William Wyler: el gigante que hizo posible ‘Ben-Hur’

Cartel de Ben-Hur.
Cartel de Ben-Hur.

“Yo no creo en la teoría de los autores,
pero al menos sé cómo pronunciar la
palabra ‘auteur’”.
(William Wyler)

Ben-Hur, que a partir de esta Semana Santa podemos volver a ver en muchos de nuestros cines y en una copia estupenda, es uno de los mejores remakes de todos los tiempos (la primera versión es muda y de 1925) y su grandiosidad épica sigue fundiéndose de maravilla con sus escenas íntimas y esa estupenda reflexión sobre la venganza y el perdón. Detrás de todo está un gigante del Hollywood clásico: el director William Wyler, que por Ben-Hur cobró la cifra más alta dada a un realizador hasta ese momento, nada menos que un millón de dólares de entonces. El film costó 15 millones de la época y ganó 75, fue un éxito inmenso y a escala mundial. Hoy también sigue siendo un éxito en sus visionados televisivos. Ejemplo: el Viernes Santo del año pasado, más de 1.360.000 personas la vieron en La 1 de TVE.

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Para su escena más famosa, la de las cuádrigas, rodada en los estudios Cinecittà, se levantó el decorado más grande que se había visto nunca y fueron contratados 15.000 extras, gente real. Afortunadamente, todavía no se habían adueñado del cine los retoques digitales. Para la famosísima carrera, se construyeron dieciocho cuádrigas, la mitad usadas para entrenamiento de los actores. La carrera, rodada sin sonido, tardó en acabarse cinco semanas. La claqueta final de Ben-Hur se dio tras nueve meses de rodaje, en el que trabajó Sergio Leone. Además, mientras se rodaba esta superproducción, Federico Fellini dirigía, en un pequeño set cercano, La dolce vita.

Al primero al que se le ofreció el papel de Judah Ben-Hur fue a Paul Newman porque había aparecido en la muy olvidable El cáliz de plata, también de romanos. Curiosamente, el papel que se le ofreció a Charlton Heston al principio era el del malo, el de Messala, personaje para el que fueron considerados actores como Leslie Nielsen, Robet Ryan y Stewart Granger. Burt Lancaster, ateo declarado, rechazó el papel protagonista argumentando que no quería participar en una película que promovía el cristianismo.

Charlton Heston y Frank Thring
Los actores Charlton Heston y Frank Thring en una de las escenas de ‘Ben-Hur’.

Finalmente, el film ganó 11 Oscar y dejó a Wyler para el arrastre tras trabajar 16 horas al día, los 7 días de la semana y durante 9 meses. Hoy todos los amantes del gran cine recordamos a Wyler no solo por Ben-Hur, sino por magníficas películas como Jezabel, La loba, Los mejores años de nuestra vida, Vacaciones en Roma o La calumnia. Tres veces ganador del Oscar, “90 tomas Willie” era conocido por realizar decenas de tomas para desesperación de actores y técnicos, que sabían lo duro pero estimulante que era trabajar con él. Wyler lo resumió así: “Me odian en el rodaje, pero me adoran en el estreno”. No era para menos. Wyler hacía maravillas con las carreras de sus actores. Dirigió a 31 actores que fueron nominados al Oscar. Eso sí: podía llegar a ser tan duro y perverso como Hitchcock. Además, fue famoso por exigir control absoluto sobre la historia, las localizaciones y la elección de sus técnicos en cada uno de sus trabajos.

En los sesenta, la deplorable teoría de autor francesa le hizo bastante daño. Muchos dudaron del estilo wyleriano, para la mayoría de críticos era otro Michael Curtiz (realizador de Casablanca). Seguramente, tampoco ayudó que no hiciese películas «personales» y dirigiese films de todo tipo, de todo género. Para él lo primero era la historia y el guión, luego llegaría el “estilo”. Categórico, llegó a decir: “Una buena película es 80% guión y 20% grandes actores, no hay nada más que eso”. A sus amistades, Wyler le decía que era “un artista pragmático, pero uno de los pocos capaces de llevar a buen término una película con tantas dificultades como Ben-Hur”.

Esta película fue el éxito más grande de Wyler, pero no lo fue de crítica. Con no poca sorna, algunos críticos describieron Ben-Hur como un Los diez mandamientos intimista. Hay que estar ciego. En Francia, el prestigioso crítico Andre Bazin había colocado a Wyler la altura de los grandes (Ford, Hitchcock, Hawks…), pero a los franceses no les gustó que se “vendiera” a una producción tan “comercial”. Tras Ben-Hur, eso sí, Wyler decidió volver al cine intimista y que tan bien dominaba.

Según Charlton Heston, con quien trabajó en Horizontes de grandeza y en Ben-Hur, Wyler “nunca decía que una película estaba bien o mal dirigida, sino que era una buena o mala película. Nunca se dio aires de gran director”. Cuando acabó el rodaje de Ben-Hur, el cachondo de Wyler le dijo a Heston: “Gracias Chuck, otra vez trataré de darte un papel mejor”. Y para remate, tras el estreno, y apuntando directamente a la crítica, dijo: “Hubiese podido complacer a los críticos ‘intelectuales’ eliminando la carrera de cuádrigas y en su lugar mostrar simplemente a dos hombres sentados en una ventana apostando a los dados para que uno de los dos gane”.

El gran Wyler está enterrado en el cementerio de Forest Lawn Memorial Park en Glendale (California). Sus huellas en el paseo de la fama están frente al 1735 de Vine Street, al lado de una discoteca de moda.

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