IVÁN REGUERA | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 11:23

Mabel Lozano, directora de el documenal 'Tribus de la inquisición'. / @lozanomabel
Mabel Lozano, directora de el documenal ‘Tribus de la inquisición’. / Efe

Pueblo de Ivirgarzama, capital productora de hoja de coca. Seis jóvenes arden en la plaza del pueblo mientras cientos de vecinos, entre ellos niños, los ven impasibles y hasta lo celebran a gritos. ¿Su crimen? Haber robado un viejo camión.

De este horror parte Tribus de la Inquisición. Mabel Lozano, que hace más de diez años dejó su trabajo de actriz para centrarse en su carrera como documentalista, ha viajado hasta Bolivia, país que ostenta el siniestro ranking de linchamientos a manos de civiles. Allí, y como muestra el documental, el estado de derecho es papel mojado.

Tribus de la Inquisición, un trabajo breve, duro, contundente y muy valiente, denuncia espantosas violaciones de los derechos humanos elementales en la zona del Trópico Cochabambino (Bolivia). Y se centra en una familia que ha sufrido este horror. Mabel Lozano, un torrente verbal, una mujer apasionada por su trabajo, habla para cuartopoder.es de su nuevo trabajo.

Todo empieza por una crónica.

— Sí, Roberto Navia ganó el Premio Rey de España por su crónica Tribus de la Inquisición y venía a España a recogerlo. Él quería ver mi documental Chicas nuevas 24 horas. Me había mandado un mail porque estaba investigando el tema de la trata de blancas desde Bolivia a España. Nos reunimos aquí, él me habló de su crónica y le dije que eso se tendría que tratar en un documental. Y me dijo: “Tienes que hacerlo tú”. Volvimos a vernos en Bolivia y empezamos la investigación y rodamos algo juntos. El resto lo he rodado en marzo de este año. Y al acabar me ha resultado muy difícil montar Tribus de la Inquisición. ¿Tú sabes lo que hipnotiza ver quemar a un ser humano? No lo has visto. Lo hemos visto mil veces en las películas sobre la Inquisición, pero de verdad es otra cosa.

Estamos más acostumbrados, sobre todo en televisión, a los que se queman a lo bonzo, pero un linchamiento popular que acaba con gente quemada viva y con público, niños incluidos, es otra cosa.

“Se normaliza que se pueda asesinar a un ser humano.
Y todo bajo el paraguas de lo que allí llaman Justicia Comunitaria”

— Estos chicos de los que hablo no querían que les quemasen. Les pegaron palizas durante todo el día y acabaron quemados con niños comiendo patatas fritas delante… Los chavales lo van a reproducir cuando sean mayores. Se normaliza que se pueda asesinar a un ser humano. Y todo bajo el paraguas de lo que llaman allí la “Justicia comunitaria”, ¡que está en la Constitución Boliviana! Pero esa misma ley pone, explícitamente, que están prohibidos los linchamientos. Ahora, a esa “Justicia comunitaria” la llaman “Justicia por mano propia”. Como muchos ciudadanos no creen en la justicia boliviana, ellos lo llaman así. Y ha degenerado en quemar y enterrar viva a la gente. Esto de justicia no tiene nada, todo ser humano tiene derecho a la vida y a un juicio justo, hayas hecho lo que hayas hecho.

¿Cómo organizas las entrevistas con la familia? Ha tenido que ser muy duro.

— La crónica de Roberto era sobre esta misma familia, pero la crónica se limitaba a la familia y al fiscal de la zona y yo quería saber qué opinaba la policía y el fiscal territorial. He vivido el dolor de una familia que ve cómo queman vivos a sus hijos, ¡a sus hijos!

¿Te costó mucho convencerlos para que se soltasen ante la cámara?

Cartel de 'Tribus de la Inquisición'.
Cartel de ‘Tribus de la Inquisición’.

— Muchísimo. Costó que ellos se abrieran. Empiezan hablando de una manera muy tibia y al final se abren y ves ese dolor de una familia que ve cómo sus seres queridos son quemados sin poder hacer nada. Esa frustración, esa impotencia.

Las mujeres tienen mucho peso en este trabajo. Madres, hermanas, esposas…

— Son mujeres muy valientes. La impunidad con la que se mata a sus familiares es terrible. Los acusan de robar un viejo camión y lo hacen sin ningún documento.

Cero pruebas.

— Nada de nada. Y no olvides la impotencia de los que sobrevivieron a ser quemados y están en la cárcel, que se han autoinculpado para salvar su vida porque si no estarían muertos.

Y hablan de la situación de las cárceles, que es aterradora, con toda esa corrupción, esas torturas…

— Cuentan cómo llegas a una cárcel y no tienes celdas, duermes en los pasillos. Y cómo se pega a la gente, se la maltrata, con palizas impresionantes. Lo cuentan ellos: a todo el que pasaba lo torturaban. La madre tiene que vender los pocos bienes que le quedan para enterrar a un hijo, para curar al que ha quedado vivo y para pagar por una celda y evitar que los encarcelados sean torturados.

