Álvaro Uribe, un maestro del cuento

  • Es en el relato donde Álvaro Uribe es considerado como uno de los grandes hacedores del género en nuestra lengua
  • La editorial Malpaso acaba de publicar este mes de julio 'Historia de historias', un volumen que recoge toda la obra cuentística de Álvaro Uribe

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Álvaro Uribe (Ciudad de México, 1953) es autor de novelas como El taller del tiempo, que obtuvo el Premio Antonin Artaud de Narrativa en su primera convocatoria, y Autorretrato de familia con perro, que fue galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia en 2014. Sin embargo, es en el relato donde Álvaro Uribe es considerado uno de los grandes hacedores del género en nuestra lengua.

“Soy un cuentista exiliado en el terreno de la novela”, se definió una vez, lo que no es poco tratándose de un escritor nacido en el país que ha dado, sin ir más lejos, los cuentos de Juan Rulfo o Juan José Arreola, un clásico que aún espera cierto reconocimiento entre nosotros como uno de los grandes del siglo XX y equiparable a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Jorge Luís Borges, acaso el más misterioso de todos ellos, Roberto Arlt, Augusto Monterroso, Sergio Pitol o José Emilio Pacheco... En fin, un enorme ramillete que podríamos extender a un centenar dado la enorme calidad y vitalidad del cuento latinoamericano en el pasado siglo. Y no es baladí colocar estos nombres cuando nos topamos con los relatos de Uribe, pues en todos ellos se percibe el aroma de los grandes maestros latinoamericanos del género, en especial de Borges, por lo que bien podemos decir que Uribe es, ahora, el gran hacedor de relatos de género fantástico en nuestra lengua. No es poco.

La editorial Malpaso acaba de publicar este mes de julio Historia de historias, un volumen que recoge toda la obra cuentística de Álvaro Uribe, cuarenta y un relatos de rara factura y perfectibilidad, y que incide en todas las modalidades extensibles del cuento, desde el microrrelato al modo del dinosaurio monterrosiano y de Le regret d´ Héraclite o Emma Zunz, de Jorge Luís Borges, al cuento extenso de factura más convencional, pero donde la gran mayoría de ellos insisten en la actitud de la mirada de la realidad como algo cargado de misterio e improvisación, una realidad que niega en principio, o se escapa, a cualquier intento de racionalización reduccionista.

Así, de “El último sueño de Simón”: “Le pareció al principio que todo era de un color indistinto y uniforme : una suerte de gris deslavado que borraba los contornos de las cosas. Poco a poco discernió sutiles diferencias de tonalidad que se iban precisando. De pronto el gris se adensó, se oscureció hasta volverse negro y definido como una sombra que lo perseguía en el pórtico de un palacio al amanecer. Luego se adelgazó y resplandeció hasta alcanzar una blancura traslúcida en el fondo de unos ojos que lo miraban con aterradora indulgencia...”. Un relato que describe el modo en que Simón El Galileo rememora aquel amanecer, treinta años atrás, en que negó al Mesías por tres veces. El recuerdo son colores que actúan al modo de un pintura que representa la Naturaleza en que estaba sumergido el drama de Cristo, y todo pintado con colores vivísimos, al modo en que lo describiría un pintor postimpresionista.

Esta cita pertenece al libro La linterna de los muertos y otros cuentos fantásticos, publicados en 1988, que al principio constaba de seis relatos, a los que se añadieron en 2006, este El último sueño de Simón y La fuente, probablemente el volumen de relatos de Uribe donde más y mejor se percibe la influencia de Jorge Luís Borges, y no sólo respecto a la elección de los temas sino a la proclividad a hacer de cada relato un mecanismo perfecto de relojería literaria.

Veamos: “El evangelio del hermano Pedro” trata de la traición de Judas pero vista desde la óptica de la Edad Media; el ya citado “El último sueño de Simón” recuerda la traición de Pedro al Maestro mientras es martirizado y asesinado en Roma; La fuente trata de la Eterna Juventud que creyó Cabeza de Vaca había descubierto en la Florida en la famosa expedición; La linterna de los muertos, que da título al volumen y quizá el más perfecto de ellos, es una narración de fantasmas basado en una leyenda de un pueblo francés que, creo, Uribe ha pensado que le hubiera encantado a Henry James de haber podido leerlo... El rehén es un relato de cómo la tortura metafísica que uno se inflige a sí mismo acaba por resultar insoportable. En fin, un breve conjunto de relatos de una perfección de orfebre.

Álvaro Uribe es poco proclive al aplauso del éxito y sus consecuencias fallidas. En Sueño buscado, del libro Topos, leemos: “No es necesario que el titiritero reciba los aplausos. A veces resulta asimismo innecesario invitarlo a la función: después le dirán, para no ahuyentar su sueño, o que había en el pentagrama que trazó la lenta garra del tigre, siempre después, improbablemente , en un ejercicio de modorra y desplazamiento...”.

La cita resume bien el modo de hacer de Uribe: “la lenta garra del tigre” es deliberadamente borgiana, y se lo podría haber ahorrado sin merma de la calidad del relato, y no lo ha hecho... ¿Se puede pedir mayor lealtad a los maestros?

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