2021, un año para recuperar los conciertos en vivo con la cultura en pie de guerra

  • La cultura en general y la música en particular ha sido una de las áreas más afectadas por la pandemia debido a la ingente cantidad de conciertos y espectáculos cancelados
  • Se calcula que el el agujero provocado por el coronavirus en el mundo de la música ascendería a 1.265 millones de euros
  • El sector ha organizado diferentes campañas para visibilizar una crisis sin precedentes. Varios músicos comentan a este medio sus sensaciones

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La pandemia de coronavirus que hemos vivido durante todo 2020 ha afectado no solo a la salud de miles, millones, de personas en todo el mundo. Las consecuencias económicas en muchos sectores han sido muy duras. Y lo seguirán siendo en los próximos tiempos. Sin quitarle relevancia a otros ámbitos laborales, la cultura en general y la música en particular ha sido una de las áreas más afectadas debido a la ingente cantidad de conciertos y espectáculos cancelados. A partir de los últimos coletazos de la primavera y el verano se volvieron a organizar conciertos y otros eventos en nuestro país pero a años luz, obviamente, de lo que hubiera supuesto un año “normal”. Ante esta situación ha destacado mucho la unión sin precedentes de todo un sector reclamando ayudas.

Ya a comienzos de abril se vieron las primeras campañas organizadas. Diferentes profesionales del sector musical de nuestro país se visibilizaron en redes sociales bajo el hashtag #SomosMúsica para pedir apoyos frente a la crisis causada por el coronavirus. Entre los mensajes lanzados aquellos días se encontraban los siguientes: “La Industria Musical será de las últimas en recuperarse de esta crisis sanitaria; esta industria va más allá de los cantantes y bandas que todos admiramos o seguimos; de esta industria, que en su gran mayoría se compone de autónomos o pequeñas pymes, viven miles de familias, hoy en día con un futuro más que incierto; no sabemos qué día y en qué condiciones vamos a poder retomar nuestra actividad; si tú también sientes la música como algo tuyo, lucha por ella y no dejes que pare; no devuelvas las entradas que ya tienes y compra futuros conciertos; compra música y merchandising; escucha música en streaming; apoya a los músicos y bandas a través de sus redes sociales; y sobre todo, no dejes de cantar”.

Era la época del confinamiento más duro y la música tuvo un papel importante. Hubo infinidad de conciertos gratuitos por Instagram, Facebook y otras vías. Festivales, canciones colaborativas, canciones compuestas específicamente en estos días...Con el paso del tiempo algunas voces comenzaron a señalar que el “todo gratis”, esa desnudez que mostraban los artistas para entretener a la gente durante los momentos más duros podría ser contraproducente. Se necesitaba valorar el trabajo de los músicos. Surgieron así las primeras iniciativas de conciertos streaming de pago.

Tanto algunas administraciones públicas como salas de conciertos o los propios grupos probaron algunos de estos experimentos. En líneas generales no se explotaron mucho estas iniciativas por los pocos ingreso económicos y rentabilidad que generaban en los trabajadores de la música.

Pasó el verano, época fuerte en nuestro país en cuanto a festivales musicales se refiere. La situación sanitaria impedía cualquier tipo de celebración parecida. Se hicieron bastantes conciertos, sí. Pero ya saben, aforos reducidos y medidas de seguridad mandaban. Las cuentas del sector no salían. Surge entonces un movimiento histórico y sin precedentes en el sector. Con una voz de alarma: Alerta Roja.

La iniciativa congregó a a profesionales de todo tipo, porque el sector no es solo el artista “famoso” y reconocido: las organizaciones, asociaciones, plataformas, federaciones, foros, empresas, salas de conciertos, oficinas de management, promotoras, productoras discográficas, locales de ensayo, estudios de grabación, empresas de personal auxiliar, fabricantes, distribuidores, equipos de alquiler, logística, orquestas, feriantes, productorxs, artistas profesionales, músicos, servicios eléctricos, montadorxs, servicios y proveedores de fiestas, barras en fiestas... así como cualquier otra organización o estructura empresarial que estén vinculadas de alguna manera a este amplio sector”.

