Quequé: “En general, los cómicos vivimos mejor contra la derecha”

  • Cuando se apagan las luces del plató, el humorista saca un rato para charlar sobre el humor, la política, las polémicas de la izquierda y la necesidad de prestar más atención mediática a las mujeres que hacen comedia.

Si no fuera porque el humor se cruzó en su vida, Héctor de Miguel probablemente estaría hoy sirviendo copas en un bar de Salamanca. Antes de hacer commedia, emprendió dos carreras universitarias, Humanidades, una licenciatura ya extinta, y Sociología, que acabó abandonando cuando las matemáticas y la estadística mataron su talento para las letras puras. También daba clases de inglés a niños. “Estaba totalmente desnortado”, asegura. Hoy, por la calle le saludan al grito de Quequé y es uno de los cómicos españoles más exitosos. Compagina ‘La Vida Moderna’ con ‘LocoMundo’, un programa de televisión que repasa con ironía un tema de actualidad. El próximo martes, 16 de octubre, regresa a las pantallas de #0 en Movistar+ con “España” como tema.

Antes de que el humor le obligase a tomarse su carrera muy en serio, fue cultivando sus ocurrencias gracias a libros como La vida exagerada de Martín Romaña, de  Alfredo Bryce Echenique, que su padre puso en sus manos siendo un adolescente. “En ese momento, no decidí ser cómico, pero sí que me influyó después. Es la historia de un perdedor”. También tiene sus fobias literarias, con títulos como ‘El Principito’.  “Lo odio absolutamente, es asqueroso y creo que habría que quemar todos los ejemplares”, asegura. 

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Acudimos al estudio de Movistar+ en Tres Cantos en el que rueda la primera entrega de LocoMundo. En el plató, Quequé hace de maestro de una ceremonia en la que le acompañan Valeria Ros y Pablo Ibarburu. Cuando se apagan las luces del plató, saca un rato para charlar sobre el humor, la política, las polémicas de la izquierda y la necesidad de que se le preste más atención mediática a las mujeres que hacen reír.

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— Empieza la temporada de LocoMundo con España como tema, ¿sabemos reírnos los españoles de nosotros mismos?

Siempre se ha dicho que sí, que somos un país con mucho sentido del humor. Reírnos del vecino, de puta madre. Hay piques entre ciudades, regiones o entre Villarriba y Villabajo. Cuanto más pequeño sea, más pique. En las propias ciudades hay piques entre barrios. Pero reírnos de nosotros mismos nos cuesta un poquito más. Estados Unidos tiene mucha comedia y mucha tradición de vejarse. En los Simpsons, Padre de Familia, en las películas de Woody Allen se ríen muy bien de ellos mismos. El humor británico, prácticamente se basa en eso. La serie Little Britain es un ejemplo. Yo no me la imagino en España.

— Dentro de esa España, los nacionalismos le dan mucho material de trabajo, ¿por qué?

Nosotros creamos polémica en La Vida Moderna cuando soltamos la frase “Todos los nacionalismos son fachas”, pero es que es así. No hay un movimiento más claro que vaya de arriba hacia abajo. A la comedia se le exige que vaya de abajo a arriba últimamente, que me parece estupendo, y a los nacionalismos no. Realmente es el discurso de una élite que a fuerza de repetirlo, controlar medios, etc. acaba siendo un movimiento transversal, pero ser nacionalista por definición es ser muy de derechas. Hablamos del nacionalismo que sea: español, catalán o de La Rioja.

— En los últimos años hemos visto cómo la población se repolitizaba, pero parece que el humor se ha despolitizado en la televisión. Cada vez hay menos shows de actualidad política en abierto.

“Sálvame es una comedia. Es una ópera bufa”

Sí, shows de comedia en la televisión abierto cada vez hay menos. Antes estaba Caiga Quien Caiga, Andreu Buenafuente… La televisión en abierto ha descubierto otro filón de comedia en programas del tipo Granjero busca esposa, Ven a cenar conmigo, First Dates. En el fondo son comedia que parte de otra base. A mí no me gusta, pero entiendo que le guste a la gente. Si me apuras, Sálvame es una comedia. Hacen 3 o 4 horas de televisión que, aunque bordea el drama muy impostado, en el fondo es una ópera bufa.

— ¿Hay clasismo entre los humoristas o en los tipos de humor?

