45 años de El Exorcista: Robbie, Kubrick y Willie el loco

  • El rodaje fue un infierno, y nunca mejor dicho. Blatty y “Willie el loco” acabaron a tortas, se incendió un plató entero, llamaron a un cura para bendecir el set
  • El rodaje debía finalizarse en 85 días y acabaron siendo 224, algo que hizo dispararse el presupuesto a la friolera de 39 millones de dólares de entonces

Netflix acaba de estrenar The Devil and Father Amorth. 43 años después de su exitazo, el director de El exorcista, William Friedkin, aceptó la invitación del anciano exorcista Gabriele Amorth para grabar su trabajo ante una supuesta poseída por el demonio. No es un buen trabajo y roza el amarillismo o un programa de Cuarto milenio, espacio que visitó el propio Amorth hace años.

The Devil and Father Amorth no está a la altura del trabajo más famoso de un realizador tan brillante como Friedkin. El exorcista, que este año cumple 45 primaveras, es la película de terror más taquillera de la historia y el primer filme de terror nominado al Oscar a la Mejor Película. Logró nada menos que 11 nominaciones aunque solo se llevó dos: Mejor Guión Adaptado y Mejor Sonido.

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Todo comienza a finales de los 40 en St. Louis., Estados Unidos. Según las investigaciones del historiador Thomas B. Allen, un niño de 13 años llamado Robbie tenía una tía obsesionada con lo sobrenatural. Fue esta mujer quien le enseñó al niño a usar la tabla de Ouija. Una vez fallecida, Robbie se puso “en contacto” con ella mediante la tabla y ahí empezó la pesadilla para su familia luterana. El chaval se comportaba de forma demente y era capaz hasta de romper paredes con una fuerza anormal. Además, hablaba con una voz espeluznante y algo parecido a extraños dialectos. Sobre su cuello aparecieron extrañas ronchas, entre ellas la inscripción con sangre de “St. Louis”, lugar donde la tía había muerto. Además, y según los archivos de Allen, cuarenta y ocho compañeros de clase de Robbie atestiguaron ver su escritorio moviéndose hacia el pasillo chocando contra otros objetos.

Sus padres, horrorizados, acudieron a médicos que nada sabían hacer por él. Hasta que el reverendo William S. Bowdern advirtió que Robbie rechazaba todo objeto religioso. Fue él quien propuso a los padres el exorcismo, que duró la friolera de 6 semanas. En realidad no fue una, sino 30 sesiones de exorcismo hasta que el reverendo pronunció la frase con la que termina todo: Christus, Domini (“Cristo, el Señor”). Después de eso, el niño se recuperó. Por cierto: nunca se ha revelado la verdadera identidad de Robbie, pero según William Peter Blatty, autor de la novela basada en el caso del niño poseído, acabó trabajando para la NASA.

Años más tarde, un joven Blatty se obsesionó con la historia de Robbie. Este escritor, que trabajó como guionista para Blacke Edwards y llegó a dirigir la tercera y poco afortunada parte de la trilogía de El exorcista, era católico y creía en la posesión demoníaca. Para tener todo el tiempo del mundo para documentarse y escribir, Blatty acudió a un famoso programa de la tele presentado por Groucho Marx y llamado You Bet Your Life. Blatty ganó 10.000 dólares de la época. Cuando Groucho le preguntó a qué iba a dedicar ese pastizal, el escritor respondió que a terminar su primera novela.

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Pero como Blatty fue un hombre al que le acompañó la suerte, no acaba aquí su tremenda potra. La primera edición de El exorcista no tuvo demasiado éxito de ventas, pero Blatty tuvo la suerte de ser invitado al exitoso programa The Dick Cabet Show. Su intervención iba a ser muy corta, pero se cayeron dos invitados y acabó concediendo una entrevista de nada menos que 45 minutos. A la mañana siguiente la gente empezaba a comprar miles de ejemplares de su historia demoníaca.

Warner, dueña de los derechos de la novela, empezó a oler a exitazo de taquilla y preguntó a Blatty por el director que podría hacer una buena adaptación de su libro. Él dijo que, sin duda, ese director era Stanley Kubrick, que acababa de estrenar la polémica La naranja mecánica. El director de El resplandor contestó que solo la rodaría si tenía control total sobre el guión y la producción y Warner, estudio para el que había rodado la famosa historia de ultraviolencia, le contestó que ni hablar.

Warner contactó entonces con Mike Nichols, Arthur Penn y Peter Bogdanovich antes de hacer firmar a William Friedkin, apodado “Willie el loco” por su perfeccionismo y malas maneras en sus rodajes. Estaba en la cima de su carrera y acababa de ganar el Oscar al mejor director por la estupenda The French Connection.

El casting también tiene su miga. Shirley MacLaine había sido la inspiración de Blatty para el personaje de la madre actriz (Chris MacNeil). La opción de Friedkin al leer la novela era Audrey Hepburn, que dijo que ni loca. Warner también llamó a Debbie Reynolds, Jane Fonda y Geraldine Page hasta que finalmente se decantaron por la pobre Ellen Burstyn. Y digo pobre porque el durísimo rodaje de El exorcista le causó una lesión crónica en la espalda.

El personaje del padre Damien Karras recayó en Jason Miller, que se impuso a estrellas de la talla de Marlon Brando, Al Pacino, Jack Nicholson y Gene Hakman. Además, Max von Sydow fue convenientemente maquillado para aparentar, a sus 43 años, al anciano Padre Merrin. Y para la inolvidable voz de la niña poseída Friedkin tuvo la genial idea de llamar a Mercedes McCambridge para doblarla. Se cascó la voz fumando y bebiendo whisky.

En cuanto a la niña, es legendaria la conversación que Friedkin tuvo con Linda Blair en la entrevista de casting:

Friedkin: ¿Sabes lo que vas a tener que hacer en este rodaje?
Linda: Masturbarme con un crucifijo.
F: ¿Y sabes lo que es eso?
L: Claro, hacerme una paja.
F: ¿Pero tú haces esas cosas?
L: Sí, ¿y tú?

¡Como para no contratarla! El rodaje fue un infierno, y nunca mejor dicho. Blatty y “Willie el loco” acabaron a tortas, se incendió un plató entero, llamaron a un cura para bendecir el set, Burstyn sufrió su irreparable daño en la espalda y los complicados y artesanales efectos especiales retardaron el rodaje de forma muy peligrosa. El rodaje debía finalizarse en 85 días y acabaron siendo 224, algo que hizo dispararse el presupuesto a la friolera de 39 millones de dólares de entonces.

En Warner saltaron las alarmas, temían un serio revés financiero para el estudio si la película no funcionaba. La quiebra de Warner estaba sobre la mesa. Mientras tanto, Friedkin montaba la película en el 666 de la Quinta Avenida y despedía, con sus habituales malos modos, al compositor Lalo Schifrin por haberle entregado una música “demasiado terrorífica”. Y aquí, además de Penderecki, entra Mike Oldfield y su Tubular Bells. El resto es historia.

Y aunque el famoso crítico Roger Ebert la alabó, en su estreno las críticas no fueron especialmente generosas. Poco le importó a Warner ante el mayor pelotazo del estudio hasta entonces, un éxito de taquilla y un fenómeno mundial nunca visto. Tenían entre manos un clásico del terror para la historia.