mal general”, explica Uría. Los militares optaron por reprimir las protestas y el grado de violencia fue tan alto, que algunos participantes significados huyeron a la montaña. “Yo quiero separar el grano bueno de la cizaña, para exterminar ésta en rápido plazo, y con los rebeldes me voy a entender en la montaña, cazándolos como fieras”, escribía en un bando Ricardo de Burguete Lana, general de brigada y gobernador militar de Oviedo.

Comité de huelga en Madrid en 1918
Recibimiento en Madrid al comité de huelga, después de ser amnistiados sus miembros en 1918. / Fundación Pablo Iglesias

Condena por sedición, elecciones e indulto

“Fue un fracaso a corto plazo porque se encontró con una represión muy dura y fracasó como huelga general revolucionaria, en el sentido amplio. Pero fue la gran manifestación del nuevo movimiento obrero. Dio nacimiento a este movimiento como sujeto socio-político”, reflexiona Jaime Pastor sobre las repercusiones. El catedrático Uría cree que fueron el primer paso para otras movilizaciones posteriores como la revolución de Asturias de 1934.

Los miembros del Comité habían sido detenidos en la calle Desengaño, 12. A los nombres más conocidos se le sumaron otros a los que la historia ha olvidado como la de la “agitadora” Virginia González. “Más serena que sus compañeros dijo a los agentes que le tenía sin cuidado que hubieran logrado capturarla, pues saldría a la calle como otras muchas veces”, escribía  el periódico El Imparcial al día siguiente de su detención.

El comité fue condenado por sedición a cadena perpetua. Sin embargo, el PSOE incluyó a Besteiro, Largo Caballero, Anguiano y Saborit en sus listas electorales para las elecciones de febrero de 1918. Fueron elegidos y, por tanto, amnistiados después. El presidente Dato fue sustituido por el liberal Manuel García Prieto. Era ya el fin de la Restauración y solo quedaba la agonía política del régimen. “A pesar de la represión, hay un gran estímulo. Aumenta la acción social y colectiva en España”, aclara Bascuñán.

Más de 100 años después, el PSOE y UGT traen a la actualidad esta huelga en una época donde el movimiento obrero está diluído, pese al hartazgo político y la precariedad laboral en la que viven los españoles. Para que recuerden ciudadanos y, sobre todo, políticos.