Esparbé: “No tengáis los huevos de decir que la responsabilidad es nuestra cuando es de los bancos”

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Mikel Esparbé, en un fotograma de ‘El rey tuerto’. / elreytuerto.com

Lo vimos en Requisitos para ser una persona normal, Incidencias y Perdiendo el norte y pronto lo veremos en Cuerpo de élite. Lo suyo es la comedia. Ahora Miki Esparbé estrena El rey tuerto, una comedia negrísima que es la adaptación al cine que Marc Crehuet ha rodado de su propia obra teatral. En ella, Esparbé interpreta a Ignasi, director de documentales sociales, que vive del dinero de su padre y que una noche se topa con el bruto policía que le ha dejado tuerto. La película cuenta con unas interpretaciones formidables y es un certero retrato del obrero sin conciencia de clase y sin empatía. 

— No parece que El rey tuerto haya sido una película fácil de producir. Es valiente y arriesgada, no enfocada al público masivo.

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«El Rey Tuerto es la película que el director quería, sin imposiciones de una cadena»

Y es una lástima. Hay una parte muy buena, que es que el director ha hecho la película que él quería y no ha tenido que cambiar a alguien del reparto por imposiciones de una cadena. Cuando entra pasta te dicen: “Vale, pero tal actor no y este nuestro sí”. Eso es lo bueno. Lo malo es que no es sano, estás con tiempos muy apretados, con un equipo que hace una trabajo titánico.

— La suerte es que su origen es teatral, por lo tanto la película ya está ensayada.

Totalmente, venimos de dos años y medio ensayando una película. Es un chollo. Pero también fue una movida porque la rodamos en castellano y en catalán a la vez. Hicimos dos películas en 17 días, es una locura. El equipo flipaba.

— Eso se ha hecho por la coproducción y posterior emisión en TV3, supongo.

Eso es.

— Muchos denuncian que hoy en España sólo se puede hacer cine de masas para las grandes cadenas y que el cine independiente y más arriesgado se ha quedado en la cuneta. Hasta las cadenas públicas apuestan por lo comercial cuando son ellas las que deberían apostar, no mirarlo todo desde el punto de vista de la rentabilidad económica y el gusto masivo.

Creo que hay un cine que es más mainstream, más comercial y está muy bien que sea así, he participado en varios proyectos de ese tipo. Pero entraba con todo ya montado, no como en El rey tuerto, en el que estaba desde los inicios. Sí es verdad que hay un cine indie que necesita más apoyo. Ahí están el director de esta película, Marc Crehuet, o Sergi Pérez. El camí més llarg per tornar a casa se llevó el Gaudí a la Mejor Película Catalana.

— Pero Pérez ha sufrido muchísimo para financiarla, estrenarla, rentabilizarla…

Un montón. Hay directores que se lían la manta a la cabeza, hipotecan su casa, venden el coche… y arruinan una parte de sus vidas por su proyecto. Y eso no debería ser así. Más que nada porque se hace cine indie, pero ¡a qué precio! Llama a la puerta de esos directores y pregúntales si rodarían una segunda película con ese mismo presupuesto. Te van a decir que no.

— Y no estamos hablando de mucho dinero, producir cada día es más barato.

Claro, son pelis muy baratas, con un millón te financias dos o tres de las indies. Y son directores necesarios, cuentan historias que calan.

Cartel de 'El Rey Tuerto'.
Cartel de ‘El Rey Tuerto’. / elreytuerto.com

— Centrémonos en El rey tuerto. Me han sorprendido mucho los cambios de tono: comedia urbana y drama social y hasta político, comedia de parejas… y un giro que lleva a la película al absurdo, a lo grotesco. 

El rey tuerto juega con los extremos. Empieza como una comedia costumbrista, de tono ligero, afrancesado… y en el minuto 15 estalla la bomba y Marc te mete en el pozo, luego te saca una carcajada, luego otra vez al pozo… Como espectador no estás pasivo. La comedia parte de estos extremos. Siempre lo hace y parte de estereotipos: el hipster moderno, el policía garrulo… No lo esconde.

— Es muy brutal con las dos clases sociales, pero sobre todo con la clase obrera, la del policía. La destrucción de la pareja del antidisturbios me parece lo mejor.

La película empieza ya en casa del agresor, no de la víctima, que es donde te gustaría estar por empatía. El rey tuerto trabaja todo el rato con la incomodidad. Toda la historia trascurre a través del mundo del policía, casi todo el rato en su casa. Eso ya te sitúa en un sitio muy incómodo. La película tiene cosas casi surrealistas, pero son verosímiles, podrían pasar.

— Echo de menos algo de verosimilitud. La parte del secuestro es impactante, pero no muy creíble. Te preguntas cómo lo ha hecho.

También es difícil que un antidisturbios y su víctima se encuentren en una cena de parejas, pero puede pasar. Es verosímil, pero poco probable.

— La tara en el habla de tu personaje, que estaba en la obra, no molesta. Al principio te preguntas: ¿Va a estar así toda la película? Pero funciona.

