Goya 2016: El show de Truman

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De izquierda a derecha, el realizador Cesc Gay, la productora Marta Esteban, el actor Ricardo Darín y el guionista Tomás Aragay posando, la pasada noche, con los Goya conseguidos por sus trabajos en la película 'Truman'. / Ballesteros (Efe)
“Usted no ha comido de menú del día en su vida”
(Dani Rovira a Iñigo Méndez de Vigo y Montejo, Ministro de Cultura)

Una vez me acreditaron para los Goya. Fue gracias a Tedy Villalba, uno de los peces gordos de la Academia. Entonces, yo dirigía una revista, y la Escuela de Cine que él dirigía me compraba ejemplares para todos los alumnos, algunos premiados anoche. Tedy, que en paz descanse, fue generoso. Los Goya se celebraron ese año en Barcelona y me pagó avión y hotel. Así que sí, he chupado de sus impuestos, amigos.

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En el avión ya me di cuenta de que allí no pintaba absolutamente nada. Los periodistas 'especializados' (cine, chascarrillos, moda, estilo y complementos) y los 'famosetes' de tercera del cine español hacían piña, abrazándose y hablando a gritos para que los pasajeros corrientes y molientes los observaran.

Ya en el escenario donde se celebraba la entrega de premios, palpé el nivel. La palabra que más pegaba con aquel aquelarre era 'evento'. Me recordó a la entrega de premios de la agencia de seguros donde trabaja mi padre. Una vez me llevó, y me compró para la ocasión un traje que ya no uso. Parecida cutrez, apariencia, vulgaridad, campechanía impostada, compadreo sectario... Los Goya son eso: la fiesta privada del cine español que usted paga pero en la que no participa. Hasta tal punto que ni ha visto las películas que premian.

Así se fundaron, hace 30 años, como un premio gremial, de colegas de oficio. De 'industria' que organiza su evento anual y premia a los supuestamente mejores. Todo empezó un 12 de noviembre de 1985, en un restaurante madrileño llamado O’Pazo y por iniciativa del productor Alfredo Matas. La Academia de Cine nació en esa mesa, frente a la que se sentaron Berlanga, Saura, Pepe Sacristán y Charo López, entre otros.

El hombre es muy dado a darse premios: mejor trabajo de ciencias, mejor empleado del mes, mejor agente de seguros... Y la gente del cine es más de premios que nadie. Y todos están encantados de recogerlos y de recordar a sus padres en sus interminables y mediocres agradecimientos. Goyas, Gaudís, Feroz, Turia, Ondas, Unión de Actores, Escritores Cinematográficos, Fotogramas... Los españoles se pasan el día dándose premios. “¡Premios, premios, premios... El mejor dictador fascista: Adolf Hitler!”, que gritaba Woody Allen en Annie Hall. A casi todos los peliculeros les encantan los premios. ¡Premios, premios, premios!

Me ha llamado la atención un comentario en Facebook de Juan Miguel del Castillo, director de la digna película Techo y comida, sobre una mujer en paro y desahuciada en la Andalucía actual. Dice así: “Hoy es uno de esos días muy especiales para mí, esta noche estaré en los premios Goya por primera vez y es algo con lo que he soñado siempre”. Estas siete últimas palabras me dejaron anonadado. “Algo con lo que he soñado siempre”. ¿En serio? ¿Los Goya? ¿Siempre? No me imagino a Loach, a Pasolini o a Ashby soñando con eventos.

Este ha sido un año flojo para el cine español. Aunque las nominadas, en general, son justas, me sobran películas como la aburridísima Nadie quiere la noche, la modernez Requisitos para ser una persona normal, la desagradable El Rey de La Habana, la pésima Felices 140, la bochornosa ma ma y Mi gran noche, la última astracanada de Álex De la Iglesia.

¡No hija, no!

Permítanme que use a Mariano Ozores, el homenajeado, y su ¡No hija, no!, para resumir los puntos más desastrosos de la gala:

No a Resines, Presidente de la Academia, hablando a trompicones.

