‘White God’: otra cretinez premiada en Cannes

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Imagen del cartel promocional de ‘White God’.

Lo malo de ser crítico de cine es que te tienes que tragar muchas mediocridades en una sala. Lo bueno es que muchas veces las ves gratis. Me ha pasado con White God, película húngara que venía avalada por excelentes críticas y dos premios, uno nada menos que en el Festival de Cannes (Mejor película en la sección «Un Certain Regard») y otro en el Festival de Sevilla (Premio Eurimages). Además fue presentada por Hungría para competir en la categoría de Mejor película extranjera en la 87 edición de los Oscar de Hollywood. No consigo entender cómo esta cretinez puede ser premiada por alguien. No entiendo ni que sea seleccionada. Diría más: producida.

Imaginen la situación. Estamos en Budapest. Un director llamado Kornél Mundruczó entra en el despacho de su productor, que le pregunta por la historia de su nueva película. Entonces Kornél, apasionado, se lo suelta: En Budapest existe una ley que favorece a los perros de raza y asa a impuestos a quien tenga perros mestizos. Los refugios caninos se llenan de pobres perros de raza inferior. Lili es una adolescente que tiene un perro al que quiere mucho y al que le toca la trompeta. Con ella se relaja. Cuando Lili, que vive con su madre, se ve obligada a ir a vivir unos días con su padre, éste rechaza al animal y lo deja en la calle. El perro sobrevive como puede a la crueldad humana que se encuentra por las calles y finalmente lidera una rebelión de los perros contra los hombres. Una rebelión que solo podrá detenerse gracias a Lili y su trompeta. En vez de llamar a seguridad, el productor invierte 700.000 florines húngaros (ese es su coste) en la película, que enseguida logra buenas críticas y premios en festivales internacionales.

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Cuando uno abandona la sala de cine tras ver este engendro se hace muchas preguntas que no tienen que ver con la película, con su historia o su realización. Son preguntas más personales: ¿Seré yo, que no tengo gusto? ¿Me he perdido algo que no he visto en sus dos eternas horas de metraje? ¿Qué se meten en los festivales? ¿Nos hemos vuelto todos locos?

White God es un film aburrido, reiterativo, pretencioso y muy irregular. Sus dos tramas paralelas (la de la niña buscando a su perro y practicando con la trompeta y la del perro pasándolas putas por la calles) no cuajan. La crueldad humana que sufre el animal está bien rodada y tiene algo de interés, pero las vivencias de la sosa adolescente (que de repente, y porque sí, deja de buscar a su perro) no interesan a nadie.

Puede que White God sea una alegoría sobre el fascismo o en nazismo y en donde los perros son como los judíos: reprimidos y aniquilados por cuestión de raza. Puede que sea un film de denuncia ecologista (las primeras imágenes, de una obviedad pasmosa, se desarrollan en un matadero). Puede que sea un homenaje o revisitación de la novela ‘Rebelión en la granja’, de George Orwell. Puede, incluso, que le haya inspirado algo la espantosa El incidente, de Shyamalan, o esa memez llamada El amanecer del planeta de los simios. Quién sabe.

Puede también que siga la senda de Cujo, de Lewis Teague, o de Los Pajaros, de Hitchcock. Pero así como en esta última el ataque de los pájaros no se explica, en White God sí hay una explicación: los perros se revelan contra el hombre y sus malos tratos. Es más: los chuchos no solo tienen la capacidad de ejercer la venganza (¿?), además se comunican entre ellos (¿?¿?) y siguen a un líder, el perrete Hagen. Se lo juro.

¿Y por qué el título, se preguntarán? Pues se supone que es un juego con las tres letras de la palabra ‘God’ (dios blanco, perro blanco). Elucubraciones a parte, sí es bastante evidente una referencia: la metáfora sobre el racismo rodada por Sam Fuller y llamada White Dog.

No solo la historia de White God es una majadería, además su protagonista, la niña Zsófia Psotta, es un auténtico desastre interpretativo. No sé quién ha realizado el casting de esta película o si la nena es familiar del director, pero su trabajo es de lo más deplorable que he visto a un actor infantil en años. La cría es inexpresiva y trabaja desganada, parece que se aburre. Tampoco es que el resto de actores sean maravillosos. En White God los únicos que trabajan bien son los perros, que fueron adiestrados de forma fabulosa para llevar el gran peso del rodaje y sus escenas más trabajadas, todas ellas sin el uso o el abuso de los efectos digitales. Se utilizaron nada menos que 274 perros para la producción. Pero no van a sentir cercanía alguna con los animales. En esta fría y jactanciosa película no van a encontrar demasiada empatía con el perro protagonista ni con sus amigos revolucionarios. Vamos, que no se van a encontrar al perrito de Umberto D., al chucho de Vida de perro, de Chaplin, ni a la dama, ni al vagabundo, ni a Lassie, ni al simpático perro de Up, ni al Toto de la repelente Dorothy.

En White God la hipérbole moral que nos urge a cuidar y respetar a nuestros perros es pueril, la supuesta alegoría sobre el racismo y el fascismo pretenciosa y el thriller absolutamente inverosimil. En fin: dos horas de película que se hacen interminables, una parábola barata y chapucera y con uno de los finales más ridículos que he visto en mucho tiempo.

ababdimoviezchanel (YouTube)