Lo que nos deja Bertolucci

  • La homosexualidad ('El conformista') y la bisexualidad ('El último tango', 'Novecento', 'El último emperador' y 'Soñadores') también fueron recurrentes en su cine

Bernardo Bertolucci fue hijo del poeta Attilio Bertolucci, del que dijo: “Es como si él me hubiese enseñado a buscar la poesía en todo”. Su madre, además, era profesora y en casa tuvo fácil acceso a la cultura. Tras destacar en cortometrajes en 16 mm, debutó con solo 22 años en La commare seca, a la que siguió Partner, interpretación de El doble de Dostoievski.

Tras 25 películas para cine y televisión y dos Oscar (por el guión y la dirección de El último emperador), sus últimos años los pasó haciendo un travelling interminable sobre su moderna silla de ruedas, a la que llamaba “la silla eléctrica”. Con ella recorría el Trastevere romano, en el que tenía un estupendo apartamento que era como la Ciudad prohibida de Pu-Yi, el último emperador. La película que cierra su carrera, Tú y yo, la rodó muy cerca de su casa y siempre sobre su silla de ruedas. En aquella película volvió a sus obsesiones: el fin de la infancia, la belleza, la juventud, la huida de lo convencional en una vieja casa, en una decadente ciudad europea…

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Otra de sus grandes obsesiones, y posiblemente el gran tema de Bertolucci, fue el turista como personaje, el extranjero perdido en un mundo al que no pertenece. En La estrategia de la araña un joven regresa a la ciudad donde su padre fue asesinado antes de que él naciera. Marlon Brando en El último tango en París es un americano viudo y en crisis, en El último emperador Pu-Yi es extranjero en su propio país, en El cielo protector una pareja de americanos, también en crisis, buscan nuevas experiencias en África y un niño americano es reclamado como lama en El pequeño buda.

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Hay más ejemplos. En Belleza robada otra americana vive en Italia su despertar sexual. Además es huérfana y quiere conocer quién fue su verdadero padre. En Asediada una africana exiliada vive una pasión con un pianista en una vieja casa y en Soñadores dos jóvenes hermanos invitan a un americano a hacer un trío. También en París y en un viejo apartamento.

En esta película Bertolucci regresó a otro de sus temas: el incesto, también tratado en Antes de la revolución, Tú y yo y en La luna. La homosexualidad (El conformista) y la bisexualidad (El último tango, Novecento, El último emperador y Soñadores) también fueron recurrentes en su cine.

Además del sexo, la política es importante en Bertolucci, comunista y antifascista. En Antes de la revolución un joven coquetea con el comunismo y el peligro del fascismo ya aparece en La estrategia de la araña y en El conformista, por la que Bertolucci logró una nominación al Oscar al Mejor Guión y su carta de presentación internacional.

Su película más ideológica, eso sí, es Novecento. En ella resurgió ese pasado de Parma, tierra de partisanos y comunistas. Para el recuerdo quedan esas palabras de Olmo (Gérard Depardieu hablando a los espectadores), muy vigentes hoy: “Los fascistas no son como los hongos, que nacen en una anoche. No, han sido los patronos quienes han plantado a los fascistas”. Bertolucci se ha ido triste y preocupado con el ascenso de Amanecer Dorado.

Aunque su gran éxito académico fue El último emperador, intuyo que, junto a Novecento, la película que mejor va a envejecer de su carrera es El último tango en París, que en Italia fue condenada con penas de cárcel para Bertolucci, los actores y el productor, aunque al final les concedieron la libertad condicional.

Brando se interesó por el personaje y quedó con Bertolucci para conocerse. En aquella entrevista el director habló nervioso, pero Brando ni le miró a la cara. Cuando el italiano le preguntó qué miraba, le dijo que su pie, que no dejaba de moverse. Tras esta marciana entrevista, Brando aceptó el papel y se pasaron quince días hablando. De todo menos de la película, claro.

A diferencia de lo que pensaban los españoles que fueron a Perpiñán, El último tango en París no tiene nada de erótico y mucho de vacío existencial y de provocación. Habla de la pareja y su absurdo. La idea de Bertolucci era mostrar a una pareja que no es una pareja. Y el resultado es un atentado contra el enamoramiento a lo Hollywood, el encuentro de dos extraños que se atraen sin más y no quieren arruinar esa unión por las convenciones sociales, por lo que dicen que debe ser la pareja. Como dice Brando en un diálogo, en esa pareja no debe haber ni nombres.

Bertolucci hizo su mejor cine cuando el cine importaba y se financiaban películas que no eran pueriles chorradas, cuando había productores que sabían de cine y lo amaban. Tuvo suerte y talento, pudo hacer películas grandes y hermosas y también pequeñas e igual de bellas. Patinó en unas cuantas, como todo el que ambiciona y se la juega, pero nunca hizo una película que no quisiera hacer. Hasta siempre.