El Madrid de la dictablanda

  • La editorial Destino ha vuelto a editar el libro "Madrid. 1921. Un dietario. El advenimiento de la República", de Josep Pla
  • Valga esta nueva edición para rendir homenaje a uno de nuestros grandes escritores del siglo XX y uno de los grandes periodistas que dio el país
  • El lector catalán de aquellos años se encontró con artículos que daban cuenta de la vida cotidiana en Madrid pero visto con una distancia propia de un marciano

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“En Madrid hay una institución íntrinsecamente ciudadana, que es el café con leche. Mitad y mitad, dicen los castizos. Y las personas de temperamento hogareño suelen acompañar el potingue de color de tórtola con lo que aquí se llama media tostada, que se moja indecentemente en un líquido pálido y cortado”. Estas líneas bien pueden servir de aperitivo al lector sobre lo que se puede encontrar leyendo Madrid. 1921. Un dietario. El advenimiento de la República (Destino, 2020), que era libro prácticamente inencontrable hasta que Destino ha vuelto recientemente a editarlo, como una novedad después del confinamiento de los meses de marzo y abril. Es una novedad, relativa pues se ha reeditado alguna que otra vez pero siempre se agota y valga esta nueva edición para rendir homenaje a uno de nuestros grandes escritores del siglo XX y uno de los grandes periodistas que dio el país, como Manuel Chaves Nogales, César González Ruano, Julio Camba, Azorín, Wenceslao Fernández Flores... y, desde luego, el gran estilista, junto a Josep María de Sagarra, de la prosa catalana del siglo pasado.

Josep Pla, cuando tenía 23 años, fue a Madrid como corresponsal de un periódico catalán, La Publicidad, para dar cuenta de los acontecimientos políticos del momento. El lector catalán de aquellos años se encontró con una serie de artículos que daban cuenta de la vida cotidiana en la capital del Reino pero visto con una distancia propia de un marciano, única manera de poder rendir justicia y complicidad a la ironía. En esto el gran maestro es Jonathan Swift y Pla, en estas deliciosas páginas sobre Madrid, se comporta como si hubiese llegado al país de los yahoos. El resultado es un ramillete de crónicas sobre la situación política del país y de la ciudad que no tiene desperdicio, desde la anécdota del asesinato de Eduardo Dato en que la policía detuvo, se corrió la voz de que el que disparó había sido un catalán, a casi los dos mil catalanes que habitaban por entonces en la ciudad. Enterado Pla al día siguiente por su quiosquero, se hizo pasar por mudo para que el paisanaje no le descubriese el marcado acento ampurdanés que nuestro corresponsal tenía, hasta la del Directorio que se pedía en los bares donde te ponían a requerimiento una copa de Jerez rodeada de diez percebes, esto es, la copa simbolizando a Primo de Rivera, que era de esa ciudad andaluza, y los diez percebes, uno por cada ministro del ramo... O el recorrido maravilloso y maravillado que hace por los cafés donde descubre la mítica media tostada y la gozosa aventura que para él supuso el darse cuenta de la calidad de la cerveza que se fabricaba en Madrid, a la que sólo ponía por debajo de la checa y la alemana.

Estas impresiones en forma de artículo se publicaron en 1929 como libro, que luego fue muy ampliado en 1957 y se incorporó en 1966 a la edición que Josep Vergés estaba haciendo de la Obra Completa en Destino y cuyo primer volumen fue El Quadern Gris. Estamos refiriéndonos a los dos primeros títulos del libro; el tercero, El advenimiento de la República, fue escrito a raíz de la segunda estancia de Pla en Madrid a raíz de la proclamación de la República en 1931 como corresponsal de La Veu de Catalunya: catorce meses que median entre el 14 de abril de 1931 y mayo de 1932. Apareció como libro en 1933 y luego, en forma más ampliada, en 1974 y se le suele acompañar al libro que Pla escribió sobre Madrid en 1921 porque el escritor catalán no se alargó mucho en sus impresiones sobre la ciudad, y escasas son estas páginas para las que se solía gastar, él, el mayor grafómano de las letras españolas junto a Ramón Gómez de la Serna.

El que las estancias en Madrid se convirtieran en dietario lo explica Pla de forma deliciosa y quiere ser  convincente, por escéptico, pero no terminamos de creérnoslo: "¿Por qué razón se me ocurrió, estando en Madrid llenar las hojas de un dietario? A veces me lo pregunto. Es una necesidad que no he sentido en ningún otro lugar. Meditando alguna vez sobre ese punto, he llegado a pensar que el origen de tales veleidades hay que encontrarlo en que en Madrid nunca he tenido nada que hacer... Por otra parte, mi ambición es nula, tanto la política como la literaria. Por tanto, ¿qué voy a hacer en Madrid? Nada. Respirar. Vivir”

Lo  que le gustó a Pla de Madrid era la Castellana y pasear por ella. Le parecía que todo el mundo parecía feliz por el solo hecho de andar, saludarse y mirarse. No olvidemos que en aquellos años este paseo era la calle Mayor donde todo el mundo se paseaba a pie y se juntaba en las terrazas, al modo como en el siglo XIX la aristocracia se dejaba ver en carroza por el paseo del Prado. Pla escribe: "Siempre que paseo por Madrid, por el centro se entiende, me sorprende la cara que tiene la gente de estar encantada de la vida".

¿Lo que menos le gustó? La enorme influencia del andalucismo en la ciudad, influencia que según Pla alcanzaba hasta al lenguaje, con ese acento peculiar tan traído en la literatura y tan denostado y, desde luego, la proliferación de frases con metáforas taurinas.

Y luego, como el que no viene al caso, comenta: "Hablando en general los catalanes tenemos en Madrid fama de antipáticos".


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