Joker: feroz película, soberbio Joaquin Phoenix

  • El cine inspiró al cómic y ahora es el cómic el que inspira al cine en una película que rompe, de manera brillante, con todos los paradigmas
  • La película capta la rabia de los tiempos, esa sensación de que estamos ante otra olla a presión que puede estallar porque nadie parece controlar la válvula de escape

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El personaje del Joker está inspirado, según contó el dibujante Bob Kane, en una fotografía de Conrad Veidt en la película El hombre que ríe, un film de 1928 basado en la novela de Victor Hugo. Cuando estaban inmersos en un nuevo número de Batman, el guionista Bill Finder se acercó a Kane, le mostró la foto de Veidt y le dijo: “Aquí está el Joker”. Eso sí: el dibujante Jerry Robinson negó este hecho y dijo que el padre del Joker fue él.     

Sea como fuere, el cine inspiró al cómic y ahora es el cómic el que inspira al cine en una película que rompe, de manera brillante, con todos los paradigmas, con lo que suele buscar un estudio de Hollywood y los espectadores. Porque estamos ante una de las más originales películas del año, un trabajo cinematográfico de primer orden y una interpretación escalofriante de Joaquin Phoenix, que ha adelgazado 23 kilos para crear su personaje.

Joker, León de Oro en el Festival de Venecia, es un raro y pequeño milagro en la manera de hacer las cosas en los grandes estudios de Hollywood. Todd Phillips venía de cerrar su trilogía de Resacón en Las Vegas y de rodar la comedia Juego de armas cuando propuso hacer una película sobre los orígenes del Joker, una idea que al él mismo le sorprendía que jamás se hubiese hecho. Para su sorpresa y la de tantos en la industria, Warner dio luz verde al guión y a un presupuesto de 55 millones de dólares, nada que ver con las cifras que se suelen manejar en las películas de superhéroes. En fin, a veces pasa, de vez en cuando ocurren fenómenos como este, que a un director de comedia golfa se le dé luz verde para hacer una rareza macarra como Joker.

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La película dura dos horas y te engancha desde su inicio hasta su violento y vertiginoso tramo final. Phillips ha dejado a Joaquin Phoenix construir el personaje con calma y sin afectar al ritmo del film, porque aquí de Batman poco (aunque hilan bien su relación con el hombre murciélago) y lo que interesa es el por qué, el origen de uno de los personajes de cómic más fascinantes de todos los tiempos. Para ello, el guión (de Phillips y Scott Silver) nos habla de una devastadora enfermedad mental desde el principio y relaciona, de forma inteligente, la obsesión del protagonista por ser gracioso con su mutación en otro ser y hasta en un icono, un líder del caos.

Y ese caos es lo que convierte a Joker en una película especial, insana, chunga, radical. Su referente más obvio es Taxi Driver. Igual que el de De Niro (no por casualidad uno de los villanos de Joker), el personaje que encarna Phoenix es un solitario machacado en su trabajo de mierda, hastiado del desprecio de los demás, de las burlas de sus compañeros de curro y de ser un bicho raro también para las mujeres. Partiendo del film de Scorsese, la película está magnificamente ambientada en los años setenta (y hasta recupera el logo de Warner de aquella década) y el Gotham que muestra es el Nueva York setentero: lleno de desesperanza, mala uva, suciedad, ratas, criminalidad... Y todo plasmado de forma muy real, sucia, cruda, seca. Tampoco hay apenas trucos digitales como en las películas de la franquicia DC.

Lo mejor de la película, junto al trabajo del equipo de arte, es la composición que ha logrado Joaquin Phoenix, ovacionado en Venecia. Seguramente se va a llevar el Óscar gracias a encarnar a este pobre hombre engañado y que se engaña viviendo fuera de la realidad. El trabajo que ha conseguido con sus carcajadas, que son risas y a su vez lloro y llanto, no resulta histriónico como en el caso de otros Joker en el cine. Soy fan del orondo Joker de Jack Nicholson, pero este Joker famélico, necesitado y medicado es otra cosa. ¿El mejor Joker de la historia? Es muy posible.

Un pero: aunque Phillips y Silver han logrado una estupenda construcción (y reinterpretación) del personaje y lo han ligado bien con el personaje del pijo de Bruce Wayne y su padre (un clasista prepotente), no han podido evitar caer en partes del guión poco creíbles. Aquí Joker asesina sin que la policía, personificada en una pareja de memos, haga nada. Y merodea en los alrededores de la mansión Wayne o entra el platós de televisión con armas de fuego como Pedro por su casa. Aunque esto se base en un tebeo, no todo vale. Tampoco la trampa argumental de usar imaginaciones del protagonista como si fuesen subtramas reales, eso es jugar sucio.

Mención a parte merece su estupendo sonido y la banda sonora. La compositora islandesa Hildur Guðnadóttir (Chernobyl) ha logrado un score muy eficaz, pero en la película destaca sobre todo el uso de temas como Smile, de Jimmy Durante, Laughing, de The Guess Who, White Room, de Cream y sobre todo That´s Life y Send In The Clowns, de Frank Sinatra.

Con Joker, donde tampoco faltan guiños a El rey de la comedia, también con De Niro y de Scorsese, Phillips ha logrado descolocar a las audiencia porque no estamos ante una peli de supehéroes, sino ante una de terror que no solo muestra de forma descarnada asesinatos a sangre fría, también habla de un sistema que abandona al más débil. Más que abandonarlo, se ríe de él. En Joker está más enfermo el mundo que el propio Joker.

Y aquí es donde entra la lectura más interesante de la película. Si bien los Batman de Burton eran frívolos entretenimientos de cartón piedra (aunque su Pinguino, huérfano y abandonado, tiene bastante relación con este Joker) y los de Nolan fríos y pretenciosos (aunque con un toque político, sobre todo en la tercera entrega), el de Todd Phillips apunta al verdadero villano: la codicia, el empresario de familia bien y bocazas que se mete en política (como Trump), la sociedad sin empatía, el sálvese quién pueda, la ley del más fuerte o el más trepa, tramposo, mentiroso... Joker da miedo porque es un espejo de lo que somos. Y da más miedo todavía cuando entiendes al pobre desgraciado que se transforma en un asesino descontrolado.

La película, que habla abiertamente del desamparo al que someten los poderosos a los más débiles (esa asistente social que es despedida y le dice al protagonista que los dos comparten la misma mierda) capta la rabia de los tiempos, esa sensación de que estamos ante otra olla a presión que puede estallar porque nadie parece controlar la válvula de escape. Porque el 95% estamos muy cabreados otra vez o más que nunca, porque cada vez nos quitan más y en la era de la rabia no estamos para tebeos y señores con capa. Por eso lo que toca es una de terror, porque el Joker es el terrorífico resultado de un sistema salvaje que está habituado a tirar a la basura a los enfermos, a los más vulnerables.

Pero tampoco hay que emocionarse, amigos. La película anarquista y punk de Warner ya la vimos antes y se llamó V de Vendetta. Se forraron con ella y la gente usó su famosa máscara en grandes manifas que ya nadie recuerda. Porque funcionó a tiempo la válvula de escape.

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