‘Moonlight’: pobre, negro y marica

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Moonlight de Barry Jenkins, opta a ocho Oscars
Cartel anunciador de 'Moonlight', de Barry Jenkins, ganadora de un Globo de oro y que opta a ocho Oscars. / Diamond Films España

Se estrena la rival más dura de La La Land, pero no se le puede llamar la “gran rival” porque el musical de marras (y que tan pronto olvidaremos, como casi todos estos fenómenos prefabricados) se lo llevará todo en la gala de los Oscar.

Globo de oro al mejor drama, Moonlight cuenta con ocho nominaciones a los Oscar, igual que la pretenciosa La llegada. Las categorías son: Mejor Película, Mejor Director (Barry Jenkins), Mejor Guión Adaptado (Jenkins nuevamente), Mejor Secundario (Marhershela Ali), Mejor Secundaria (Naomie Harris), Mejor Fotografía (James Laxton) y Mejor Banda Sonora (Nicholas Britell).

Dicen que el tal Marhershela Ali tiene asegurado su premio, pero a mí me ha parecido un actor de los más normalito y con un mohín que hace con la lengua que acaba resultando asqueroso. Este personaje, por cierto, es el que da título a la película con una frase: “Bajo la luz de la luna todos los chicos negros parecen iguales”. Fíjate tú.

En los Oscar de este año Moonlight es la embajadora del cine de y con negros frente a Fences y Figuras ocultas. El nacimiento de una nación, una película mucho más entretenida que todas ellas, ha sido ninguneada por la Academia tras una fea campaña contra la imagen de su director, pero de eso ya hablaremos próximamente.

Barry Jenkins, treintañero que hace nueve años estrenó su ópera ópera prima Medicine for Melancholy, adapta una obra teatral de Tarell Alvin McCraney y refleja su experiencia (centrada en la violencia en las aulas y en la represión de la homosexualidad) en su infancia, adolescencia y juventud en los barrios más jodidos de Miami. Produce, por cierto, Brad Pitt, productor (con la empresa Plan 9) de otra reciente película racial bañada en premios: 12 años de esclavitud. Sólo ha costado cinco millones de dólares y se rodó en seis semanas.

La historia de cómo Jenkins ha llegado a este éxito es curiosa, porque es como un Truffaut negro (hablo de su vida, no de su obra): su padre dejó a su madre cuando él tenía 12 años y el tipo nunca pensó que Jenkins fuese su hijo biológico. El chaval, como refleja la película, se crió fuera de casa, logró llegar a la universidad, abandonó dos carreras, rodó cortos que no le convencieron nada y finalmente ha acabado estrenando una película con ocho nominaciones a los Oscar. No está nada mal.

Podría decirse que la gran epifanía de Jenkins como director es ver películas de directores de ojos rasgados, concretamente las de Hou Hsiao-hsien. Y se nota en la estética, en su planificación, en su banda sonora y en su fotografía, un excelente trabajo (lo mejor de la película) de James Laxton, que ha usado formato digital en Cinemascope.

Pero... casi siempre hay un pero, ¿verdad? Es una película centrada demasiado en el cambio físico de los personajes más que en los personajes en sí. Y se nota. La película, que es diletante y a la que le sobra bastante metraje, carece de grandes personajes y tiene tres partes muy diferenciadas, cada una centrada en un segmento de la vida del protagonista. Por cierto: los rostros de los tres actores que interpretan al mismo personaje han sido muy bien fusionados en su estupendo cartel.

La primera parte es del montón. En ella Jenkins nos presenta unas situaciones mil veces vistas en el cine, de negros o de blancos, da igual. Un niño sufre acoso escolar, su madre es una drogata y el chaval conoce a un camello “con sensibilidad” y un asqueroso mohín que hace con la lengua. En al segunda parte el tipo crece, es feo y larguilucho y al final acaba sacando toda su ira interior ante los acosadores. En la tercera lo vemos hecho un toro y un gangsta de esos que llevan más oro que M. A. Barracus.

Esta es la parte que más me gusta de Moonlight y la que creo que hace resucitar a la película. Sin desvelar nada, les diré que ese encuentro entre dos viejos amigos (Chiron y Cevin) de la infancia en un restaurante es tierno y en él sí se ve a un director con algo diferente (no diré nuevo) que narrar.

En resumen: un director con tanta sensibilidad como pocas cosas que contar.

El Plan B:

Este fin de semana se estrena también Cincuenta sombras más oscuras, nuevamente basada en esos tochos picantones para señoras. No he visto ni veré la primera y tampoco veré este nuevo engendro, pero seguro que hay espectadores que pican. Pero centrémonos en el estreno familiar más recomendable. Si no está en sus planes ver una película sobre un negro homosexual que sufre acoso escolar en un barrio marginal y quieren llevar a la chavalería al cine, elijan Lego Batman: la película. No ha llegado a las cotas de la película de 2014 (Mejor película de animación en los BAFTA, nominada al Oscar a la Mejor canción y a los Globos de oro a la Mejor película de animación), pero es ideal para los críos. Que aquí también pensamos en los pobres padres de vez en cuando.

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1 Comment
  1. Malo says

    Tampoco hay que enfrentar una película contra la otra. La La Land no está mal. Incluso yo diría que está bastante bien. Y eso no quita que Moonlight pueda ser otra buena peli. Y si se llevan Oscars pues mejor para las dos. Tanto como si luego no les dan ninguno. Qué más da. El cine es para ver realidad y ficción. Y para disfrutar.

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