Sí, puede haberlo. Hay clasismo en muchas cosas. Yo lucho cada día por ser un poco menos clasista. Es lo que te estaba diciendo de Sálvame. El discurso que yo tenía hace 10 años de ‘esto es una mierda’ o ‘la gente que lo ve es idiota’, ya no lo tengo. Lo ve mucha gente, tampoco me gusta Taburete pero respeto que triunfe. Intento luchar contra ese clasismo que dice que lo que me gusta a mí es lo mejor.

— Doy la vuelta a la pregunta, ¿puede existir un humor con conciencia de clase?

“Tengo compañeros que me han dicho ‘cuando la cosa va bien, hago humor político, y cuando va mal, prefiero no hacerlo”

Sí, lo hay. No te metas en política, con Facu Díaz y Miguel Maldonado es un ejemplo de humor político. Yo también lo he practicado. En Noche Hache hacíamos un humor bastante ideológico y político. Quizá la sociedad se ha politizado y el humor se ha ido despolitizando un poco. Yo tengo compañeros que abiertamente me han dicho, cuando la cosa va bien, hago humor político, y cuando va mal, prefiero no hacerlo. Es una forma de verlo.

— Supongo que tendrá que ver con las contrataciones de los ayuntamientos y las administraciones públicas.

Afortunadamente, nosotros no somos como Andy y Lucas, que dependen de los ayuntamientos y no se meten en política por eso. Con nosotros hay menos dinero público en juego, pero hay un poco. Yo, por algo personal, intento que no haya dinero público, que el que me contrate sea por iniciativa privada o incluso yo mismo cuando voy como empresa a hacer un bolo. No me gusta que se use el dinero público para estas cosas porque no lo veo necesario si la iniciativa privada puede hacerlo.

— ¿En un programa como LocoMundo, el humor tiene más funciones que el puro entretenimiento?

Puede tenerlas, pero yo tampoco se lo exijo. Está bien también hacer humor sin implicación política y sin que tengas que reivindicar nada. Te puedes reír de un tío que se resbala con una cáscara de plátano. A mí también me gusta el humor más blanco. Te pongo como ejemplo a Dani Rovira. Se ha metido muy poco en cosas ideológicas y me parece muy bien. A veces te ríes de cosas jodidas que van en contra de tus principios. Si yo hago un chiste con trazas racistas, no demos por hecho que soy racista. El chiste es ficción, no ha pasado. Hace poco hablando con un compañero, me dijo “os voy a contar un chiste de violaciones y os vais a reír”. Era una patochada de chiste. Aparece un tío vestido de payaso en un callejón a las 4 de la mañana y le empiezan a violar. A la hora y media se da la vuelta y le dice “para ya que la sonrisa es pintada”. Te has reído de un chiste que implica violación, pero ahora viene la segunda parte. Esto no ha pasado. Tenemos que recalcar esto.

— Tiene mucha trayectoria profesional, ¿cree que el humor ha cambiado desde que usted empezó hace 15 años? ¿Hay más limitaciones?

No, creo que hemos cambiado. Si sale Arévalo hoy y dice “ese mariquita por la playa” la sociedad no lo acepta igual. Yo trabajé mucho el género de pareja, hombre-mujer, y esos textos que hacía hace 10 o 12 años no los hago ahora. No porque piense que han envejecido mal, es que no me apetece. El otro día lo dijo Leslie Jones: “Yo hace 15 años era bastante más gilipollas que ahora”. No saques cosas mías de hace 15 años para demostrarme que era gilipollas porque ya lo sé. Lo que intentamos todos los seres humanos cada día es ser menos gilipollas y si no te das cuenta de que eras gilipollas, es que lo eres ahora.

— ¿Hay algún tema con el que nunca haría chistes?

No, no se me ocurre ningún tema que sea una línea roja. En La Vida Moderna hemos demostrado que no hay.

— ¿Cree que con la marcha de Rajoy se ha ido un gran filón para los cómicos?

Absolutamente. Creo que, en general, los cómicos vivimos mejor contra la derecha porque nos podemos lucir más. Llega Pedro Sánchez o Zapatero y decide que se casen los gays, ¿qué vas a decir? Pero imagínate que gana Pablo Casado y se carga la Ley del aborto. Es una putada socialmente, pero para un cómico es gloria bendita. Así que votad a Casado, por favor. 

— De los líderes políticos que encabezan los partidos actuales, ¿hay alguno con vis cómica?

No, no sabría decirte uno al que le oyese por la radio o la tele y me parase para ver qué dice. Creo que Rubalcaba sí tenía cierta sorna. Siempre traslucía cierta ironía, aunque cuando sustituyó a ZP no le dio para lucirse mucho. También creo que Rajoy, cuando contestaba a alguien en el Congreso, como a Rufián, y se ponía un poco gallego con esa retranca, también tenía cierta gracia.

