El destino de las mujeres judías en el Holocausto

  • Desde la apertura de la exposición 'Auschwitz. No hace Mucho. No muy lejos', los visitantes han estado preguntando el destino de las mujeres en el Holocausto
  • La respuesta es simple: más mujeres que hombres fueron asesinadas. Las razones son muchas.

Michael Berenbaum, miembro del equipo de comisarios de la exposición Auschwitz. No hace Mucho. No muy lejos

La exposición Auschwitz. No hace Mucho. No muy lejos, actualmente abierta al público en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, ha despertado un gran interés sobre el campo de exterminio más complejo y letal de la Alemania nazi. Auschwitz es el paradigma del mal en el siglo XX.

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Desde su apertura, los visitantes han estado preguntando qué sabemos sobre el destino de las mujeres tanto en Auschwitz como en el Holocausto. La respuesta es simple: más mujeres que hombres fueron asesinadas. Las razones son muchas.

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Antes de que fuera patente que los nazis perseguirían a mujeres y niños y no solo a hombres, estos últimos huían dejando atrás a su familia. No podían imaginar que los alemanes –la nación de Goethe y Schiller, de Kant y Hegel– serían capaces de matar a sus esposas e hijos.

A su llegada a Auschwitz, las víctimas judías se enfrentaron a la selektion. Un médico nazi, a menudo el infame Dr. Josef Mengele, esperaba en la Rampa para señalar a la derecha o a la izquierda. Los prisioneros que llegaban allí no sabían cuál de estos caminos llevaba a la vida y cuál a una muerte inmediata. Los ancianos, los discapacitados y los muy jóvenes eran enviados a morir. Los jóvenes y los sanos, físicamente capacitados, se elegían para trabajar si se necesitaba mano de obra. Pero las mujeres con hijos y sus pequeños eran enviados juntos a las cámaras de gas. Ellas no abandonarían a sus hijos, ¿cómo podrían hacerlo?

Aquellas mujeres que no tenían hijos y que eran aún jóvenes y físicamente aptas, inmediatamente se enfrentaban a una humillación especial. Se les dirigía al centro de procesamiento para registrarlas, tatuarles un número que pasaría a reemplazar su nombre, raparles el pelo (se les rasuraba el cabello de todas las partes del cuerpo, incluso las más privadas)… Mientras que las adolescentes que nunca habían estado con un hombre así como las mujeres casadas, criadas con una ética de la humildad, fueron obligadas a desfilar desnudas ante el personal del campo, que sentía un especial deleite ante su avergonzamiento.

Imagen de la exposición.
Imagen de la exposición./ Jesús Varillas (Musealia)

Por su parte, las mujeres que escaparon a la deportación y huyeron al bosque para unirse a la resistencia, se arriesgaban al rechazo, ya que la mayoría de los grupos de resistencia querían hombres para luchar y mujeres que sirvieran a esos combatientes. Una excepción destacada: la Brigada Bielski en Bielorrusia, que estableció un campamento familiar, aceptó a los ancianos y las mujeres con niños (no solo a combatientes) y les proveyó de todo lo necesario. 1.200 judíos fueron salvados por esta Brigada, que no rechazó a nadie.

Las mujeres judías también lucharon en la resistencia. En el Gueto de Varsovia lucharon como iguales ,del mismo modo en que hicieron en Yugoslavia, donde ganaron medallas nacionales. En Auschwitz, como los visitantes de la exposición aprenderán, cuatro mujeres judías fueron descubiertas robando dinamita para explotar el Crematorio B II en Birkenau. En el momento de su ahorcamiento, una de ellas, Rosa Robata, expresó como últimas palabras “hazak v’amatz” (“sé fuerte y de buen ánimo”), las mismas palabras bíblicas que Moisés le dijo a Josué en la víspera de su muerte.

Las mujeres servían también como correos a lo largo de la Polonia ocupada. Los hombres judíos eran fácilmente detectables al estar circuncidados, mientras que ellas podían pasar desapercibidas mucho más fácilmente. En Eslovaquia, una mujer judía llamada Gisi Fleischmann trabajó con un rabino ultraortodoxo que en condiciones normales era reacio a trabajar con mujeres, para organizar el Grupo de Trabajo Judío, que tramó planes de rescate y fue el primero en pedir el bombardeo de Auschwitz.

Las mujeres judías también mostraron su resistencia de otras maneras. Durante el pogrom de Kristallnacht (La noche de los cristales rotos) del 9 al 11 de noviembre de 1938, 30.000 hombres fueron arrestados y enviados a campos de concentración alemanes recientemente ampliados, que ya incluían también Austria. Por aquel entonces, aún podían ser liberados si demostraban que abandonarían el país en el plazo de una quincena. Las mujeres judías movieron el cielo y la tierra para buscar una salida de Alemania y, aún más difícil, un lugar que aceptara refugiados judíos desesperados, con el fin de salvar a sus maridos e hijos.

Imagen de la exposición./ Jesús Varillas (Musealia)
Imagen de la exposición./ Jesús Varillas (Musealia)

Solo en un ámbito las mujeres judías tuvieron ventaja. En muchos hogares judíos practicantes de Europa oriental los muchachos jóvenes recibían una educación intensamente religiosa. Su lengua nativa era el yiddish, por lo que a menudo hablaban el idioma de su tierra natal con errores y con un acento muy fuerte. Sus hermanas, sin embargo, recibieron una educación secular y solían hablar las lenguas locales con fluidez, por lo que su adaptación cultural era más sencilla. Pero las mujeres judías eran vulnerables incluso ante los hombres que las salvaron. Y es que sus potenciales salvadores también podían abusar de ellas bajo la amenaza de que, si protestaban, serían entregadas a cambio de una recompensa a los alemanes.

¿Qué pasa con la violencia sexual en el Holocausto? En 1935 las leyes de Nuremberg prohibieron las relaciones sexuales entre “alemanes arios y judíos”; aunque a lo largo del Holocausto la violación sexual fue un lugar común –incluso sancionado– a pesar de la legislación.

Muchas mujeres judías fueron violadas y, después, asesinadas, ya que su silencio era esencial. Si por casualidad se les “permitía” vivir, ellas sabían que si hablaban serían asesinadas.

Así pues, durante muchos años, el tema fue tabú y las mujeres guardaron silencio. En los últimos años, ellas y las mujeres de Shanghai – conocidas como “las mujeres de consuelo”, eufemismo usado para describir a las mujeres que eran forzadas a la esclavitud sexual – han decidido hablar. Ahora, debemos escucharlas.

Seamos claros. Las mujeres judías fueron elegidas para morir porque eran personas especialmente peligrosas, ya que podían dar a luz a una nueva generación de judíos pero también sufrieron como mujeres, con una vulnerabilidad propia y una capacidad de recuperación propia también.