Monty Python’s Flying Circus: “¡Y ahora algo completamente diferente!”

  • La herencia de esta obra es inabarcable. Cientos de humoristas de todo el mundo los han imitando y los siguen imitando
  • Los Python partieron de un humor británico que hicieron universal. Sus gags llegaron a todo el mundo

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Y tanto que diferente. Los Monty Python dejaron el mundo de la televisión patas arriba. Este año se cumplen 50 del estreno en la BBC del programa Monty Python’s Flying Circus, pasaporte a la fama y al mito del grupo cómico formado por Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin. Su espacio fue transmitido de 1969 a 1974 en 45 capítulos y 4 temporadas.

Que se junte un dúo de cómicos es algo complicado, tres cómicos es más difícil y seis ya una locura. Y no digamos seis comediantes con semejante talento para la comedia. Eso es un prodigio, que es lo que fue la creación del los Monty Python, cuyo origen es universitario. Terry Jones y Michael Palin se conocieron en la universidad de Oxford y John Cleese, Graham Chapman y Eric Idle en Cambridge. Terry Gilliam fue el último en entrar y en el piloto de la serie aparece separado del resto en los créditos. 

John Cleese y Graham Chapman fueron los primeros en ser conocidos y la BBC, que los admiraba, les pidió un nuevo y más atrevido programa de humor. Pero Cleese estaba harto de las borracheras y los colocones de Chapman, que llevaba una vida más que disoluta. Quería estar más arropado, así que llamó al resto, incluido Gilliam y sus estupendas animaciones

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Lo primero que decidieron fue el nombre. Buscaban un título loco y ridículo y les gustó Monty Python. El Circus vino porque el jefe de comedia de la BBC siempre decía, cuando los veía por los pasillos de la cadena, que parecían un circo. Y el Flying finalmente llegó porque lo habían visto en exhibiciones de patrullas aéreas llamadas Flying Circus. Les gustó la conjunción y se quedó para siempre. 

Los Monty Python.
Los Monty Python. / Netflix

Los Python partieron de un humor británico (aunque Gilliam era yanqui) que hicieron universal. A todo el mundo (y sin internet, solo gracias a emisiones televisivas y al videoclub) llegaron sus gags. De boca en boca estaban aquellas recurrentes piezas cómicas como Spanish Inquisition (Palin, Gilliam y Jones aparecían al grito de ‘‘Nadie espera a la Inquisición española’’ cuando alguien nombraba al Santo Oficio) o personajes como Arthur Pewtey (Palin), un tipo gris, aburrido e inadaptado, una clara coña a la clase alta británica.

Otros sketches recurrentes y legendarios son The Fish Slapping Dance y Ministry of Silly Walks, con andares que Cleese, que parecía de goma, bordaba. Cleese también se hizo famoso como locutor de la BBC que enlazaba sketches con una frase que fue el emblema de la serie: “¡Y ahora algo completamente diferente!”. De hecho, la surrealista frase se hizo tan famosa que la primera película de los Python fue And Now for Something Completely Different y que un ingenioso distribuidor español lo cambió por Se armó la gorda. El festival del humor. 

Otros personajes recurrentes son los Gumbys, interpretados por todo el grupo y que era una parodia del inglés bestia y de clase obrera. Los Gumbys son bigotudos gafosos que visten con pantalones remangados por las rodillas, botas de goma altas, tirantes sobre el jersey y pañuelo en la cabeza y hablan a gritos.

Los Monty Python se dividían el trabajo de esta manera: Cleese y Chapman por un lado y Palin y Jones por otro. Idle trabajaba a su bola y muchas piezas estaban animadas por los collages de Gilliam. Y todo de forma artesanal, sin un ordenador de por medio. Por eso todavía hoy se ven tan auténticos. Pero el humor de los Phyton no viene de la nada. Uno de sus principales referentes es el cómico Spike Milligan, al que John Cleese calificó como “el Dios de todos los cómicos”. Milligan, desconocido en España, fue un irlandés de origen indio que empezó con Richar Lester (director de las pelis de los Beatles) y tiene una pequeña aparición como profeta en el gran éxito de los Phyton La vida de Brian.

Milligan no solo es un referente por su particular humor, sino por haber creado un pionero grupo cómico junto a Peter Sellers, Harry Secombe y Michael Bentine en una serie radiofónica que fue un boom en el Reino Unido llamada The Goon Show. Desgraciadamente, Milligan sufría un devastador síndrome maníaco depresivo y llegó a pensar que debía matar a Peter Sellers y hasta lo intentó con un cuchillo. 

Los Python son los Beatles de la comedia, y de hecho entablaron amistad con el Beatle George Harrison, que les produjo, tras el cierre del Flying Circus, su valiente La vida de Brian. Lo hicieron tras Los caballero de la mesa cuadrada y antes de su más redonda y ambiciosa película: El sentido de la vida. En ella se mofaron de absolutamente todo, incluida la existencia, dios y la muerte. Y lo hicieron en los tiempos en los que había mucha más libertad que hoy para el humor, tiempos en los que no había redes sociales, tanto ofendido, miedo y autocensura.

Sacar adelante la película que se burlaba de los milagros fue un milagro. Ya tenían hecha media producción cuando el presidente de EMI Films leyó el guión y se quedo blanco. El directivo que había dado la luz verde al proyecto, Bernard Delfont, gritó: “¡No permitiré que la gente diga que yo me burlé del jodido Jesucristo!”. Fue uno de sus gags, pero en la vida real. Afortunadamente, a George Harrison le fascinaba el guión y para rodar y estrenar la película hipotecó algunas propiedades y creó su propia productora: HandMade Films.

La última temporada de Monty Python’s Flying Circus solo tuvo seis episodios. Cleese ni aparecía, se fue a hacer la serie Fawlty Towers. Además, el grupo empezó a sufrir una censura de la que estaban hartos. Aunque volvieron con algunos gags muy logrados, fue la peor temporada.

La herencia de Monty Python’s Flying Circus es inabarcable. Cientos de humoristas de todo el mundo (en solitario o como grupo cómico) los han imitando y los siguen imitando. Su uso de iconos culturales e intelectuales sacados de su contexto para hacer reír (como esos filósofos que juegan al fútbol o esos famosos pintores que practican ciclismo) hizo que su parodias fuesen tildadas de humor inteligente. Eso sí: en Monty Python’s Flying Circus las risas eran enlatadas, un recurso muy común entonces pero no muy elegante. 

Otra curiosa herencia es informática, ya que el término spam y el lenguaje de programación Python son homenajes a esta legendaria serie que en España se puede disfrutar en Netflix. Merece la pena volver a ella, muchos de sus gags siguen siendo tronchantes y alegran la existencia.  

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