‘Spider-Man: Homecoming’: la mejor película del Hombre Araña

Spider-Man: Homecoming
Cartel de 'Spider-Man: Homecoming', película dirigida por Jon Watts. / Sony Pictures Spain

Sí amigos, voy a hablar bien de una película de tipos que se ponen leotardos, de una de esas tropecientas películas de superhéroes que nos venden anualmente. No es bueno ser talibán cuando una película tiene los ingredientes para entretener al público al que va dirigida, cuando está decentemente escrita, interpretada y rodada. Mejor dejar a un lado los prejuicios contra este subgénero de señores con capa. Al César lo que es del César: la película es entretenida y es la mejor que se ha rodado sobre el superhéroe arácnido, que por otro lado es el que mejor me ha caído de toda la vida.

Siempre se puede hacer una lectura “profunda” y “seria” del mundo de cada superhéroe, pero desde esa tontería de Flash Gordon a los Batman del presuntuoso Christopher Nolan el cine de superhéroes siempre se ha querido tomar más en serio de lo que se merece. ¿Que en toda película de este tipo hay diatribas sobre lo que es el bien y el mal, los límites de un poder sobrenatural, la justicia fuera de la de los hombres y hasta sobre la identidad sexual y la careta social? Pues claro, pero si uno se pasa de frenada salen unos bodrios memorables.

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Un libro reciente se hace todas esas cuestiones serias. Se llama Los superhéroes y la filosofía y en él diferentes filósofos y expertos en cómic se preguntan por la relación de necesidad entre Batman y el Joker, por la relación de sumisión (cueros de por medio) entre Batman y Robin, por la educación que Charles Xavier da a los X-Men o sobre lo que supone la muerte de tío Ben para Spider-Man. Afortunadamente, no hay trauma que valga en la nueva del arácnido. Todo lo que le preocupa a este muchacho (estupendo Tom Holland, el mejor de todos los Spider-Man) en esta entrega es no ser acosado en el colegio, gustar a la guapa, ganar un concurso escolar... Bueno, sí, y salvar al mundo si le pilla cerca.

'Spider-Man: Homecoming' se toma a coña a ella misma y eso es lo mejor que podría haber hecho. Tras las mediocres películas de Sam Raimi (un tipo que ha demostrado una falta de carisma y personalidad alarmantes) y las dos perpetradas con Andrew Gardfield (otra vez el mismo cuento pero con mejores efectos especiales), alguien en Sony le ha dado al tarro y ha pensado que quizás es mejor meter toneladas de humor y más película teen de la que se ha visto hasta ahora. Y ha dado en el clavo. Y también ha sido muy listo contratando al director Jon Watts, un tipo que se dio a conocer con una película de adolescentes llamada Coche policial.

Roberto Morato cuenta en la revista Imágenes los porqués de este inteligente rumbo en Sony. Tras el fracaso de las pelis con Gardfield (no fueron una ruina, pero esperaban mucho más), la compañía decidió bajarse los pantalones y acudir a Marvel para cerrar un acuerdo de colaboración. Para intercambiarse héroes como cromos, vamos. Lo curioso es que Marvel aceptó encantada pero con una condición. Y esa condición se la puso el ejecutivo Kevin Feige, un monstruo ambicioso que empezó hace 17 años como productor de X Men. Puede que él sea el hombre del que antes hablaba. ¿Su condición? Cargarse a su mentor, Avi Arad, responsable de los disparates de la vergonzosa Spider-Man 3. Con Arad defenestrado, a Feige solo le faltaba la cabeza de la poderosa ejecutiva Amy Pascal, pero la tipa resultó un hueso duro de roer: Sony y Marvel firmaban solo si ella era productora de la cinta. Y así ha sido.

En fin, que vuelve el humor al mundo de cómic en pantalla (ya lo hizo sin grandes resultados en Deadpool, Ant-Man, Guardianes de la galaxia o Hancock) y hay que celebrarlo. Sinceramente, a mí la gente que se toma en serio las películas de tíos con leotardos me dan risa. Me gusta cuando se mezclan bien las dos cosas: los traumas del héroe y la absoluta coña marinera. Por eso para mí no hay mejor regalo en una tarde de resaca que me emitan en la tele Superman 3. En esa golfada, dirigida por el cachondo Richard Lester, igual veíamos a un Superman violento, sucio y borracho que a Richard Pryor dando el contrapunto cómico. Lo mismo pasaba con el contrapunto de Otis y Luthor en el Superman de Richar Donner o con el histrionismo del Joker de Nicholson y el del Pingüino de DeVito en los inocentes Batman de Burton. Pero, ay, llegó el señor Nolan y con él esas películas jactanciosas, aburridas y deprimentes sobre el caballero oscuro que crearon un muy mal precedente. Con ellas el humor desapareció en las películas de los señores con leotardos.

Jon Watts arranca el nuevo Spider-Man con una realización brillante: usando la cámara en mano. En concreto la cámara del propio Hombre Araña. La película cuenta con un ritmo estupendo que no abandona hasta el final. Además, escribir una película de instituto sin ningún complejo me parece un acierto total del guión. Y todo ello sin olvidar el homenaje al director John Hughes, en concreto a su película Todo en un día.

Y muy bien Michael Keaton como El buitre. Su personaje es divertido: un obrero al que el gobierno le toma el pelo (trabaja en el desescombro de la batalla en Nueva York de Los Vengadores) y se toma la venganza por su mano. Con Keaton como villano asistimos a una doble ironía: ahora es el malo y no el héroe (en los dos Batman de Tim Burton) y le ha vuelto a tocar volar (como en la pretenciosa Birdman).

Lo mejor: que se toma a chufla, las escenas en el ferry y en el Monumento a Washington. También Holland, Keaton, Downey Jr y John Favreaud (director de Iron Man).

Lo peor: el insufrible amigo freak y el final, demasiado estrepitoso y exagerado.

El Plan B:

Si pasas de señores con leotardos y quieres pasarlo mal tienes la nueva de Miguel Ángel Vivas. En este remake de la bestial (para mí demasiado) cinta francesa El interior una joven viuda y embarazada intenta reconstruir su vida después del accidente en el que perdió a su chico y también su oído. En plena Navidad recibe la visita de una aterradora mujer que es para echar a correr.

Sony Pictures España (YouTube)