Era un miedo que teníamos. Marc me lo comentó incluso antes de leer el texto. Me dijo: “Me gustaría que el personaje tuviese algo que lo hiciese muy vulnerable desde el principio”. Pensamos que tuviese algo al hablar, una tartamudez, que arrastrase las ‘erres’… pero condicionaba mucho los tiempos de comedia. Y con el seseo teníamos miedo de cargarlo mucho, pero lo dejas pasar y funciona. Y en teatro es más jodido. En cine si se te escapa una ‘ese’ lo repites, pero en teatro no. El otro día me felicitó una actriz y me recalcó: “Que soy logopeda, ¿eh?” En la obra me esperaban fuera señoras mayores que me decían: “¡Ole tú, que tienes este defecto y estás trabajando en el teatro!” (Risas)

— Hablemos del oficio de actor. Tú has despuntado en un momento muy poco próspero para el sector, en plena crisis. Ya no se cobra lo que se cobraba antes, se vive peor. ¿Cómo está el gremio?

«El 70% de los actores está sin trabajo y es gente con un gran potencial y talento»

Creo que el 70% de los actores está sin trabajo. Y hay gente con un potencial y un talento que no te lo puedes llegar a imaginar. Yo he estudiado con gente brillante pero que no es… luchadora.

— No trepa, sino peleona.

Sí, te hablo de entrenar. ¿Que no tengo trabajo? Pues me cultivo, hago cursos… Y luego hay gente que no es tan brillante pero que curra, está y es la que al final tiene trabajo.

— Vamos, que pasa, que esto que cuentas no es un rollo autoayuda.

Yo me he encontrado a gente de esa que dice “Depende de qué”, “Cortos no hago”… Hostias, a mí algunos trabajitos me han abierto las puertas a directores de casting, trabajos sin cobrar, te lo juro. Todo fue gracias al corto Doble Check, que a mí me abrió las puertas en Madrid. Y son proyectos que salen de la necesidad de contar cosas, de hacer cosas. Igual te digo de Barcelona, noche de verano, gracias a ella recibí correos de productores, de cadenas…

— Supongo que el cine es un trabajo colectivo y como no estés y te muevas en un colectivo estás apañado. Si no conoces equipos, gente. ¿Cómo llevas el mundillo de los estrenos, las fotos, las entrevistas, el escaparate…?

Llevo una vida muy tranquila. El escaparate viene dado por el cine, pero no es el cine. Hay colegas que lo malinterpretan o no lo acaban de entender.

— ¿En estos estrenos y fiestas hay contactos para trabajar o es más cosa de prensa, de imagen?

La mejor carta de presentación para trabajar es trabajar y dar lo mejor de ti, currar a fondo defendiendo tu trabajo. Esto es un trabajo de equipo, como dices. Y al final todo se sabe. Si eres un gran profesional trabajando y luego no eres la alegría de la huerta está bien, no te contratan para que te eches unas risas con el equipo.

— Se te conoce por la comedia Perdiendo el norte, por Requisitos para ser una persona normal, Incidencias, la serie Anclados… ¿La comedia está infravalorada, tiene ese ‘san benito’ de ser algo ligero, poco profundo, fácil?

Sí. Pero ésta es una comedia negrísima.

— Brutal.

“Comedia brutal” mola también. (Risas) Para el cartel: “El rey tuerto, una comedia brutal”.

— Uno de los infiernos del actor es que nadie llame al teléfono, ser olvidado. ¿Qué harías si llega ese momento?

— Jack Nicholson le dio un buen consejo para ser actor a un joven que empezaba en esto. Le dijo: “Ahorra”. Es muy distinto ir a un casting sabiendo que tienes trabajo que sabiendo que no lo tienes. Tienes que pagar el alquiler, llegar a fin de mes.

— Tú mismo has vivido la cancelación de la serie Anclados. Crees que te va a entrar mucho dinero en la cuenta corriente y de la noche a la mañana no. Cero.

Cuando estrenamos El rey tuerto, hacía dos años que había rodado una serie. Pero se estrenó justo cuando estábamos con la obra y estrenando Barcelona, noche de verano. De los tres proyectos, el teatro daba poco dinero y lo de la serie ya me lo había gastado, pero estaba en boca de todos porque aparecía en tres cosas a la vez. “¡Tío lo estás petando!”, me decían. Y yo aclaraba: si quieres te enseño mi cuenta corriente y nos echamos unas risas.

— El rey tuerto habla de un país en tensión, a punto de estallar, con la calle incendiada, con esa exigencia de empatía ante el represor. ¿Cómo ves el futuro del país?

«Cuando estrenamos había ya 7 casos en Barcelona de gente que le habían vaciado un ojo»

Necesitamos dialogar, como invita a hacer mi personaje. Comparto algo que transmite El rey tuerto: la impotencia.

— ¿A qué impotencia te refieres? ¿Por la corrupción, la quiebra del sistema, los abusos policiales…?

Todo un poco, no sólo por la carga policial hecha sin ningún tipo de criterio. Cuando estrenamos la obra había ya siete casos en Barcelona de gente que le habían vaciado un ojo. Y te hablo de gente que no es antisistema. Una de las víctimas, que vino a ver la obra, nos contó que él venía de festejar el triplete del Barça en Canaletas. Apareció un furgón y empezaron a disparar sin criterio. Y no olvidemos eso que se recuerda en la película, eso de que la gente “ha vivido por encima de sus posibilidades”. Eso es la hostia. No me engañes, ¡no nos engañéis! No tengáis los huevos de decir que la responsabilidad es nuestra cuando es de los bancos.

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