‘El regalo’: la sorpresa de la temporada

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Cartel del 'El regalo'. / acontrafilms (Twitter)

El regalo ha sido una de las sorpresas de lo que va de año en la taquilla norteamericana. Coproducida entre EEUU y Australia y dirigida con buen pulso y sobriedad por el actor australiano Joel Edgerton (que también produce y ha escrito el guión), esta película independiente costó sólo cinco millones de dólares y en su estreno superó los 11 millones. Acabó su vida comercial en USA con la friolera de 44 millones de recaudación. Vamos, que va a ser, sin duda ninguna, una de las películas más rentables del año.

Dentro del género del acosador, las películas con familia “perfecta” atosigada por un psicópata son todo un clásico del thriller. Dentro de un montón de subproductos absurdos y mal hechos, hay algunas películas entretenidas aunque llenas de trampas y efectismos como Atracción fatal, de Adrian Lyne, La mano que mece la cuna, de Curtis Hanson, o De repente un extraño, de John Schlesinger.

Mis películas con psicópata favoritas, eso sí, son aquellas que consiguen que logre cierta empatía con el tarado. Me gustan las películas de asesino que rebana el pescuezo de jovencitos estúpidos igual que las de psicópata que acosa a un cretino arrogante y con una moral tan baja como la del killer. Y no digamos ya esas obras maestras del cine como M, el vampiro de Düsseldorf, de Fritz Lang, o El cebo, de Ladislao Vajda, en las que el policía acaba siendo igual de inmoral que el criminal.

Una variante de este cine es el de la familia perfecta cuya moralidad también vamos descubriendo dudosa. Aquí entra El regalo: familia supuestamente ejemplar acosada por un psicópata supuestamente malísimo, películas en las que el bueno no es tan bueno, ni el malo tan malo. El cabo del terror, de Lee Thomson, y su remake, de Scorsese, son un ejemplo de este cine. Debo reconocer que gustándome mucho el film de Thomson, me encanta el desparrame visual y el histrionismo de la película de Scorsese con De Niro. El cabo del miedo, aunque en antípodas visuales y estéticas, juega las mismas cartas que El regalo: una familia de ganadores que dejan de serlo gracias a un perdedor jodido de la cabeza.

Como en la novela de J. D. MacDonald, apreciado escritor de novela negra, y sobre todo en el guión de Wesley Strick (El cabo del miedo), lo que vamos descubriendo mientras la trama avanza es que la familia ideal no lo es tanto. Aquí Simon y Robyn no son lo que aparentan a primera vista. El primero (un Jason Bateman perfecto para el papel) nos empieza a caer mal enseguida. Pijo triunfador y arrogante que se queda con la guapa, conduce cochazo, viste caro, presume de casoplón y gran despacho, impresiona a los amigotes de su estrato social y ningunea a su mujer, que se limita a trabajar desde casa (no demasiado), decorar su hogar, hacer footing e intentar quedarse preñada. En fin, que la psicopatía o la tara mental se nos va presentando sin necesidad de asesinos acosadores.

Pero enseguida aparece Gordo, viejo amigo del colegio de Simon, un hombre apagado, solitario y perdedor que comienza a hacer regalos a la pareja y a ser demasiado pesado con ellos, que ya tienen otra vida montada, una vida de éxito, apariencia y escaparate. Y junto a la ida de olla de Gordo, irán apareciendo, como en El cabo del miedo, asuntos del pasado que dejarán de hacer tan ideal a la idílica familia de ganadores.

No puedo profundizar más para no fastidiarles la película, pero sí puedo y quiero decir que el guión de El regalo es original y está bien escrito. Edgerton sabe dialogar, maneja bien los silencios y ha construido tres personajes principales con buenas hechuras, con inteligencia. No sólo el personaje del marido trepa está bien definido, también el de ella (estupenda Rebecca Hall) y el del acosador perdedor interpretado por el propio Edgerton, que rodó todas sus escenas de una tacada para poder centrarse mejor en la dirección del film.

El regalo, aunque es entretenida, no pasará a la historia del género. Tiene sus defectos. Por ejemplo el uso de sustitos visuales acompañados de música estruendosa, golpes de efecto algo trillados, lugares comunes del género o giros poco inesperados. Edgerton también se podría haber ahorrado sorprendentes revelaciones del pasado rebuscando archivos y carpetas (lo hemos visto millones de veces) y un final demasiado desgarrado y artificioso.

Pero como ópera prima está francamente bien y tras este tremendo éxito de taquilla me temo que Edgerton, al que veremos como actor en las próximas dos películas del interesante cineasta Jeff Nichols (Take Shelter, Mud) va a querer seguir detrás de las cámaras. Me alegraré, el tipo promete.

acontrafilms (YouTube)

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