Y es gente pobre, muy humilde.

— Gente que vive en el umbral de la pobreza, pero muy trabajadores.

El documental tiene atmósfera de western, parece el siglo XIX: esos policías mal vestidos, el fiscal, la cárceles corruptas, la jauría humana, la gente que se toma la ley por su mano…

— Es la impunidad absoluta, mirar hacia otro lado. Lo dice el fiscal: la absoluta ausencia del Estado, de efectivos policiales, jueces, fiscales… Como dice el cura, todas las semanas desaparecen una, dos o tres personas y nadie pregunta. Cuando estuve grabando, sacaron del río los cadáveres de tres chavales. Los peces les habían comido los ojos. Y todo por haber robado un ciclomotor. ¡Una motocicleta! No hay derecho a la vida, a un juicio justo.

Más que el siglo XIX, es la Edad Media. De ahí el título Tribus de la Inquisición.

— Edad Media pura y dura. El problema de Bolivia es que esto está tan normalizado que ni ocupa portadas. Todo se ampara bajo la “Justicia comunitaria”, que es tan importante como la ordinaria, pero bajo ese paraguas no se pueden justificar los asesinatos.

O mirar para otro lado.

“Son asesinatos
de civiles a manos de otros civiles. Hablamos de
pena de muerte”

— Eso es, con esa complicidad. Son asesinatos de civiles a manos de otros civiles. Estamos hablando de la pena de muerte. Nos sirve para reflexionar a nosotros, en España. Mira estos chavales que violaron repetidamente a una chica en Pamplona. Sobre este caso he leído barbaridades. Que si habría que hacerles no sé qué… No, no.

Una de las mejores reflexiones que te haces al ver Tribus de la Inquisición es que te recuerda lo que es un Estado de Derecho. Más que nada por si se te olvida.

— Exacto. Hay gente que me dice: “Es que esto es un tema de Bolivia”. No, es una reflexión muy importante para todos. Vuelvo a lo de Pamplona: “Es que a estos violadores habría que cortarles…. No, no, mucho cuidado. Nosotros, afortunadamente, somos un país garantista, vivimos en un Estado de Derecho.

El documental arranca sin imágenes impactantes (de gente quemada viva) hasta que aparecen y conmueven. Dices que te ha costado montar este documental. ¿Por qué tomas la decisión de no meter desde el inicio estas imágenes?

— Sabía que había que ponerlas. Yo no hago pornografía del sentimiento humano, ¡que es facilísimo! Hacer llorar a la gente, cogerla y apretarle las tripas y no soltárselas. Es muy fácil hacer eso. Pero es hacer pornografía del sentimiento humano que no conduce a nada, ni a ninguna reflexión, ni a reaccionar contra este horror. Pensé que podría ser posible no poner esas imágenes, pero si no las ponía, nadie se hubiese enterado de la magnitud de esto.

No es lo mismo contarlo que ver ese espanto.

“Esta película denuncia la vulneración de los Derechos Humanos y yo también los vulneraría si hiciera pornografía de
un sufrimiento”

— Las monté sin regodearme en ellas. Y con muchas fotos. Y he elegido las más leves y las he puesto a una velocidad de vértigo. Podría haber montado otras fotos bestiales, me podría haber regodeado mucho más. Pero no todo vale. Esta película denuncia la vulneración de Derechos Humanos y yo también caería en ello si hago pornografía de un sufrimiento. Si no fuesen necesarias, esas imágenes tan explicitas jamás las hubiese montado. Pero es que si te cuento que queman y entierran viva a gente no te haces una idea o no lo crees.

Lo más aterrador es ver cómo entra la tecnología en un mundo del medievo en pleno siglo XXI: cámaras grabando a gente ardiendo. Es como tener un móvil en plena Inquisición.

— Y es la quema de los hijos de una mujer, se llaman Roberto, Daniel y Melquiades. Son sus padres los que estaban ahí y no podían hacer nada. Roberto llegó al hospital con un 97% de su cuerpo quemado. Llegó pidiendo agua y nadie se la daba. Tuvo que llegar su familia para pagar dinero para que se la dieran. Llegas, pagas y te atienden. Igual que tuvieron que pagar 1.000 dólares por la celda de sus chicos porque de lo contrario dormían en el pasillo y los torturaban.

¿Qué relación tienes ahora con la familia protagonista?

— Directa, son seres humanos maravillosos. Tenías que verlos en el estreno, con su ropa de domingo. Se sentaron en la proyección, se encogieron y lloraron en silencio.

Mabel Lozano (Vimeo)

 

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