Matrix: ¿un clásico o una filfa?

  • Para celebrar los veinte años de su exitoso estreno, Matrix vuelve a las salas de cine y además en alta definición 4K

Para celebrar los veinte años de su exitoso estreno, Matrix vuelve a las salas de cine y además en alta definición 4K. La película, es sin duda, lo mejor que han rodado y escrito Lana y Lilly Wachowski, ahora hermanas y antes hermanos (Larry y Andi). Se cambiaron de sexo. 

Matrix no solo fue un espectacular bombazo de taquilla de 400 millones de dólares, además fue generosamente estudiada y analizada. Y no solo por críticos, también por docentes y filósofos. Hay que reconocer que el puré de las Wachowski era un caramelo: cavilaciones zen mezcladas con algo de la figura de Jesucristo y un poco de Philip K. Dick, Alicia en el País de la Maravillas, Alicia a través del espejo, la caverna de Platón, Buda, Descartes, la Biblia, Un mundo feliz de Aldous Huxley... Y todo unido a sus fusilamientos visuales: gafas de sol, gabardinas y ropa oscura del cine de John Woo, estética y planificación de Ghost in the Shell y todo aquel rollo cyberpunk. 

Cada lector tendrá su opinión sobre Matrix. Unos pensarán que, efectivamente, es un indiscutible clásico del cine y otros que ni de lejos y que la película es atractiva visualmente pero bastante filfa, aunque lo cierto es que Matrix fue todo un acontecimiento mundial y en dos décadas ha sido muy influyente para otras cintas. 

Lo primero que cautivó a la audiencia fue su historia: como en Terminator, tras una dura guerra los seres humanos han sido esclavizados por las máquinas. La raza humana, cultivada en masa, es usada para obtener “energía” (esto muy bien no se explica). Los humanos están conectados a una realidad virtual que es nuestro mundo como lo conocemos hoy. Los pocos humanos que quedan libres entran a la Matrix para liberar a otros humanos y, también como en Terminator, hay quien cree que existe un elegido para acabar con las máquinas. 

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El guión de Matrix pesaba una barbaridad, era un tochazo de 600 páginas que fueron enviadas al poderoso ejecutivo de Warner Lorenzo Di Bonaventura, que al leerlas quedó prendado de aquella mezcla que olía a millones de dólares. Di Bonaventura, para que se hagan una idea, es el responsable de producir bazofia como Doom, Transformers o G. I. Joe. 

La ambiciosa obra de las hermanas Wachowski quedó completada gracias a Jeff Darrow, que dibujó el storyboard de la película. Darrow había colaborado con el mítico Moebius cuando trabajaba en la película Tron. También entabló amistad con el no menos mítico Frank Miller, que le fichó como colaborador en Sin City: A Dame to Kill For. Digamos, usando las palabras adecuadas, que más que un dibujante de planos, Darrow fue el diseñador conceptual de toda la saga Matrix, ya que ha participado en las tres películas de Warner. 

Tras la luz verde de este estudio, la producción duró cuatro largos años y el rodaje seis intensos meses entre Estados Unidos y Australia, donde se rodaron las escenas en el metro y la fabulosa escena del helicóptero que se choca contra un rascacielos. Y además de largo fue un rodaje duro. Los actores estuvieron entrenando de forma intensiva, y durante cuatro meses, para poder rodar las escenas de acción y peleas, típicas del cine de artes marciales. Y, para colmo, Keanu Reeves tenía dañada la médula espinal y tuvo que llevar una incómoda faja lumbar. 

Tras un exitazo de taquilla que llenó de gozo a Warner, la película fue nominada a cuatro Oscar: Mejor montaje, sonido, efectos sonoros y efectos visuales, unos fabulosos trucos y movimientos de cámara nunca vistos hasta entonces y que fueron imitados durante años tanto en películas de acción como en la publicidad.

La crítica se dividió entre los entusiastas y los que decían que la cosa no era para tanto. El famoso crítico Roger Ebert dijo que la película era entretenida, pero podría haber sido mucho más. En España Jesús Ruiz Mantilla coincidió con Ebert y dijo en El País: “Deslumbra y es un gran espectáculo digno de ser visto, pero se pierde un poco dentro de un pretencioso eclecticismo”. El que se emocionó de verdad fue William Irvin, que en su ensayo Matrix y la filosofía escribió: “Es la película más filosófica que se haya hecho nunca”. Se vino arriba.

Pasados ya viente años de su estreno, no se puede negar que el término Matrix ha entrado en el subconsciente colectivo. La palabra Matrix se usa desde hace muchos años para explicar que vives engañado, adocenado y que tu mundo no es real sino una simulación. Igual que cuando se hablaba del “Gran hermano” para hablar del poder manipulador y vigilante antes de que un infecto programa de telebasura lo tergiversara todo. 

Lo malo de todo el cocido pseudofilosófico que es Matrix es que en su cáscara cyberpunk se presenta una oda a la libertad, pero lo hace usando simbología judeocristiana. La película, brillante visualmente, acaba flotado entre dos aguas: su ambición de ser trascendente por un lado y hacer una película para el público masivo, cueros y karatecas por otro. También estoy con Ebert: Matrix es entretenida, pero podría haber sido mucho mejor.

Tampoco dice mucho que tras Matrix las hermanas Wachowski solo firmaran mediocridades: las innecesarias continuaciones (Matrix Reloaded y Matrix Revolutions), los videojuegos y las olvidables Speed Racer, El atlas de las nubes y El destino de júpiter.  Y ojo: se rumorea que regresan a Matrix y que la que se va a poner detrás de las cámaras será Lana y no Lilly.  

Nos parezca un clásico o no, los fans de Matrix o las nuevas generaciones de espectadores pueden ir a verla este verano a una gran pantalla y con aire acondicionado. La disfrutarán. O no. 

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