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Antonio Resines, presidente de la Academia, durante su discurso en la gala . / Ballesteros (Efe)

No a los fallos técnicos, como que a Rovira no se le escuche y tenga que pedir un micro.

No a un monólogo a la altura del de un chistoso en un evento del Casino de Torrelodones.

No a ese humor ozoriano tan nuestro.

No a invitar a Tim Robbins a gazpacho.

No a hacer un chiste patético sobre la obesidad del prota de A cambio de nada.

Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera, ayer, en la gala de los Goya. / Juanjo Martín
Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera, ayer, en la gala de los Goya. / Juanjo Martín (Efe)

No a dirigirse a los políticos con posibilidades de gobernar (Rivera, Iglesias y Sánchez) hablando de un “pacto Donald”.

No a preguntar al protagonista de Requisitos para ser una persona normal si tiene los genitales pelirrojos.

No a preguntar “del uno al diez ¿cómo estás de buena?” a la protagonista de La novia.

No a usar los buñuelescos tambores de Calanda sin venir a cuento.

No al número de Serrat, digno de un animador de residencia de la tercera edad.

No a grandes de las letras patrias como Elvira Lindo, Muñoz Molina, Vargas Llosa o Isabel Preysler compartiendo fila.

No a distinguir a un señor muy mayor que ha hecho casi 100 películas, casi todas malas: Mariano Ozores. Me parece de paletos premiar al responsable de Si fulano fuese mengano, Manolo, la nuit, Los pecados de una chica casi decente, El liguero mágico, ¡Qué gozada de divorcio!, ¡Que vienen los socialistas! o El equipo Aahhgg.

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Las actrices Emma y Adriana Ozores entregando la pasada noche el Goya de Honor al actor, productor y director Mariano Ozores. / Ballesteros (Efe)

No a unos agradecimientos eternos.

No a la proyección de un vídeo de un montón de gente muerta ante el que sólo son aplaudidos los conocidos.

No a planos de novias llorosas y agradecidas por aguantar a cineastas apasionados y comprometidos.

¡Sí hija, sí!

Vamos con los aciertos:

Sí al Goya a Miguel Herrán como actor revelación en A cambio de nada (su discurso de agradecimiento fue precioso) y sí al merecido Goya de Jorge Coira por el montaje de El desconocido. Sí al esperado premio de mejor director novel al emocionado Daniel Guzmán por A cambio de nada y sí al merecidísimo premio de Natalia de Molina como mejor actriz en Techo y comida.

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El director Daniel Guzmán con el Goya a mejor dirección novel por su película 'A cambio de nada'. / Juanjo Martín (Efe)

Premios cabales, en general. Sin ser un film redondo, Truman se ha llevado cinco de los seis galardones a los que optaba: película, dirección, guion original, actor protagonista (Ricardo Darín) y secundario (Javier Cámara).

A pesar del show, creo que la Academia ha premiado a lo mejor en un año muy flojo y encima ha estado cerca de lo que el público ha refrendado en la taquilla, así que en ese sentido bien.

Mal el Jefe del Estado, Felipe de Borbón, y su mujer Leticia, que pensaron que apoyar al cine español no estaba entre las prioridades de la noche del sábado.

Bien por Rovira y su guionista. Cuando en la gala de los Goya todo pintaba que el excelentísimo de turno iba a salir de rositas, el cómico le dio un fabuloso repaso al barón Iñigo Méndez de Vigo y Montejo, Ministro de Cultura.

Sí, me refiero al hijo de militar franquista y cuya madre fue Condesa de Areny, al ¡Barón de Claret! Sólo por ver su careto y el de su indignadísima acompañante merecieron la pena estos interminables premios.

3 Comments
  1. bella durmiente says

    Lo de Isabel Preysler entre los grandes de las letras patrias es un error, no?

  2. IVÁN REGUERA says

    Es una ironía.

  3. correlola says

    Te has dejado el ninguneo de premios a B, mucho más merecido Casablanc o Solo, que Cámara.

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