Xisco Rojo y sus guitarras místicas

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xisco rojo

Isi Candelas | El Perfil de la Tostada

La primera vez que fui a ver a Xisco Rojo me debatía entre la expectación y el misterio, tenía curiosidad por experimentar cómo sería escuchar los acordes de su guitarra en directo, pues prometía ser un concierto muy especial, tanto como los viajes a los que te transporta a lomos de su guitarra, pues la admiración roza niveles muy altos.

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Lo suyo es la peripecia instrumental, no es un artista al uso, es un artesano sonoro, apasionado y entregado, que se abandona a sus guitarras en directo y esconde su rostro bajo su melena afro, dejando el protagonismo a las melodías con las que hace las delicias del público.

Su capacidad para crear ambientes de sonidos o el simple hecho de contemplar cómo su cuerpo se fusiona con cada instrumento es algo hipnótico, juega, interactúa con su lap steel guitar, se pierde en cada melodía, parece que improvisa y experimenta en todo momento, practicando el collage instrumental.

Sus melodías están impregnadas de sonoridades orientales, con fuertes influencias del jazz, blues arcaico y folk como bien demuestra en sus dos álbumes en solitario, especialmente en su último trabajo: You Got To Walk That Lonesome Valley (que vino después de Ruina Montium) en el que sólo puede encontrarse a sí mismo, “es un disco al desnudo”, como él mismo lo califica.

Tiene un lenguaje propio, místico, con enfoque lírico que despierta las emociones más profundas de todo aquel que escucha. Tiene un interesante repertorio de canciones instrumentales que se alejan de los convencionalismos más técnicos y mantienen al oyente atento, aliviado, sin pestañear.

En cada concierto se dirige al público en un tono muy agradable, habla de cada pieza que interpreta y con sentido del humor intercala intimidades y miserias sobre el mensaje de cada canción. Su estilismo está en perfecta armonía con su música, con el sonido de sus guitarras, su forma de tocar, todo acompaña…

Cuando se apagan los focos, la guitarra de Xisco sigue sonando, en los tarareos, en las cabezas, en las conciencias, pues cada una de sus actuaciones tiene un carácter muy personal.

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