‘Blood Father’: el regreso de Mel el bocazas

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Cartel de la película 'Blood Father', protagonizada por Mel Gibson. / Vertigo Films

Tengo que reconocer que Mel Gibson me cae bien. Sí, es un bocas y bastante reaccionario, pero nunca tiene pelos en la lengua, ni adorna sus opiniones con un barniz de buenismo, que es lo que hace el 99% de los actores de Hollywood y del mundo en general.

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La última de Mel ha sido gloriosa: “Batman v Superman es un pedazo de mierda. Los héroes de verdad no llevan mallas. Veo esas películas de 200 millones de dólares y me rasco la cabeza. En fin, no sé, la licra debe de ser muy cara”. A los ejecutivos de Warner les ha tenido que encantar leer esto, no me digan.

Pero estas salidas de tiesto vienen de lejos. En 2004, año de su inesperado éxito mundial La pasión de Cristo, grupos judíos protestaron por el tratamiento que el actor daba a los judíos en su tercera película como realizador. Dos años más tarde llegó la caída. Gibson, conduciendo con una considerable cogorza, fue arrestado por la policía de Los Ángeles. Su informe policial habló de resistencia a la autoridad y destacó sus palabras antisemitas, dichas a uno de los agentes: “¿Es usted judío? Putos judío. Los judíos son los responsables de todas las guerras en el mundo”.

Para enterrarlo del todo en Hollywood, el guionista Joe Eszterhas (Instinto básico) hizo pública una carta infecta en la que acusaba a Gibson de abandonar un proyecto cinematográfico sobre la vida de Judas Macabeo debido “a su antisemitismo”. Lo hizo después de que Warner Bros anunciara la cancelación del proyecto, titulado Los Macabeos. En ella escribía a Gibson: “La razón última por la que usted no hace Los Macabeos es la más fea posible: odia a los judíos”. En la misiva también lo acusaba, de forma bastante baja, de maltratar a su mujer.

La respuesta del actor fue muy escueta: “En 25 años de leer guiones, nunca había visto un primer borrador más deficiente o una mayor pérdida de tiempo. La decisión de no continuar trabajando con usted se basó en la calidad de su guión y en ningún otro factor”. Puedo pensar que hay algo de verdad en sus palabras si estamos hablando del autor de guiones como los de Showgirls, Jade, Sliver, Un yuppie con estrés o Flashdance.

El caso es que desde la cagada con la policía y las presiones del lobby judío, al pobre Mel, que ganó el Oscar al Mejor Director con Braveheart, sólo le dejaron dirigir la estupenda Apocalypto. Y como actor no ha dejado de hacer mediocridades como Al límite, El castor o Los mercenarios 3. Sobre su condición de juguete roto, el viejo Mel dijo con claridad: “Hollywood es una factoría. Tienes que ser consciente de que trabajas en una factoría y formas parte de un mecanismo. Y si te rompes, serás reemplazado”.

Ahora Mel regresa a nuestras pantallas con la historia de Lydia, una niñata de 16 años acusada de robar una fortuna a un cartel mejicano, en realidad una trampa de su novio traficante (Diego Luna). La niñata se refugia en su padre, un pieza de mucho cuidado, exalcohólico, exmotero, exconvicto y ex de todo. En fin, lo que hemos visto en mil películas: un tipo rudo y conflictivo que quiere ser normal, pero que se topa otra vez con la criminalidad por defender lo que más quiere.

El resultado es una correcta y entretenida cinta de acción del realizador francés Jean-François Richet, una digna serie B sin ningún complejo, ideal para una tarde o noche palomitera en la que no pides demasiado, sólo acción. Desde Vacaciones en el infierno, que también era entretenida y también muy de serie B, Gibson no había hecho nada mejor.

Blood Father recupera a personajes que Gibson ya ha interpretado (vive en una caravana, como en Arma letal, o se lía a trabucazos en plena carretera, como en Mad Max) y también películas como Valor de ley o Hardcore. Pero su problema es que se queda a medio gas. Me explico: hubiese sido una película de acción bestial  aumentando los tiros y la sangre o una película raramente lírica si no fuese tan macarra.

El guión, de Peter Craig (que firmó dos entregas de Los juegos del hambre y prepara Top Gun 2) y Andrea Berloff (autora de la insulsa World Trade Center) es flojo y caprichoso. No sabes por qué los malos no se cargan antes a los buenos cuando, claramente, pueden hacerlo. Luego los buenos les ponen unas trampas evidentes y los malos caen como gilipollas. Si unimos a esto los arbitrarios giros carcelarios y un final demasiado abrupto y soso nos da una peli que se conforma con entretener pero que es de usar y tirar.

Ahora toca esperar a Hacksaw Ridge, la nueva de Mel como director. Pinta muy bien.

vertigo films (YouTube)

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