‘La Historia Interminable’: por qué recordarla y no volver a verla

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Cartel de La historia interminable.
Cartel de La Historia Interminable, que se reestrena hoy.

La Historia Interminable se reestrena en España, todo un acontecimiento veraniego, sobre todo para los que la disfrutamos de críos. ¿Volver a verla ahora es un error? Quizás. La pobre película está vieja. ¿Que un tipo que hoy es padre y en el 84 era un crío quiere llevar a su hijo a verla? Igual el nene se caga en todo lo más sagrado al ver esos efectos especiales de chichinabo y se la monta. ¿Pero y si no es así? Ya nos lo contarán los padres que hayan apostado por la experiencia.

Recuerdo haber visto La Historia Interminable en el cine Gurea de Algorta y salir encantado. 1984 fue un año bueno para los críos porque salimos igual de felices de Los cazafantasmas, Gremlins, Terminator, Karate Kid, Loca academia de policía, Superdetective en Hollywood o Tras el corazón verde. La segunda de la saga de Indiana Jones no nos moló tanto, a casi todo el mundo le pareció demasiado oscura y bestia. Spielberg se pasó de frenada.

Hagamos memoria: Bastián entra en una tienda de libros viejos y le cuenta al dueño que hay unos chicos del cole que le pegan y se ríen de él. Entonces no sabíamos lo que era el bullying. Después de hablar con el dueño de la tienda, Bastián se lleva uno de sus libros: La Historia Interminable. Al leerlo, descubre que Fantasía se encuentra en peligro por culpa de algo llamado “nada”, que es lo que sufrimos ahora según nos dictan los aterradores índices de lectura.

El estreno de La Historia Interminable llevaba acompañado un pesado lastre literario. Estaban los que habían leído la novela y los que no, que es mi caso. Odiaba y sigo odiando las “lecturas obligatorias”. Bastaba con que un profesor recomendase un libro para que no lo tocase. El caso es que Michael Ende, fallecido en el 95, no quedó muy satisfecho que digamos con la adaptación. Pilló un rebote de no te menees: “Lo que da de fantasía la película no llega al nivel de un club nocturno del montón. Todo lo que debería haber sido misterioso y mágico se ha vuelto totalmente falto de inspiración y banal. Las esfinges son una de las mayores ridiculeces de la película, son una especie de strippers de tetas grandes en el desierto. La última parte de la película es una orgía kitsch en toda regla”. También declaró que la película era “un gigantesco melodrama comercial a base de cursilería, peluche y plástico” y pidió que retiraran su nombre de los créditos, en los que sólo aparece como autor de la novela.

La verdad es que Ende no tenía abuela: llegó incluso a pedir a los productores que cambiasen el título de la película, algo que rechazaron de inmediato. Atacado de los nervios, los denunció, pero el juez del caso no le dio la razón. Además, y según el diario Der Spiegel, quería que la adaptación de su magna obra fuese dirigida nada menos que por Andrzej Wajda o por Akira Kurosawa. Casi nada.

La adaptación cinematográfica no fue hollywoodiense, sino alemana, lo que tiene un gran valor y mucha valentía. Puede que demasiada. Sea como fuere, resultó ser la película alemana más cara hasta entonces y todo un exitazo de taquilla: en su estreno la vieron nada menos que cinco millones de espectadores.

Cartel del año 1984 de 'La Historia Interminable'.
Cartel del año 1984 de 'La Historia Interminable'.

El encargado de rodarla fue Wolfgang Petersen, efectivo director que venía de dirigir el éxito El submarino y que tras esta película fue llamado por Hollywood, donde firmó la estupenda En la línea de fuego pero sobre todo olvidables taquillazos como Air Force One, La tormenta perfecta, Troya o Poseidón. Forrado y tras toda una década sin rodar nada, ahora Petersen, de 74 años, acaba de regresar a su tierra para rodar la que, muy posiblemente, sea su ultima película: Vier gegen die Bank.

La Historia Interminable la protagonizaron Barret Oliver (vean su estado actual con Google y péguense un tiro), Noah Hathaway (Atreyu) y Tami Stronach (la Emperatriz Infantil). También aparece el pequeño actor Deep Roy, que más tarde protagonizaría Charlie y la fábrica del chocolate (de Tim Burton) interpretando a todos los Oompa Loompas de la película. En La historia interminable es el jinete del caracol Weeny.

La banda sonora fue compuesta por Klaus Doldinger (saxofonista alemán muy reconocido) y el mítico genio del sintetizador Giorgio Moroder. Además, el famosísimo tema principal está cantado por Limahl, líder de la banda pop Kajagoogoo. Fue la mayor carta de presentación del film en todo el planeta.

El rodaje de La Historia Interminable fue un infierno. De calor. Casi toda la película fue rodada en el verano del 83, el más caluroso en 25 años. Además, el pobre Noah Hathaway (al que le quisieron maquillar de verde para ser fieles a lo novela, algo que resultó patético) casi se mata durante los entrenamientos con caballos. Para colmo de males, en la secuencia del Pantano de la Tristeza se quedó atrapado en el ascensor y casi se ahoga y encima casi pierde un ojo cuando rodaba una escena de lucha contra Gmork. Una de sus garras le golpeó en la jeta y casi lo desgracia. Fue una escena tan arriesgada que Petersen decidió rodarla una sola vez.

Y una última curiosidad cinéfila: Steven Spielberg es un fanático de la película (¿se imagina una versión suya?) y guarda en su oficina, en un frasco de cristal, el colgante Auryn original usado por Atreyu.

En fin, quizás La Historia Interminable sea una peli mala, pero es nuestra peli mala. Formó parte de unos años de infancia estupendos donde el cine de masas no se tomaba tan en serio y los efectos especiales eran a veces cutres, pero también maravillosamente artesanales, no diseñados por una máquina. Fueron años de cines viejos y asientos de madera y no de frías multisalas o de caseras pantallas de plasma. Y no, La Historia Interminable no es una buena película, pero cuando vuelvo a escuchar el tema Happy Flight y me imagino a Bastian sobre Fújur me entra un agradable cosquilleo. El de la nostalgia.

El Séptimo Arte (YouTube)

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