En casi 30 ciudades se realizaron manifestaciones el 17 de septiembre para reclamar soluciones a un sector que, según apuntaron, estaba empezando a entrar en la ruina. Del mismo modo comenzó a circular un lema: #CulturaSegura para reivindicar que los espectáculos cumplían los protocolos y no se habían producido contagios en ninguno de ellos.

Otra de las campañas lanzadas para visibilizar la difícil situación de la música fue protagonizada por las salas de conciertos el pasado 18 de noviembre. Decenas de salas programaron para ese día conjuntamente lo que llamaron “último concierto”. Según señalaban, las pérdidas acumuladas por las salas de conciertos de nuestro país hasta final de año sumarán 120 millones de euros. Se han cancelado unos 25.000 conciertos desde marzo hasta finales de este año. Una situación que afecta a 5.000 trabajadores directos y un par de decenas de miles indirectos. La acción comunicativa, simbólica, consistió en anunciar una programación potente de artistas para ese día pero a la hora fijada los conciertos fueron silencio.

La plataforma Alerta Roja volvió a salir a la calle el pasado 1 de diciembre, esta vez bajo el lema de Alerta de Luto. Los representantes de Alerta Roja, que llegaron a reunirse con el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, y con la de Trabajo, Yolanda Díaz, denunciaron "las promesas incumplidas" en esos encuentros y no haber sido recibidos aún en el Ministerio de Seguridad Social. En esa línea solicitaban medidas como la homogeneización de las recomendaciones entre Gobierno y comunidades autónomas respecto a aforos, autorización de entradas y demás cuestiones modificadas por la actual situación.

¿Qué opinan los músicos?

Durante este año, en cuartopoder hemos tenido la oportunidad de hablar con diferentes músicos que han presentado novedades. Obviamente uno de los principales temas de conversación con ellos ha sido saber cómo han afrontado la situación de pandemia.

Curiosamente, para algunos músicos la pandemia ha sido una oportunidad. El caso más evidente es el de Stay Homas, un grupo creado específicamente durante el confinamiento y cuya calidad musical, desde su terraza en Barcelona, sorprendió en todo el mundo. Meses después han tocado ya en directo con público, limitado, y han grabado su primer disco. Esto nos comentaban allá por abril: “Al principio nos preocupaba mucho la situación, nos habíamos quedado en el paro. Las giras con nuestros grupos se habían cancelado. No sabemos qué panorama nos vamos a encontrar cuando salgamos de aquí. En este país en concreto, siempre que hay una crisis o recesión la cultura pilla mucho. Toda la gente, montadores, técnicos, gente relacionada con eventos y cultura va a pasarlo mal. Cuando se retome la actividad, nosotros seguramente no podremos hacer conciertos hasta más tarde, a lo que hay que sumar que no habrá ayudas para este sector seguramente”.

En mayo charlamos con Gabriel Ortega y Salvador Amor, integrantes de Rojo Cancionero. “El sector cultural u obrero no hemos existido nunca en las planificaciones. Ya estaba nuestro sector descuidado, no estamos considerado ni obreros. Vamos a ser los últimos en recuperarnos, pero estamos acostumbrados a los palos y resistiremos”, comentaba Amor. “Creo que es un momento muy difícil. Además, en nuestro país todavía subyace un cierto menosprecio a la cultura como profesión. Hay un poco creencia y querencia sobre esto, que además es ideológicamente transversal. No solo sucede en las derechas. Hay una infravaloración de la importancia de la cultura. Y es un colectivo mucho más proletarizado de lo que la gente se piensa”, señalaba por su parte Ortega.

