‘La gran apuesta’: no se enterará usted de nada

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Cartel de la película 'La gran apuesta'. / Paramount Pictures

Llega a la cartelera con un gran prestigio detrás: es una de las 10 mejores películas del año para el American Film Institute y ha logrado cinco nominaciones a los Oscar, cuatro a los Globos de oro (entre ellos, atención, “a la mejor comedia o musical”) y cinco a los BAFTA. Pues que no les engañen todos estos laureles porque la película no se entiende, está tan plagada de verborrea económica, un palique interminable y confuso, que desconectas a los 15 minutos.

Es alucinante que una película tan ininteligible para el 90% de la población como La gran apuesta haya entrado con esa fuerza en la competición de los premios más importantes. Porque con toda su jerga financiera, películas como Wall Street o El lobo de Wall Street (dentro de su excesivo metraje) se entendían y tenían personajes bien dibujados e interesantes subtramas de sus vidas. De la segunda, el director, Adam McKay, y su coguionista, Charles Randolph, copian, sin demasiado sonrojo, el uso de los personajes hablando a cámara. En fin: la ruptura de la cuarta pared, un recurso que a Martin Scorsese le sale mucho mejor.

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Inspirada en la quiebra del sector inmobiliario norteamericano que originó la crisis mundial en 2008, La gran apuesta habla de unos tipos que no me interesan en absoluto, trabajan en cosas de la Bolsa y un día descubren que el gobierno, los grandes bancos y los mass media ocultan, o no quieren reconocer, el inminente colapso de la economía. Así que se les ocurre esa gran apuesta del título.

No es insulsa la realización del filme si pensamos que viene de un director que hasta ahora comía de rodar espantosas comedias para Will Ferrer como Pasado de vueltas, Hermanos por pelotas o Los amos de la noticia. Además, su montaje es estupendo, igual que su banda sonora (con Dylan, Led Zeppelin, Metallica o Neil Young entre otros muchos) o la más que lograda ambientación. Las interpretaciones son correctas a excepción del 'pasote' histriónico de Christian Bale haciendo de autista tartamudo con ojo de cristal (todo por mi Oscar). El trabajo de Brad Pitt es intrascendente y el de Steve Carell, eso sí, realmente brillante. Es el que se lleva la película a su terreno y el que la cierra con admirable convicción.

Pero, y es una pena, falla el guión. El filme es un desastre narrativo, una borrachera de datos y términos financieros que la hace atropellada y embarullada para todo el que no tenga un mínimo de conocimientos en la materia. Yo solo intuí, y perdonen mis limitaciones, que trata del colapso financiero por culpa de la burbuja inmobiliaria y que solo unos pocos descubrieron que las empresas de cualificación daban la tripe A a paquetes hipotecarios impagables.

Pero vamos, nada nuevo para mí. Lo mismo me ocurrió con Inside Job, documental del que todos los modernos hablaban hace cinco años y del que tampoco entendí ni la mitad. Igual es que soy de letras. Me pasó lo mismo con la ficción Too big to fail y se me hizo más comprensible y llevadera Margin Call, con un cierre inolvidable. The Company Men, también en la liga de La gran apuesta, me pareció una americanada melosa y manipuladora.

Lo mejor de esta película es Steve Carell, que hace un trabajo estupendo no solo porque es un actor de tremendo talento, sino porque es el único que tiene un personaje que no tiene nada que ver con esa banda de viriles gilipollas que juegan al Monopoly y a la vez con la vida de millones de personas. El personaje de Carell es de los pocos que sufren una evolución: de ser un obsesivo profesional a la plena implicación humana en una injusticia, un crimen.

Su monólogo ante un grupo de inversores en el día de la gran caída es potente: “Vivimos una era de fraude en América. No sólo en los bancos, también en gobierno, educación, religión, comida, incluso en el béisbol. Lo que me preocupa no es eso. El fraude no está bien, es malo. Me preocupa que durante 15.000 años fraude y poco pensamiento nunca han funcionado. ¿Cuándo coño nos olvidamos de todo esto? Creí que éramos mejor que esto, realmente lo creí. Y el hecho de que no lo seamos no me hace sentir bien, ni superior. Me hace sentir triste. Y la gente normal es la que va a tener que pagar por todo esto. Porque siempre, siempre lo hacen”.

De toda la película, sólo me cala ese personaje (Mark Baum) y al final también el de Bale (Michael Burry). Al resto de protagonistas les falta garra, enjundia, trabajo de guión. Nada conocemos sobre ellos, sus vidas privadas, sus motivaciones...

El tramo final es lo mejor de La gran apuesta, con una catarsis moral. Y es curioso, porque el film juega con la frialdad y la falta de empatía de los personajes (unos 'mierdas' casi todos) sólo hasta el final, donde entra, por sorpresa, en el terreno de la redención moral.

En fin, una película que ha sido elogiada más porque trata un tema 'importante' que por su cuestionable talento artístico. Lo más aterrador es que quizás esto sólo sea el inicio de una peli que en vez de las de la Bolsa va a ser de las de catástrofes. Lo ha vaticinado en Davos William White, alto cargo de la OCDE: “Nuestra munición macroeconómica para combatir la recesión está agotada. La deuda ha continuado creciendo y se avecina una avalancha de quiebras”. Abróchense los cinturones.

Paramount Pictures Spain (YouTube)
2 Comments
  1. Bertto says

    Este crítico necesita ir con un traductor al cine, no entiende nada

  2. Antuan says

    Hable por Ud.Mis amigos y yo si nos hemos enterado. Algunos que se creen portavoces del pueblo deberían dedicarse a la política en lugar del cine (o es lo mismo?)

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