Arantxa Echevarría: “Expresiones como ‘no seas gitano’ o ‘qué gitanada’ se siguen diciendo”

  • Carmen y Lola ha cosechado buenas críticas, entre ellas, la del temido Carlos Boyero
  • Es un film minoritario que ha salido adelante sin el respaldo de las grandes cadenas y con actores no profesionales

Carmen y Lola, que ha cosechado buenas críticas (entre ellas la del temido Carlos Boyero), ha conseguido uno de los mejores promedios por copia de la cartelera con solo 21 copias en circulación. La película está gustando y se entiende porque es una agradable sorpresa: un film minoritario que ha salido adelante sin el respaldo de las grandes cadenas y con actores no profesionales bien dirigidos.

La polémica por la campaña en su contra, por parte de una asociación feminista gitana, ha hecho que Carmen y Lola esté en los medios de comunicación mucho más de lo que sus artífices esperaban. Hablamos con Arantxa Echevarría, un torrente de energía y buen rollo y primera directora española que participa en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes. La primera en 71 años.

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Fotograma de ‘Carmen y Lola’. / Vasaver

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Empiezo con la pregunta obligatoria: la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad lanzó una campaña contra ti tachándote de “racista” y de haber rodado una “caricatura comercial”. Y sin haber visto la película.

No la vieron, no. Vieron un trailer. Por fines comerciales, pusieron lo más llamativo, lo machista, el “pedimiento”…

Pero si no hablas de eso no hay película.

Claro, y veníamos justo del subidón de estar en Cannes. Fui con las niñas, las actrices. Rosi y Zaira iban por La Croisette felices, imagínatelas… La gente las paraba para hacerse fotos. ¡Se sentían importantes! (Risas) Y llegas de Cannes con esa felicidad y en España vives esta polémica absurda… no entendía nada. Pero no entré al trapo, pasé de opinar.

Te ha pasado lo que al humorista Roberto Bodegas, que hizo un chiste sobre la demencial prueba del pañuelo y fíjate la que se montó.

Efectivamente, ahora hay que tener mucho cuidado. Las minorías están con las uñas afiladas y también lo comprendo porque han sufrido mucho, les hemos ninguneado, maltratado… La palabra gitano hasta hace poco era sinónimo de cutre, sucio. “No seas gitano” o “qué gitanada” se sigue diciendo y por eso les entiendo. Aquí viene una paya, que no tiene ni idea de nuestra cultura, a mostrar nuestro universo, a hablar de la mujer, de nuestro mundo patriarcal… Respeto la críticas, pero acabó siendo un rifirrafe personal, de mentar a mi familia. Y me dije: esto ya no.

¿Cómo surge la idea de estas dos chicas gitanas que se aman?

¿Tú te acuerdas de cuando te enamoraste por primera vez?

No, yo es que me enamoro mucho, ya ni me acuerdo.

(Risas) ¡Pues la última vez! Bueno, para mí la primera fue muy emocionante. No sabíamos lo que era el sexo, era la primera vez… es algo muy universal y que todo el mundo recuerda con cariño. Una montaña rusa, con esa felicidad absoluta y de pronto todo convertido en una mierda. Y te metes en la cama y no sales de tu habitación, como le pasa a Lola en la película.

El uso del lenguaje epistolar en los tiempos que corren es emotivo. En la película vemos otros lenguajes (el chat, el WhatsApp, el vídeo…), pero el amor se expresa en una carta. Y esa carta se lee dos veces.

Sí, una es la carta de Carmen que lee Lola y otra la que escribe Lola sin faltas de ortografía. Carmen no va a ser el amor de su vida, pero Lola intenta transformarla.

Levantar esta película habrá sido duro.

Muy complejo. Iba a las productoras grandes y decía: “Hola, tengo la historia de dos gitanas lesbianas, con actores gitanos desconocidos”. (Risas) Se les caía la boca al suelo. Hubo uno que me dijo: “Oye, ¿y Alba Flores?” Y yo le dije: “Mira, es que tiene 30 años, no va a colar como adolescente”. (Risas) También me propusieron a Lolita, que es una excelente actriz pero no pega aquí. Quería una película naturalista, real… si no, no habría funcionado. Y tuvimos una suerte inmensa porque a Orange le encantó el proyecto. Demostraron mucho valor.

También ayudó el premio a su guion, supongo.

Sí, tuvo una mención de honor en el Premio SGAE de Guion Julio Alejandro. Me había empapado tanto de la historia que la primera versión del guion la escribí enseguida, solo en un mes.

No es malo escribir un guion en un mes si tienes las ideas muy claras.

Claro, es que cuando dice la gente eso de “Pues no te ha costado nada”, yo digo: “Perdona, hay mucho más detrás”.

Los actores no son profesionales y todos están estupendos. La madre está increíble.

Trabaja en el mercadillo de Vallecas.

¿Cómo has logrado eso con esa mujer?

Porque creamos un vínculo de amistad, amor… Ensayos de seis meses. Conoces a sus hijos, su vida, su casa… Lo sé todo de ella. Cuando tenía que desgarrarse, en la parte final, le gritaba de todo, la ponía al límite.

Rodaje de ‘Carmen y Lola’./ Vasaver

Hablando del final: homosexualidad, gitanos… te esperas un desenlace tremendo, pero no lo es tanto. Y no digo más, solo que has conseguido huir de lo previsible y que has eludido la violencia.

En Carmen y Lola no hay ni una torta, es mucho peor que un padre te diga que no te quiere y que ya no eres gitana, que no eres nada.

La maldición gitana, tremenda.

Lo peor que le puedes hacer a un gitano es mentarle la raza, decirle que ya no es gitano. Quería evitar clichés y estereotipos y por eso no hay ni un torta. Hay amagos. O ese “Vuélvete muda” que le dice el padre a su mujer. O “Te voy a reventar el cerebro”, que le dice a la hija.

Has usado el mar a la manera de Los 400 golpes de Truffaut.

Es un pequeño homenaje, es una peli que me marcó mucho y es el tipo de cine que me interesa hacer. Esa escena la rodamos en Suances, Cantabria.

Por eso sale toda esa niebla.

Sí, tenía que ser brumoso y tenía que hacer frío.

¿Qué pasará al final con Carmen y Lola? ¿Cómo serán después de lo que cuentas en la película?

Eso que lo decida el espectador.

Sabía que dirías eso. Suerte con la peli, os lo merecéis.

Gracias, nos hace falta.