Coppola cumple 80 con Megalopolis en su agenda

  • Francis, como tantos de su generación, pidió cobijo en la factoría del productor y director Roger Corman, maestro de la serie B
  • Con 32 años ganó su primer Oscar y lo hizo por una película de la que había sido despedido como guionista: 'Patton'

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Hoy Francis Ford Coppola cumple 80 años. El guionista y director de la trilogía de El padrino, quizás la obra cinematográfica más ambiciosa y a la vez magistral de la historia, no es solo un cineasta, es mucho más. Coppola es un revolucionario y a la vez un ambicioso capitalista, un artista y también un financiero. Es guionista, director, productor, editor de revistas, viticultor, vendedor de pastas y salsas, empresario hotelero... Un gigante como los que ya no nacen.

Nacido en Detroit, la ciudad del automóvil de la que hablaría en Tucker: Un hombre y su sueño, de niño Coppola sufrió de la polio, enfermedad que lo llevó a quedarse en cama durante mucho tiempo. Aislado en su casa, el pequeño Francis se pasaba los días leyendo. Mientras sus amigos jugaban, él se educaba, dibujaba, escribía, imaginaba. Era como el personaje de Jack, un niño aislado del resto y prematuramente adulto.

Su primer gran arrebato creativo fue el teatro y la dirección de actores, que le fascina. A los 18 años entró en la universidad de Hofstra para estudiar arte dramático. Allí destacó enseguida gracias a una representación de Un tranvía llamado deseo y conoció a un joven James Caan, al que llamaría más tarde para Llueve sobre mi corazón y El padrino. Los dos dejaron el teatro para centrarse en el cine, en el caso de Coppola estudiando en la UCLA, donde coincidió con otro joven llamado Jim Morrison. A ninguno de los dos les entusiasmaba el plan de estudios del centro.

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Mientras estudiaba, Francis, como tantos de su generación, pidió cobijo en la factoría del productor y director Roger Corman, maestro de la serie B, los autocines y los presupuestos ajustados. Como Coppola, gracias a Corman (también nacido en Detroit hace ya 93 años) iniciaron sus carreras Martin Scorsese, Peter Bogdanovich, Jonathan Demme, James Cameron, Ron Howard, Bruce Dern, Peter Fonda, Dennis Hopper, Robert De Niro y Jack Nicholson.

Bocetos del proyecto 'Megalópolis'

Su debut, con Corman, fue Dementia 13. No acabaron muy bien, el calendario de trabajo era demencial y el presupuesto ínfimo. Tras esta experiencia, e influido por el cine de jóvenes cineastas como Richar Lester (famoso por sus película para los Beatles), Coppola rodó Ya eres un gran chico, proyecto de fin de carrera con el que logró matrícula de honor. Con tan buenas credenciales, saltó al cine de estudio (Warner Brothers) y se la pegó con el olvidable musical El valle del arco iris.

Decepcionado por la experiencia, rodó una película independiente y de carretera llamada Llueve sobre mi corazón. Y lo hizo mientras, en otras carreteras, Fonda y Hopper estaban rodando la película que lo cambiaría todo en Hollywood: Easy Rider. Llueve sobre mi corazón está inspirada en una bronca entre sus padres y en la huida de su madre de casa. Imaginándosela sola en una barata habitación de hotel, le surgió la idea de esta delicada película que se alzó con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 1969, año en el que Coppola fundó, junto a su joven pupilo George Lucas, su añorado sueño: la compañía American Zoetrope.

La de los setenta es su década. Coppola es el referente para el resto de jóvenes cineastas, el guía, el ejemplo a seguir, el más respetado y envidiado. Con 32 años ganó su primer Oscar y lo hizo por una película de la que había sido despedido como guionista: Patton. Este Oscar fue una auténtica bendición porque en esos momentos Coppola estaba rodando El padrino, producción de la que iba también a ser despedido. El Oscar ayudó a acabar el rodaje y a crear la leyenda: El padrino fue un bombazo mundial para Paramount, que apoyó al director en la magistral secuela de la saga de los Corleone y La conversación, otra obra maestra de Coppola, que en 1975 ganaba el Oscar al Mejor Director por El padrino II, también Oscar a la Mejor Película. Entres las nominadas en esta categoría, además, estaba La conversación.

