‘Un día perfecto’: buen McGuffin, pero desaprovechado

Un día perfecto
Cartel de Un día perfecto. / Universal Pictures Intenational Spain

A Fernando León de Aranoa, cineasta paradigma de eso que llaman “cine social", parecía que se le habían acabado los grupos marginados. Lo había intentado todo: solitarios jubilados, adolescentes de extrarradio, parados de los astilleros, putas de calle, inmigrantes que cuidan a ancianos desahuciados... Pero no contábamos con los cooperantes internacionales, que es a lo que se dedican los protagonista de Un día perfecto, su último trabajo.

De Aranoa, mimado desde sus inicios por la Academia de Cine y uno de los estandartes del “cine social” más oficial, correcto y amable, es un guionista y director que se ha caracterizado durante toda su carrera por la irregularidad. Su corto Sirenas es relamido, Familia es una película tramposa y técnicamente pobre, Barrio es falsa y llegó veinte años tarde, Princesas es espantosa de mala y Amador previsible y poco creíble. Sin duda Los lunes al sol es su película mejor hecha, más acabada. Ganó muy justamente en los Goya de su año a películas tan mediocres como El otro lado de la cama, Hable con ella o En la ciudad sin límites.

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Esta irregularidad tan característica de su carrera regresa en esta su nueva película. Un día perfecto tiene el que podría haber sido un gran McGuffin (elemento que crea tensión y hace que los personajes avancen en la trama pero sin tener especial relevancia en ella), pero, desgraciadamente, acaba desaprovechado. La película se podría haber titulado La soga, pero Hitchcock, el inventor del McGuffin, ya tituló así una peli muy entretenida. Un día perfecto es un título que no dice nada ni expresa lo que la película cuenta en absoluto.

¿Y qué cuenta? Estamos en la antigua Yugoslavia. Un grupo de cooperantes intenta sacar el cadáver de un hombre gordo de un pozo. Ha sido arrojado con muy mala uva, para que la población de la zona no pueda beber de él. Es entonces cuando Benicio del Toro (Mambrú, un nombre de lo más ridículo, tanto como llamar Caye a una puta en Princesas), Tim Robbins (se llama B a secas) y Mélanie Thierry (Sophie) harán todo lo posible para sacar el cadáver del pozo. Solo necesitan una soga, una cuerda fuerte.

A partir de esta anécdota, De Aranoa y su coguionista Diego Farias (inspirados en la novela de Paula Farias 'Dejarse llover') trazan un fresco en el que se junta la burocracia, la irracional enemistad entre compatriotas, los miserables que se aprovechan de las guerras, los absurdos militares o diplomáticos, las familias y poblaciones enteras que sufren el conflicto y... ¡el amor! ¡Ay, el amor! Y ahí, amigos, es cuando la película flojea imperdonablemente. La puñetera y casi siempre innecesaria tensión sexual no resuelta hace su aparición entre el personaje de Mambrú y el de Katya (la muy floja actriz Olga Kurylenko) y la película se desdibuja, pierde su fuerza y aburre cuando estaba entreteniendo. Ejemplo: la escena en la que el convoy de cooperantes tiene que parar toda una noche por culpa de una mina es sencillamente eterna e innecesaria. Rompe el buen ritmo de la película.

De Aranoa es un señor preocupado por “lo social” pero que no hace películas especialmente dramáticas, insoportables. Le gusta meter toques de humor en sus dramas. Este también es el caso, pero su humor vuelve a ser el habitual en él: flojo, correctito, sin demasiada imaginación. Robbins, por ejemplo, da su toque de macho alfa cachondo, pero se queda en el camino.

Se unen al elenco el niño Eldar Residovic (que lo hace muy bien pero no te tragas que un crío de esa edad tenga ese dominio del inglés) y Sergi López, uno de los actores más malos y sobrevalorados que tenemos en este país. Lo de este hombre es una auténtica calamidad interpretativa, nunca entenderé que alguien con tan poco talento y un aspecto tan ordinario haya hecho carrera en el cine.

Capítulo aparte es el de la banda sonora de esta película, una auténtica calamidad diseñada con temas de rock, algunos muy conocidos y que están metidos a calzador y te sacan constantemente de la película. Especialmente bochornoso es el uso del tema Sweet Dreams versionado por Marilyn Manson en una escena de un dramatismo que no necesitaba ese tema en absoluto. Tremendo.

Una pena lo de esta desproporcionada película, que parte de una estupenda premisa y tiene un buen final, pero que carece de alma, de nervio, de carisma. Una lástima porque la producción es cojonuda y las localizaciones (en Granada, Málaga y Cuenca) dan el pego perfectamente. Un desperdicio porque Benicio del Toro (tan estupendo como siempre) y Tim Robbins hacen muy bien su trabajo.

Un día perfecto es técnicamente la mejor película de Aranoa (muy buen trabajo el del director de foto Álex Catalá), que se ha desenvuelto bien rodando en inglés. Un buen entrenamiento para su próximo proyecto: Escobar, con sus amigos Penélope Cruz y Javier Bardem, que también produce junto a Luc Besson. Otra liga. Veremos.

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