Stay Homas. / Cedida

Vetusta Morla lanzaron un disco en mayo. Hablamos por ese motivo con el guitarrista Guille Galván. Algunas de sus ideas: “Una de las cosas de las que ha servido esta pandemia en cuanto a lo cultural es darnos cuenta de que todos hemos tirado de la cultura. Es un refugio en un momento en el que vienen mal dadas. Es un espejo, es lo que nos une. ¿Quién no ha leído un libro, ha visto una película o se ha refugiado en algo cultural durante este tiempo? Cada sector tiene sus peculiaridades y en el caso de la música, yo no creo que haya sustitutivos a un concierto tal y como lo tenemos en la cabeza. Puede haber otros formatos que en un momento dado pueden ser hasta graciosos a nivel de streaming o diferentes, como lo de los conciertos en autocines. Pero con el tiempo los veremos como algo exótico que tuvo su gracia. No creo que venga para quedarse (…) Lo que le pediría a la gente es que siga valorando la cultura que tenga a mano. No solo la gran cultura sino la emergente. Legislar para la cultura no es solo meter pasta para que vengan grandes bandas de fuera o para que haya festivales grandes. Es hacer lo posible para que haya gente que se forme, para que haya escuelas de música, que haya chavales que tengan referentes y que puedan imaginar una vida mejor relacionada con la cultura (…) Por otro lado, creo que hay un error tremendo en las ayudas a la cultura que se han ofrecido ahora, y es dejar fuera a los técnicos. Porque los técnicos culturales no están contemplados en las ayudas que han ido saliendo. Creo que es no entender mucho de cómo funciona esto pensar que la cultura es solo cosa de artistas. La música es lo que es gracias a los técnicos. Si no, no habría conciertos”.

Otro grupo que ha lanzado disco a la calle este año es Ciudad Jara, proyecto personal de Pablo Sánchez, excantante de La Raíz. En su caso, lo hicieron justo antes de que estallara la pandemia. Como tantos otros, se quedaron sin gira de presentación como tenían pensada. Esto nos decía en el mes de junio. “Es una situación muy jodida. Pero creo que viene de lejos. El hecho de que el mundo de la cultura no esté claramente regulado viene de muchos años atrás. Y cuando ha venido una pandemia es cuando se ha visto reflejado. Creo que en otros países el sector cultural está apoyado de una manera más fuerte. En Francia o Alemania por ejemplo. Está regulado el ser artista, hay muchas ayudas desde que empiezas. Cuando hemos girado tanto con La Raíz hemos conocido a mucha gente de otros países y la situación legal está mejor regulada que en España”.

Desde Villena, Alicante, el grupo de punk rock Disidencia cumplía 25 años en 2020. Lo iban a celebrar por todo lo alto, con disco y gira incluida. Lo segundo, claro, al traste. Conversamos en julio con Maki, su batería. “Esto lo vamos a sufrir todos y va a ser un batacazo bastante grande. Ten en cuenta que los grupos que no estamos en primera división nos cuesta mucho poder llegar a tener un caché digno, son años de trabajo, sacrificio, grabar discos y estar en la brecha para poder tenerlo. Todo ahora esta en tela de juicio, no sabemos en qué va a derivar esto, y no se sabe si se van a poder mantener esos cachés a los que nos ha costado tanto llegar”. El batería de Disidencia pone el foco en profesionales técnicos: de sonido, luces, road-managers, conductores, etc. “Hasta hace cinco o seis años la figura de profesionales así solo se podían permitir grupos que estaban consagradísimos. Se consiguió incluir en los staffs técnicos de grupos medios”.

Poco después de la manifestación histórica del 17 de septiembre charlamos con uno de los nombres propios en lo musical de este 2020. Enrique Villareal, El Drogas, protagonizaba un interesante documental donde el ex-líder de Barricada mostraba su lado más personal. Esto nos comentaba sobre la situación: “Está muy jodido. Todos los trabajadores del gremio de los espectáculos, especialmente los que están detrás, los que hacen que sonemos, conductores, los que ponen las barras, la gente que limpia los lugares antes y después de cada espectáculo. La temporada que viene no veo que vaya a mejorar. Con la fórmula que se está aplicando ahora, y dando las gracias al público por cumplir las medidas, a ver si se pueden hacer más. Pero está jodido el tema, sobre todo para trabajadores del gremio. No tengo la solución pero creo que empieza por la unión. Esta concentración ha sido un primer paso muy importante. No somos un gremio muy unido y es la primera vez que sucede algo así”.