Reconocido por la industria, la crítica y el público y millonario, más alto no podía llegar. De hecho, desde entonces todo fue cuesta abajo. Coppola ambicionaba lograr lo que no logró su admirado Orson Welles: adaptar a la gran pantalla El corazón de las tinieblas. La idea, planteada por John Milius, era adaptar la novela a la Guerra de Vietnam. Con Apocalypse Now Coppola casi se divorcia y se arruina, algo que sucedería finalmente con el musical Corazonada, un bestial batacazo en taquilla que supuso el desmantelamiento de sus estudios Zoetrope y una obscena deuda bancaria.

Logo de Zoetrope Studios. / Zoetrope Studios

En los ochenta Coppola se centró en sus viñedos en el Valle de Napa y se dedicó a pagar deudas haciendo cine de encargo, alimenticio. Sus tres mejores obras de esta etapa son Rebeldes, La ley de la calle y Tucker: Un hombre y su sueño. No han aguantado tan bien el paso del tiempo películas como Cotton Club, Peggy Sue se casó, Jardines de piedra y su mediocre cortometraje para la película colectiva (junto a Woody Allen y su amigo Martin Scorsese) Historias de Nueva York. Por dinero hasta llegó a dirigir otro corto: Capitán EO, para Michael Jackson.

Los noventa suponen el regreso del mejor Coppola aceptando una oferta que no pudo rechazar: El padrino III, un magnífico cierre de la trilogía sin llegar, eso sí, a las cotas de la II. El público también respaldó en masa su Drácula, la película con la que acabó de pagar sus deudas millonarias. También estrenó en esta década dos mediocridades: los encargos Jack (posiblemente su peor película) y Legítima defensa.

El resto es olvidable o mediocre. En los 2000 Coppola se embarcó en proyectos cada vez más independientes y que nadie vio en las salas. Es el caso de El hombre sin edad (otra vuelta de tuerca a una de sus grandes obsesiones: el paso del tiempo), Tetro, Twixt y el experimento con el que regresó a sus orígenes teatrales: Distant Visión.

Parece que estamos ante una obra cerrada y acabada, pero ¿y si el mago Coppola tiene otro conejo en la chistera? ¿Y si logra despedirse a lo grande? Si hay una película jamás filmada tan famosa como el Napoleón de Stanley Kubrick o el Nostromo de David Lean, es el Megalópolis de Coppola. El guion, metido en un cajón tras los atentados terroristas del 11-S, habla de la lucha de poder entre un arquitecto megalómano y el alcalde Nueva York, los dos enfrentados por la remodelación urbanística de la ciudad tras quedar arrasada. Y hay más que un guión, Coppola guarda decenas de bocetos y arte conceptual entorno al proyecto, llegó a buscar algunas localizaciones y hasta a rodar planos con una segunda unidad.

Coppola, en una imagen de archivo.

El director ha declarado a Deadline: “Planeo trabajar en un proyecto mayor utilizando todo lo que he aprendido en mi larga carrera, empezando a los 16 años haciendo teatro. Y será una épica a gran escala. Es algo inusual, será una producción con un gran reparto. No estará entre las modas que se producen ahora, pero intentaré, desearé y me esforzaré para que comience la producción este año”.

De hecho, el proyecto ya está anunciado en el portal IMDb, cosa que tampoco significa que la película se ruede. ¿Se ha marcado Francis un farol? ¿Habrá algún estudio interesado? ¿Se costeará su despedida con lo que gana con sus viñedos y sus hoteles? ¿Le echará un cable su amigo y multimillonario productor George Lucas? ¿Saben en Netflix algo de esto?

Sea como fuere, feliz cumpleaños, maestro.

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