Los rescatadores de las historias de amor diverso

Son dos periodistas sacados a golpe de ERE de la profesión. Reconvertidos en editores por vicisitudes de la vida y ahora plenos orgullosos del proyecto que se traen entre manos. Son Alberto Rodríguez y Gonzalo Izquierdo. Son Dos Bigotes, el nombre de la editorial que fundaron y que ahora llevan con mimo allá donde pueden.

El lema de Dos Bigotes es “Literatura contra el silencio”. Su editorial está especializada en literatura LGTBIQ y su principal objetivo es “dar voz a quienes habitualmente no la tienen”. Su primer libro fue una declaración de intenciones: El armario de acero. Amores clandestinos en la Rusia actual, una recopilación de textos de varios autores rusos que relatan, a través de la poesía o la narrativa cómo es vivir la diversidad sexual en una Rusia que aplasta el amor que se sale de la heteronorma.

Con él, a pesar de la férrea censura y persecución que sufre el colectivo LGTBIQ en la Rusia de Putin, pudieron poner rostro y nombre a los autores y autoras de los textos recogidos, datos que inauguran cada relato y hacen una breve introducción de lo que se encontrará el lector.

Con el segundo, Los deseos afines. Narraciones africanas contra la homofobia, no pudieron hacerlo. Era un riesgo muy elevado, a pesar de que los autores son africanos y la distribución de los libros de Dos Bigotes suele centrarse en España. Descubrir la cara de los autores ponía en peligro su integridad en países donde aún hoy la homosexualidad está perseguida, condenada con cárcel e incluso con pena de muerte.

“Dar voz a las minorías a través de la literatura nos parece algo básico, y más siendo una editorial especializada en temática LGTBI. Uno de nuestros grandes retos es que cualquiera pueda sentirse representado y reflejado en el colectivo”, afirman Alberto y Gonzalo. Un colectivo que es “diverso y plural, e integra multitud de sensibilidades e identidades que están en continua evolución. Cada vez surgen nuevas teorías y corrientes, y una de nuestras tareas es tratar de ofrecer referentes y no dejar a nadie de lado”, destacan.

Ellos descubrieron los textos de El armario de acero, escritos en ruso, jamás traducidos al castellano y que cuentan historias tan profundas que van desde la imposibilidad del amor diverso, hasta la ocultación de la orientación sexual, pasando por las ETS y terminando en el VIH, en cómo se vive el estigma de una enfermedad ya de por sí estigmatizada en un país donde todo el sexo fuera de la norma es sexo delictivo.

“No he contado a nadie que tengo sida, me escondo y no comprenden por qué me da tanto miedo el sexo, digo que estoy cansado, que estoy en una época difícil, que tengo muchas cosas en la cabeza. Luego comenzaron los rumores, me llamaban, me amenazaban, decían que iban a matarme, que era un pervertido…”

Fragmento de La polla de Aleksander Anasevich

“Ésta es también una de las mayores dificultades, ya que no siempre es fácil descubrir obras de ficción protagonizadas o que incluyan personajes transexuales, asexuales o queer. Pronto también daremos el salto al ensayo, y ahí es posible que encontremos títulos que nos ayuden a visibilizar un espectro más amplio del colectivo”, anuncian. Su objetivo es eliminar el silencio y dar voz directa a miembros del colectivo LGTBIQ, sin intermediarios que distorsionen.

En su último lanzamiento han dado paso a la novela gráfica. “Nos interesa mucho este género, pero queríamos hacerlo bien y dar el salto con una obra potente y que tuviera un peso específico dentro de nuestro catálogo. Y después de cuatro años desde el inicio de Dos Bigotes, por fin llegó Trapicheos en la Segunda Avenida, con texto de Joyce Brabner e ilustraciones de Mark Zingarelli”. Una obra desconocida en este lado del Atlántico pero tremendamente reconocida en Estados Unidos.

“Descubrimos el libro porque en 2015 ganó el premio Lambda (premios literarios otorgados en EEUU a obras de temática LGTBIQ) a la mejor novela gráfica, lo que ya nos daba una idea de su importancia y su calidad literaria”. La historia que relata se ambienta en el Nueva York a principios de los 80, con una historia real y “cuando el sida empezó a cobrarse sus primeras víctimas mortales y no había medios ni información para hacer frente a sus devastadores efectos”.

La estigmatización del sida hacía que las instituciones sanitarias y las farmacéuticas no investigaran para encontrar una solución “ya que pensaban que era un mal que sólo afectaba a la población gay”. ‘Trapicheos en la Segunda Avenida’ relata la historia de un grupo de activistas que decide unirse, bajar hasta la frontera con México y conseguir medicamentos ilegales para ayudar a sus amigos enfermos.

“Es una historia de amistad, de solidaridad y de recuerdo a aquellas primeras víctimas del sida y a una generación que luchó con todos los recursos a su alcance para hacer frente a ‘la plaga'”, afirman.

También han tenido en cuenta la elaboración de un catálogo donde abundan las autoras, frente a los grandes grupos editoriales, donde se está viviendo un proceso de ‘corrección’.

“Queremos creer que tanto la recuperación de autoras pasadas como la publicación de autoras contemporáneas responden a una necesidad social y a una justicia que debería haberse dado mucho antes. Hay que destacar sobre todo la labor de pequeñas editoriales que han sido las primeras en hacer una genealogía y en apostar por las mujeres escritoras”, afirman.

Las mujeres leen más, pero están menos representadas en la literatura más comercial. Ellos, con su pasado periodista, conocen también que quien es el mensajero es quien modula el mensaje y quien se encarga de visibilizar, o no, la diversidad. “Los medios de comunicación, patriarcales en su mayoría, también se han encargado de que la mayor parte de los críticos literarios, de columnistas y de “líderes de opinión” sean hombres, que reseñan y dan voz a las obras creadas por hombres”.

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