Rulo, exlíder de La Fuga y ahora con el proyecto de La Contrabanda, también se ha desnudado personalmente este año. En noviembre salía a la luz un libro, Tres acordes y la verdad, donde repasaba toda su trayectoria. “Soy una persona optimista pero ahora mismo cuesta lanzar mensajes positivos. Estamos muy cansados”, decía el de Reinosa en relación a la situación actual del mundo de la cultura debido a la pandemia. Él ha tocado varias veces, en formatos reducidos, este verano. “Cualquier cosa nos parecía Woodstock”, señalaba. “Nosotros tenemos la suerte de poder haber ahorrado y poder tirar un poco más. Los 15 del staff estamos arropándonos entre todos y siendo solidarios de cara a que nadie caiga. Toca apoyarnos. La cultura es segura y lo ha sido. Y está jodida. Pero hay otros sectores que están también peor. Empatizo con todo el mundo que lo esté pasando mal”. “Incertidumbre” y “a ver qué sucede”.

Con Fernando Madina, cantante y bajista de Reincidentes, hablamos en noviembre aprovechando el lanzamiento de un disco en directo. Le preguntamos cómo llevaban el año. "Artísticamente es muy jodido. El sentirte músico es subirte al escenario. Yo creo que para todos los músicos es así. El escenario y la carretera es lo que realmente te da la perspectiva de sentir tu profesión. Independientemente de que hemos ensayado bastante, porque cambiar el formato de las canciones ha costado. Trabajar hemos trabajado mucho pero sentirte músico te pasa encima de un escenario. Cuando hay gente que está interactuando contigo. Eso ha sido tan breve que es muy frustrante. Nosotros empezábamos una gira con 27 bolos cerrados el 14 de marzo. Se nos canceló una gira con la que teníamos mucha ilusión, teníamos un repertorio muy renovado y preparado durante el invierno. Y ahora la acústica se para también. No se lleva bien. Pero claro, es que además nosotros comemos de esto. Nuestros técnicos y demás. Se lleva con mucha incertidumbre. No ves luz al final del túnel. Somos conscientes además de que quizás nos incorporemos prácticamente los últimos a lo que será la normalidad. Pero claro, ves que se va incorporando gran parte del tejido sociolaboral y que nosotros no. Hay inquietud. Hay mucha gente que cree que los artistas, los rockeros de este país debemos ser millonarios. Y no, somos trabajadores como cualquier otro, que tenemos nuestras hipotecas, nuestros hijos, etc. y lo pasamos mal como todo el mundo".

Por último, a principios de diciembre conversamos con Kike Babas, quien junto a Kutxi Romero (Marea) publicó el libro La sangre al río. Para Babas, las circunstancias son "una tristeza". "La cultura realmente vive de juntar gente, al menos el sector que me toca, el de los conciertos. Llega la pandemia y lo más prohibido es juntar gente, por lo que ahí tenemos un problema. Ya había problemas estructurales de antes. La cultura de la música no es ni de lejos lo que significa en la cultura anglosajona. Aquí en España para poner un escenario en un bar te las ves y te las deseas, mientras en Londres o Dublín en cada bar tienen uno. Si juntas que ya de por sí la pandemia no deja juntarse gente y la manera un poco despectiva de tratar a la cultura popular que se ha tenido desde siempre, entonces se han juntado el hambre y las ganas de comer. Un sector entero se va a la calle, no es tanto los músicos que están más consolidados, el golpe más fuerte ha llegado a la gente de base. Un concierto suena porque hay gente que monta los escenarios, porque hay un conductor que lleva a los músicos, porque otro corta las entradas, etc. Toda esa gente está con una mano delante y otra detrás”.

Pérdidas millonarias

Desde la federación nacional "Es_Música", que engloba a las principales asociaciones y agentes de la industria musical española, aseguran que entre marzo de 2020 y febrero de 2021, el agujero provocado por el coronavirus ascendería a 1.265 millones de euros. Además, de manera indirecta, el parón que la Covid-19 ha provocado en este sector y el de los conciertos representaría un impacto negativo en la economía del país superior a los 7.000 millones de euros. La gran pregunta que se hace todo un sector es si 2021 recuperará algo de normalidad.

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