‘Maps to the Stars’: la decadencia de Hollywood… y de David Cronenberg

Maps to the Stars
Imagen utilizada en el cartel de ‘Maps to the Stars’, el nuevo Cronenberg.

En Maps to the Stars, David Cronenberg habla de la decrepitud de Hollywood mientras él sufre su propia decadencia como cineasta. No hay nada peor que un director tomándose demasiado en serio, tragándose lo que dicen ciertas criticas y jurados de festivales sobre él. Desde la fabulosa Una historia de violencia, de hace ya una década, Cronenberg se ha puesto el traje de auteur y ha entrado en barrena creativa. Promesas del Este era irregular aunque con momentazos, pero lo que ha venido después ha sido un auténtico despropósito: Un método peligroso (¡con Viggo Mortensen como Freud y Michael Fassbender como Jung!) era pretenciosa y aburridísima, Cosmópolis un bodrio y con Maps to the Stars, que ha sido un desastre comercial, parece querer cavar su tumba en el cine. De hecho, su próximo proyecto es televisivo (Knifeman).

Qué pena que Cronenberg se nos haya vuelto tan coñazo y presuntuoso, con lo divertidas y golfas que eran sus primera pelis, esas que arrasaban en los festivales de cine fantástico y entre millones de aficionados al género. Vinieron de dentro de…, Rabia, Cromosoma 3, Scanners, Videodrome… Recuerdo haber visto algunas en el mítico programa de Juan Luis Goas Noche de lobos. Y qué decir de maravillas del género fantástico como La zona muerta, La mosca, Inseparables o M. Butterfly. Con El almuerzo desnudo, Crash, eXisteZ y Spider al hombre se le fue un poco la olla, pero no dejaban de ser films valientes. Siempre diferentes.

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El problema de esta película es que Cronenberg va de serio (voy a hacer un fresco de una ciudad y un oficio llenos de vileza y corrupción) pero con elementos sobrenaturales (fantasmitas que se les aparecen a los protagonistas). Y naufraga. Y se convierte todo en un despropósito.

La película, que tiene un buen arranque, nos habla de la familia Weiss. El padre (John Kusack) es un gurú que se ha forrado con patrañas de autoayuda y su mujer es una histérica que se encarga de la carrera de su hijo, un niño actor que es un psicópata. Su rutina cambia cuando aparece una hija perdida, medio quemada y recién salida del psiquiátrico y que es contratada por una actriz en decadencia interpretada por Julianne Moore.

El guión es un sin dios, la película desfallece a la hora de metraje y sorprenden en Cronenberg algunas escenas de dudoso gusto, como un trío sexual bastante desagradable y un momento escatológico con Moore tirándose pedos en su cuarto de baño. Se las podría haber ahorrado. Además, el casting está desequilibrado. Moore y Kusack están muy bien y se creen sus personajes, pero Evan Bird como el adolescente tarado u Olivia Williams como su madre están espantosos. Capítulo aparte es el de Robert Pattinson, que vuelve con Cronenberg tras Cosmópolis. Llamar actor a ese filete de ternera seria todo un atrevimiento por mi parte.

Lástma, porque me fascinan las películas de Hollywood sobre Hollywood. También sus novelas: Hollywood, de Bukowski, Hollywood Babilonia, de Kenneth Anger, El último magnate, de Scott Fitzgerald… Son un gran subgénero de por sí. Muchos grandes directores que han conocido ese lugar han querido vengarse de él y lo han hecho de maravilla: Preston Sturges en Los viajes de Sullivan, Vincente Minnelli en Cautivos del mal, George Cukor en Ha nacido una estrella, Billy Wilder en Fedora y Sunset Boulevard, Robert Aldrich en ¿Qué fue de Baby Jane?, Blake Edwards en El guateque… No fueron tan grandes los films de directores más modernos (y más “autores”) como el David Lynch de Mulholland Drive, los hermanos Coen de Barton Fink, el Spike Jonze de El ladrón de orquídeas o el Robert Altman de El juego de Hollywood.

Ahora le tocaba el turno a Cronenberg, pero, certificando su decadencia, no le ha salido una buena película. Una pena. A ver qué hacen los Coen en su próxima y esperada Hail, Caesar!, con un repartazo y ambientada en el Hollywood de los años cincuenta. No pinta mal.

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