La consagración del ególatra Iñárritu

González_Iñárritu_Óscar_2015
Alejandro González Iñárritu posa con tres de los cuatro Óscar conseguidos por su película 'Birdman'. / Armand Arorizo (Efe)

A los Óscar, premios cada año menos influyentes, no se los ha cargado la traicionera y envejecida audiencia televisiva o la industria del videojuego, sino las propias películas, cada año más mediocres, previsibles, vistas y revistas, académicas, cobardes, claramente diseñadas para la temporada de premios. Hace poco leí una gran frase de un director del que no soy especialmente fan, Aki Kaurismäki. Dice así: “Para mí hay tres tipos de cine: el artístico de mierda, el comercial de mierda y el cine, que consiste en contar historias”.

Hollywood se dio cuenta, en los noventa, que no podía colar en los Óscar su “cine comercial de mierda” (aunque lo logró con En tierra hostil o El señor de los anillos), así que apostó por el cine “independiente” dentro de la industria, por el cine “artístico de mierda”, un cine de apariencia “prestigiosa” pero financiado por los mismos responsables del cine más oligofrénico y palomitero. Gran jugada. Ejemplos: Chocolat, Traffic, Una mente maravillosa, Las horas, Seabiscuit, Descubriendo nunca jamás, Buenas noches y buena suerte, Truman Capote, Crash, Pequeña Miss Sunshine, Her, El discurso del rey, Precious... ¿Sigo?

Publicidad

Este año hemos tenido otra buena ristra de cine “artístico de mierda”. Birdman es una película histérica y fallida (un supuesto film-plano secuencia lleno de palabrería vacía), a Boyhood le sobra una hora de palique interminable, Gran hotel Budapaest es otra cargante postalita de su modernísimo director, La teoría del todo otro biopic con un gran actor sobre una silla de ruedas, The Imitation Game otra correcta historia financiada por los hermanos Weinsten... nada de cine del grande o gigante, de ese que un día llegó a ganar la más importante estatuilla con justicia, como Días sin huella, Los mejores años de nuestra vida, Eva al desnudo, La ley del silencio, Marty, Lawrence de Arabia, El apartamento, Ben-Hur, El cazador, Annie Hall, Alguien voló sobre el nido del cuco, El padrino I y II, El golpe, The French Connection, Patton, Cowboy de medianoche, Amadeus, Sin perdón, El silencio de los corderos... ¿Sigo?

Y todo ello sin olvidar que Bailando con lobos le arrebató el Óscar El Padrino III o a Uno de los nuestros, que Forrest Gump lo hizo con Pulp Fiction, que Chaplin o Hitchcock nunca lo ganaron, que Kubrick solo recibió uno a los mejores efectos especiales por 2001, que Robert Benton ganó el Óscar al mejor director por Kramer vs Kramer y competía con el Coppola de Apocalypse Now... ¿Sigo?

Hay quien, en otros medios, ha intentado hacer un esfuerzo titánico por descubrir films o intérpretes olvidados por los Óscar, por pensar en los que no han sido invitados a este sarao del Dolby Theatre. No nos engañemos, Tom Hardy está inmenso en la estupenda Locke y Jake Gyllenhaal hace un gran trabajo en la fallida Nightcrawler, pero, ¿qué más da? La alfombra roja, las preguntas idiotas de siempre (“¿Por quién vas vestida”?), presentadores cada año más anodinos, galas sosas y horteras, números musicales eternos... ¿Sigo?

Los premiados

Cuatro Óscar para Birdman (película, dirección, fotografía y guión original). Si el hombre ya era conocido por su vanidad en el mundillo, a partir de ahora el ego de Iñárritu no va a caber por la puerta de los despachos de los ejecutivos que lo reciban y adoren. Otros cuatro, menos valiosos, fueron para la hueca Gran hotel Budapaest, entre ellos la banda sonora de Alexandre Desplat, que también estaba nominado por The Imitation Game.

Patricia Arquette fue la mejor actriz de reparto (lo que antes llamábamos “secundaria”) por su papel en Boyhood, un trabajo valiente y desnudo en la que la vemos envejecer sin necesidad de maquillajes que cantan soleares. Recordemos que la película fue rodada durante doce años, que es más o menos lo larga que se te hace su proyección. Sus competidoras eran Laura Dern, Emma Stone, Keira Knightley y Meryl Streep en papeles bastante olvidables.

J. K. Simmons ganó el Óscar al mejor actor de reparto. Un buen trabajo que ganó a los de Robert Duvall en El juez, Ethan Hawke en Boyhood, Edward Norton en Birdman y Mark Ruffalo en Foxcatcher.

Los Óscar al esforzado Eddie Redmayne y a la enorme Julianne Moore han sido tan esperados como justos. El primero lo borda como Stephen Hawking en La teoría del todo y ella se luce, como siempre, en la mediocre Siempre Alice. Lo tenían a huevo: uno paralítico y la otra con alzheimer.

Lo mejor, como siempre, el emotivo In Memoriam, que recordó a los que se fueron y presentó la gran Meryl Streep. Fueron muy dignamente recordados y despedidos James Garner, H. R. Giger, Gordon Willis, Richard Attenborough, Robin Williams, Lauren Bacall, Eli Wallach, Bob Hoskisn, Mike Nichols...

Resumiendo: otra gala eterna y premios que nadie recordará en poco tiempo. Hace pocos días apareció una estatua con el Óscar arrodillado ante dos filas de cocaína en medio de Hollywood Boulevard. He leído que es una denuncia sobre el problema de la droga en Hollywood. Para mí es una imagen perfecta de esta fiesta babilónica cada año más decadente e indefendible.

Óscar_cocaína_Hollywood
Una estatua del Óscar esnifando cocaína, obra del artista Plastic Jesus, que fue colocada el pasado jueves en el Paseo de la Fama de Hollywood. / captura de Excélsior TV (YouTube)