CINE / El estreno de la semana

‘Detroit’: La mejor película del año

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Detroit
Cartel de 'Detroit', la película dirigida por Kathryn Bigelow. / eONE Films

No lo digo solo yo (y puede que me aventure estando en septiembre), muchos compañeros de la crítica son también tajantes tras repasar lo que nos queda por ver en la cartelera. Es más: se avecina un cierre de año bastante flojo. Por eso hay que ver Detroit en una buena pantalla, porque es un ejercicio de puro cine, el ejemplo de película que se toma en serio, sin ser enfática y pretenciosa, y que respeta al espectador como a un individuo que se preocupa por lo que le rodea y no se conforma con la mera sensación. Todavía somos unos cuantos.

Casualidades de la vida, la nueva película de Kathryn Bigelow está ambientada en 1967, año en el que se estrenó En el calor de la noche, de Norman Jewison. Fue una película académica (logró 5 Oscar), de blancos sobre negros, cine blanco con tema racial, cine progre que valía para lavar conciencias en una industria que había ninguneado durante décadas la salvaje y consentida segregación norteamericana.

Una realizadora blanca que los tiene bien puestos (y 15 años cuando sucedieron los hechos de la película) ha dado una lección de lo que es lograr un film político y a la vez de terror, a la altura de películas de mismo tema como Arde Mississippi o Haz lo que debas. Porque Detroit más que una película sobre racismo, que lo es, es una película de terror. O quizás sean tres películas en una: una película sobre disturbios raciales, una de horror y otra de juicios, aunque la menos imaginativa parte final del juzgado es llevadera, no dura mucho.

Todo empezó cuando el guionista Mark Boal (En tierra hostil y La noche más oscura) le informó a su amiga Bigelow que estaba documentándose y escribiendo sobre el horror del motel Algiers, un abuso policial que no voy a detallar, porque es mejor que lo vean y sufran ustedes mismos en el cine. La película se levantó no gracias a los estudios, más pendientes de franquicias y tipos que vuelan, sino a la joven y forrada productora independiente Megan Ellison, que ya produjo La noche más oscura. Por cierto: Detroit no parece uno de sus éxitos, porque la película le ha costado 34 millones y hasta ahora solo ha recuperado la mitad del presupuesto en taquilla.

Tras la imposibilidad de comprar los derechos del libro que narró los hechos (el autor dejó claro en su testamento que no quería que se adaptase al cine) y ya terminado el guión, la gran apuesta de la directora de Días extraños era rodar de la forma más real posible. Así, apostó por la cámara en mano y a la improvisación con los actores, que acababan emocionalmente agotados cada día de rodaje (casi tres semanas, que es lo que duró el rodaje de la secuencia clave, pegados a una pared). El uso de la cámara en mano a modo de reportaje de guerra en la primera hora es un acierto absoluto porque en las siguientes escenas interiores, más intimistas, privadas, logra un realismo que causa escalofríos.

Detroit no es neutral y se agradece, va a saco con el sistema policial y judicial. De hecho, Bigelow, primera mujer que ha ganado el Oscar a la Mejor dirección, rehusó hablar con uno de los miserables policías, todavía vivo. Sí lo hizo con tres de los supervivientes, que asesoraron en la escritura del guión, pero también en el rodaje, para que la directora no fallara nunca retratando lo que pasó.

El resultado final es un film sólido que no solo tiene trabajos de realización, fotografía, montaje e interpretación excelentes, además cuenta con un curro de sonido y música electrizantes. Detroit es la Motown (la compañía fue el alma de la ciudad y empezó a morir tras los disturbios raciales) y su música. De hecho, sus protagonistas son músicos (en un film muy coral, eso sí).

Detroit, además de grande, es una película moderna y actual, desgraciadamente actual. No por estar ambientada en los sesenta debemos pensar que lo que narra es algo del pasado porque es más actual de lo que nos gustaría. Solo hay que recordar al joven negro Trayvon Martin, asesinado por un vigilante vecinal. El chaval, de 17 años, iba desarmado. En fin, lo que nos cuenta Detroit es que ayer y hoy en muchas comisarías y juzgados norteamericanos no existe el tan cacareado Estado de Derecho. Por eso cada cierto tiempo, Estados Unidos está al borde del choque racial por mucho Yes We Can y presidente negro que luzcan. Y con Trump en el poder ni les cuento.

No se la pierdan por nada del mundo y por mucho que esta película acabe perdida o ninguneada en la agenda informativa frente a otras birrias.

Lo mejor: la emocionante escena musical con el cantante de The Dramatics ante una platea vacía y el actor Will Poulter, aterrador.

Lo peor: los títulos de crédito, con cuadros de Jacob Lawrence.

El plab B:

Si se pierden Detroit harán muy mal, pero también pueden ver el documental Hotel Cambridge, rodado en la ciudad de Sao Paulo y que nos muestra la situación del movimiento brasileño de los sin techo y los refugiados que ocupan un edificio deshabitado. Un film crudo y necesario sobre pobreza, ocupación, dignidad y desigualdad con los ocupas como protagonistas.

aurumprod (YouTube)

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