— Rufián es un poco fetiche político para usted, ¿no?

“Creo que Rufián últimamente fuerza el personaje”

Rufián se enfadó mucho cuando dijimos que los nacionalismos eran todos de derechas y nos llamó cuñaos. Ese mismo año le entrevisté en La Lengua Moderna y me cayó muy bien. No somos amigos, pero le respeto mucho y entiendo que piense así, pero creo que últimamente fuerza el personaje, no se puede ser tuitero todo el rato en la vida real.

— ¿Alguna vez les ha llamado algún político para que ustedes le entrevistasen en La vida moderna?

Que yo sepa no. Íñigo Errejón nos escribió por Twitter preguntando que cuándo le llevábamos y nosotros le contestamos que hiciera lo que hace la gente, rellenar un formulario. Recogió el guante muy bien y estuvo de público, estaba todo el rato detrás de Ignatius esperando a que le chupasen el pezón. Le hicimos una entrevista. Somos conscientes de que nuestro público es muy goloso, sobre todo, para algunos. Seguro que a más de uno no le importa venir a La vida moderna y jugársela un poco, no hay guion. En otros programas donde he trabajado hace muchos años les daban el guion y repasaban las preguntas, pero en La Vida Moderna hay que venir con todas las consecuencias. Valoro mucho que hace dos años viniera Andrea Levy. No es fácil venir a ese entorno o que te reciban al grito de “fascismo del bueno”, pero estuvo muy bien, lo toreó y salió airosa. Ojalá hubiera más políticos así.

— ¿Alguno que se les resista?

A mí me hace ilusión que viniese Manuela Carmena. Lo hemos lanzado en las redes, pero no nos ha hecho ni puto caso. Vino Rita Maestre. Que en algún momento viniese el presidente del Gobierno estaría bien, fuese quien fuese en ese momento.

—Ahora hay una discusión sobre si la izquierda está demasiado centrada en batallas culturales y se ha olvidado de las demandas más materiales. Es una cosa que usted ha resumido como “la izquierda cuqui”.

“Por encima de estas luchas atomizadas debe haber otra general: la de los pobres contra los ricos”

La izquierda posmocuqui. Yo estoy con Bernabé. ¿Creo que hay que luchar por esas cosas? Por supuesto, ¿que  deben ser bandera de la izquierda? Por supuesto. En el momento en el que el feminismo lo utilizan igual Izquierda Unida y Podemos que Ciudadanos, ya está asumida. No digo que se haya ganado la guerra, quedarán muchas batallas, pero la izquierda no debe centrarse solo en esas luchas. Por encima de todo tenemos que recuperar de algún modo el sentimiento de clase obrera, aunque le cambiemos el nombre. Nadie quiere ser obrero. Si es una cuestión del nombre, cambiémoselo, pero igual que la izquierda debe estar por encima de nacionalidades y de dónde hayas nacido, que es algo más azaroso, creo que por encima de estas luchas atomizadas debe haber otra general: la de los pobres contra los ricos.

— ¿Existe el fascismo ‘cuqui’?

Sí, claro, el de Mr. Wonderful. Hice un monólogo, pero me reafirmo absolutamente. Creo que es fascismo que una taza te diga que sonrías todo el día y que seas feliz y que si cierras los ojos muy fuerte conseguirás lo que te propones. Es mentira, es una cuestión de suerte. Si naces en una buena familia, conseguirás todo lo que te propongas. Te lo diga una taza o no. Esos mensajes anestesian muchísimo. Si no consigues los logros o no asciendes socialmente es por tu culpa, porque no lo has deseado muy fuerte. Es culpa del capitalismo.

— ¿Hace falta feminizar el humor? No hablamos solo de que haya más mujeres, que las hay, sino también de temáticas y visiones.

Hay mujeres cómicas excelentes, como Valeria [Ros], Susi Caramelo y muchas más, podríamos dar 20 nombres. Es verdad que en los medios no se les ha dado la visibilidad suficiente, pero creo que estamos en el buen camino. El debate ya está en la calle. En la parte que personalmente me ha tocado, he intentado que hubiera mujeres siempre. Cuando hacíamos ‘Estas no son las noticias’, éramos cinco y cinco. Cuando me encargaron ‘La lengua moderna’, mi preocupación era encontrar a una mujer que estuviera conmigo en el programa. Pero es verdad que necesitamos, por lo menos, a 15 o 20 cómicas en primera fila y, por tanto, se empezará a hablar de cosas que no se habla ahora porque esto es un campo de nabos.