‘Miles Ahead’: voluntarioso retrato de un genial drogata

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Cartel de Miles Ahead
Cartel de 'Miles Ahead', la película que narra la vida de Miles David, trompetista de jazz.

Antes que nada, debo decir que no soy un gran conocedor del jazz ni domino especialmente ese estilo musical que, según su intérprete, me puede llegar a parecer de un cargante de no te menees. Pero me gustan algunos trabajos de Miles Davis. Mis álbumes favoritos son Relaxin, Nefertiti, Ascensor para el cadalso, Porgy and Bess y Sketches of Spain.

Hace ya una década, el Salón de la Fama del Rock and Roll de Estados Unidos celebró la inclusión de Miles Davis entre los grandes que forman parte de sus paredes y vitrinas. Ya había muerto, el 28 de septiembre de 1991. En aquel acto, su sobrino Vince Wilburn dijo sin inmutarse que el actor Don Cheadle (Boogie Nights, Traffic, Ocean's Eleven...) interpretaría a Davis en una película. De todo esto el pobre Cheadle no tenía ni idea, pero, y lejos de mosquearse, cogió el guante. Y no sólo aceptó interpretar al legendario Miles Davis, sino que afrontó el film como un autor total, a lo Orson Welles: como protagonista, realizador, coproductor y guionista.

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Como era de esperar, la empresa no fue nada sencilla para Cheadle, que se ha pasado cinco años documentándose, leyendo todo lo que pillaba sobre el trompetista, escuchando sus discos hasta el hartazgo y entrevistando a todos los familiares y a sus amigos o enemigos vivos. El resultado final está lleno de buenas intenciones, pero no es, en absoluto, redondo. Cheadle ha sido valiente al huir de esos biopics acartonados y mil veces vistos que hacen un fresco del nacimiento a la muerte de un famoso. Como él mismo declaró en su estreno, pretendía usar el cine igual que Davis usó el jazz, con libertad, jugando, improvisando.

Así, el guión de Cheadle rompe con las reglas del biopic al uso y arranca con un Davis ya en decadencia, en el año 1979. Nada nos cuenta (a excepción de algunos falshbacks al pasado, que tienen más que ver con su vida sentimental que con su carrera) de su infancia o de sus inicios en garitos nocturnos y en la industria musical. Ni siquiera nos habla de su trabajo junto a leyendas como Charlie Paker (del que Clint Eastwood hizo una película, Bird, que me parece aburridísima), Dizzy Gillespie, Gil Evans, Gerry Mulligan o John Coltraine. Tampoco, y aunque sí habla sin tapujos de su adicción a la coca, hace referencia alguna a su adicción a la heroína en los cincuenta.

Cheadle, eso sí, usa la coca como elemento que hace mover la trama de su relato. Utiliza la cocaína y una grabación que alguien roba. Lo que empieza como una película sobria y oscura sobre una genio atascado, se convierte en una buddy movie protagonizada por un genio cascarrabias y un periodista de la revista Rolling Stone interpretado por Ewan McGregor. Así, Cheadle apuesta por el humor y el homenaje nada purista y aburrido y lo hace en forma de una película de gangsters llena de tiros, persecuciones en coche, sexo, fiestas, farlopa y alcohol.

Pero la cosa no acaba de funcionar del todo. No creo que Miles Ahead le hubiese gustado a Miles Davis si hoy estuviese vivo. Aunque quién sabe. Y no lo digo sólo por su flojo guión, sino porque el hombre no sale especialmente bien parado. Davis es otro ejemplo, entre cientos, de que puedes ser un genio en lo tuyo y ser a la vez un auténtico mierda como persona (como aquel Sean Penn de Acordes y desacuerdos).

Afortunadamente, Cheadle no ha obviado uno de los episodios más oscuros y miserables de su vida: el cortejo, boda y total anulación como persona de la bailarina Frances Taylor, a la que obligó a no volver a los escenarios para que se dedicase enteramente a él, el gran Davis.

Desgraciadamente, el Macguffin del robo de la grabación no funciona del todo y el film se queda en una mera anécdota en la turbulenta vida de un artista drogata correctamente filmada. A Miles Ahead le falta la rabia, la personalidad y la modernidad que pide a trompetazos la música de Davis. Se echa en falta más garra, valentía y audacia visual.

No es malo, eso sí, su cierre: con Cheadle tocando junto a Herbie Hancock (autor de la maravillosa banda sonora de Alrededor de la medianoche), Wayne Shorter, Esperanza Spalding y Gary Clark Jr.

El jazz no ha tenido gran suerte en el cine y Miles Ahead es otro ejemplo de ello. Desde luego, no llega a la altura de películas como Cotton Club, de Francis Ford Coppola o El trompetista, de Michael Curtiz. Ya veremos qué tal es Born To Be Blue, con Ethan Hawke como otro trompetista atormentado y drogata y con el que Miles Davis se llevó a matar: Chet Baker.

Sony Pictures España (YouTube)

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