IVÁN REGUERA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 11:24

Cartel de la película.
Cartel de la película.

Es gracioso que haya críticos que escriban que esta película es una “decepción” y que es un film “menor” en la carrera de Alejando Amenábar. Para mí este señor nunca ha sido un director (la palabra cineasta le queda grande) como para tomarlo especialmente en serio. Amenábar es, sencillamente, un tipo listo que empezó destacando en el cine español con un film entretenido (Tesis) y siguió con películas con guiones tramposísimos y con giros finales bastante bochornosos (Abre los ojos y Los otros).

Cuando, tras el éxito de la película protagonizada por Nicole Kidman, le dio por el cine académico, parió Mar adentro, un film empalagoso, cercano a las tv movies lacrimógenas de por la tarde. También resultó ser un film ‘progre’ y panfletario, donde se hacía una caricatura muy gruesa de la Iglesia. El respaldo del PSOE de Zapatero y de toda su caterva mediática lo tuvo asegurado desde antes del estreno. Pedro Sánchez acudió también al estreno de Regresión porque Amenábar sigue siendo uno de los miembros de la ‘cultura oficial’ favoritos del PSOE desde hace años.

Tras el Oscar logrado por el almibarado retrato de Ramón Sampedro y con el viento a favor, Amenábar le propuso a Telecinco una superproducción sobre un personaje femenino que se enfrenta al fanatismo y las supersticiones cristianas, toda una obsesión del cineasta. Telecinco aceptó. Rodada durante tres largos meses y respaldada también por la plana mayor del gobierno ZP, Ágora costó la friolera de 70 millones de euros y no cubrió sus desorbitados costes de producción. Fue un desastre de crítica y público.

Cinco años después del batacazo, Amenábar volvió a Telecinco y les ofreció regresar a sus orígenes, al thriller con giro sorpresa final, que para algo fue y sigue siendo nuestro particular M. Night Shyamalan. Ya saben: en Abre los ojos, el Eduardo Noriega estaba criogenizado, y en Los otros, la Kidman estaba fiambre. No diré lo que sucede en Regresión, claro está, pero aquí el director vuelve a sus trampas primigenias y a su juego sucio, pero esta vez con torpeza, porque el resultado es más previsible. Y no porque te sepas el final, sino porque sabes que te van a acabar descubriendo algo perturbador y que trastoca toda la narración que has seguido hasta ese momento. Lo intuyes, lo hueles, sabes que te la van a endilgar.

Amenábar es de esos guionistas tramposetes que escriben las películas desde el final, como Shyamalan. Es decir, todo lo que ocurre antes de que un detective fantasma recuerde que ha sido asesinado, un tipo con pasta recuerde que ha sido criogenizado, una señora estirada y sus hijos recuerden que están muertos…. y ahí me paro para no chafarles de qué va Regresión.

Sí puedo decirles cómo está contada, y en ese sentido cumple, no está mal. El filme, rodado en Canadá, cuenta con una estupenda producción, distribución americana de los poderosos hermanos Weisntein (con los que Amenábar ya trabajó en Los otros), una muy eficiente banda sonora de Roque Baños, buena foto de Daniel Aranyó y un excelente casting en el que destacan secundarios como David Dencik, David Thewlis o Dale Dickey.

Regresión está ambientada en la Minnesota del año 90. Un detective (correcto Ethan Hawke) investiga el caso de una joven (floja Emma Watson) que ha declarado que su padre la ha usado para practicar ritos satánicos. Poco a poco, la comunidad donde vive la joven y los medios de comunicación comienzan a hablar obsesivamente de estos ritos mientras Hawke interroga a los implicados mediante hipnosis regresivas, de ahí el título.

Lo peor de Regresión es que, siendo entretenida y estando bien contada, no da verdadero terror. A mí terror (satánico) me da El exorcista o La semilla del diablo, pero Regresión gravita en un limbo amorfo, entre el policíaco y la peli de miedo pero sin pronunciarse, sin matizarse, sin cuajar.

Amenábar, que recurre al Roman Polanski de la citada La semilla del diablo y al Stanley Kubrick de Eyes Wide Shut, se limita a darnos sustos (esas pesadillas con despertares sudorosos, señor…) más que a crear una verdadera atmósfera de horror. Y al final nada es lo que parece y sale a relucir otra vez la neura del cineasta en torno a las creencias cristianas. Ya digo, una obsesión.

No es mala, pueden ustedes pasar el rato si no se cabrean mucho al final. Y ya.

Universal Spain (YouTube)

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