Napoléon, la película maldita de Kubrick

  • “Me fascina el personaje. Su vida se ha descrito como un poema épico de acción y su vida sexual era digna de Arthur Schnitzler”, declaró Kubrick
  • En el guión se puede leer la siguiente nota: “Erotismo máximo”. A saber lo que era eso para Kubrick, un director bastante escrupuloso a la hora de tratar el sexo en sus películas

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HBO lleva años cocinando la adaptación de un guión de Kubrick sobre Napoleón Bonaparte. El director de True Detective, Cary Fukunaga, estuvo involucrado en el proyecto, al igual que Baz Luhrmann (Moulin Rouge!) y Steven Spielberg, que ya adaptó un proyecto de Kubrick: Inteligencia Artificial. ¿Hubiese estado Kubrick de acuerdo en que otro dirigiese su Napoleón? ¿Y en una miniserie de seis horas, como se ha afirmado? Jan Harlan, cuñado y productor del director, fue claro hace años: “Stanley nunca ofreció Napoleón a nadie más porque el guión era hijo suyo”.

Hacer cine es un milagro. Casi todos los guiones que se escriben acaban en un cajón por falta de financiación y solo unos elegidos logran ponerlos en marcha. O “luz verde”, que es como en Hollywood llaman a conseguir que un estudio dé el visto bueno a un guión. Hasta el mismísimo Stanley Kubrick sufrió en su carnes tener que dejar en un cajón un guión muy mimado.

En 1968 Kubrick acababa de lograr un éxito mundial con 2001, una película que en un principio parecía que iba a ser un fiasco de taquilla. Pero los chicos del ácido y la marihuana vieron en ella, y sobre todo en su tramo final, todo un “viaje” en la pantalla del cine de su barrio. Ante las cifras de taquilla, la Metro aceptó financiar el siguiente proyecto de Kubrick, su Napoleón. En concreto la escritura del guión y los sueldos de los asistentes que contrató el director para documentarse.

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El escritor Joseph Gelmis (autor del interesante ensayo El director es la estrella) le preguntó a Kubrick por qué estaba tan interesado en la figura de Bonaparte, a lo que respondió: “Me fascina el personaje. Su vida se ha descrito como un poema épico de acción y su vida sexual era digna de Arthur Schnitzler”. Conviene recordar que de Schnitzler Kubrick acabó adaptando su obra Relato soñado en Eyes Wide Shut. Y, de hecho, en el guión de Napoleón hay una escena en una orgía muy parecida a la de su última película. Como Tom Cruise en Eyes Wide Shut, en el guión Bonaparte trata con una prostituta cómplice y lo hace en una orgía. En esta escena Napoleón es descrito como un provinciano escandalizado.

En esa orgía conoce a Josefina y lo suyo es amor a primera vista. En el guión ella aparece como una mujer sexualmente liberada. De hecho, le engaña con el capitán Carlos Hipólito y Kubrick llegó a escribir una escena de cama en la que ella y su amante disfrutan de sus cuerpos rodeados de espejos. En el guión se puede leer la siguiente nota: “Erotismo máximo”. A saber lo que era eso para Kubrick, un director bastante escrupuloso a la hora de tratar el sexo en sus películas.

Finalmente, Napoleón deja a Josefina y se casa con María Luisa de Austria, que da a luz un niño enfermizo que muere pronto, como pasa en Barry Lyndon, película para la que Kubrick reutilizó gran parte de su trabajo de documentación de época.

Kubrick fue un cineasta con una tremenda ambición. Buscaba siempre “la película definitiva”. La película definitiva de la Guerra Mundial (Senderos de gloria), de la guerra nuclear (¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú), de ciencia ficción (2001), de terror (El resplandor), de Vietnam (La chaqueta metálica)... Hacer "LA" película de Napoleón le motivaba y por eso sentenció: “Nunca se ha hecho una película buena o precisa sobre él”. Por desgracia olvidaba esa obra maestra, muda y de 1927, llamada Napoleón, de Abel Gance.

El trabajo de documentación para Napoleón ha sido de los más comentados de la historia del cine y, de hecho, Taschen editó un libro de lujo con todo lo que hay conservado del proyecto, para el que Kubrick leyó 200 libros sobre el tema. Fueron relatos del XIX y biografías más actuales, publicadas hasta finales de los 60. En su desmesurado archivo Kubrick catalogó todo: desde lo que le gustaba comer a Napoleón hasta la climatología del día de una batalla en concreto.

Para esta vasta y detallada investigación, fue asesorado por el profesor de Oxford Felix Markham, un tipo que llevaba 35 años estudiando la figura de Bonaparte. Kubrick compró los derechos de la biografía que le había dedicado y contrató a 20 estudiantes para que le leyesen y resumiesen biografías y así coleccionarlas en un archivo con las 50 figuras históricas más importantes de la película. Lo hicieron en tarjetas mecanografiadas que deslumbraron a todos los miembros del equipo, entre ellos el director de fotografía John Alcott, que llegó a decir que Kubrick sabía donde estuvo Napoleón cada día de su vida y quién le acompañaba.

Un joven Andrew Birkin, que años más tarde adaptaría para el cine la novela El nombre de la rosa, visitó diferentes países de Europa en busca de las localizaciones ideales. En Francia lo hizo con una carta de André Malraux (entonces Ministro de Cultura) que le abrió todas las puertas posibles, entre ellas las del Palacio de Versalles e infinidad de museos para ver y clasificar mobiliario, objetos, vestidos, uniformes... Stanley, a modo de general en su cuartel general, no se movió de su mansión.

¿Y cómo es aquel guión? Cuenta con un narrador en primera persona, como en La naranja mecánica, que es la película que Kubrick acabó haciendo finalmente tras 2001. El guión empieza en su juventud, en la academia militar, igual que la película de Gance. En el texto el joven Napoleón es gordo, orgulloso y asocial, un poco como el propio Stanley en su verdor.

Destacan en el guión algunas escenas muy duras (la muerte de unos soldados abrasados en un casa mientras otros soldados helados asan trozos de caballo en las ascuas del siniestro) y acaba con Napoleón en su lecho de muerte y recordando a Josefina.

En septiembre de 1969 Kubrick entregó por fin el guión a la Metro, pero el estudio había perdido el interés por él. Ya no se llevaban las grandes producciones de época y las que se hacían fracasaban. Además, Rober O´Brien, presidente de MGM, fue sustituido por Louis Polk, un tipo rudo que no sabía nada de cine (venía de la industria de los cereales). La puntilla la dio el estreno de Waterloo, con Rod Steiger. Fue un tremendo fracaso de público y crítica que hizo que la figura de Bonaparte se convirtiese en veneno para la taquilla.

El propio Napoleón Bonaparte dijo que con su vida se podría escribir una gran novela, Kubrick vio en él una gran película y ahora HBO cocina una gran serie. Muchos esperamos verla algún día.

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