‘Una vida a lo grande’: los insignificantes

Una vida a lo grande
Cartel de 'Una vida a lo grande'. / Paramount Pictures España

El guionista y director Alexander Payne es uno de mis cineastas favoritos. Entre copas es una de mis películas preferidas y me encanta volver ver filmes como A propósito de Schmidt o Nebraska. Pero en el caso de 'Una vida a lo grande' también tenemos que hablar de la importancia de una mujer como Megan Ellison y de Paramount, que poco tiene que ver con Disney, estudio que citamos la semana pasada como ejemplo de dominio mercantil y un cine mucho menos valiente. Ellison, una niña pija (y millonaria) con gusto y arrojo, también ha levantado este año proyectos como la estupenda Detroit.

Payne, un cineasta como hay pocos en los Estados Unidos, es uno de los hombres más interesantes que hay en el cine independiente norteamericano porque su cine parece de otra época, de aquella era dorada (finales de los 60 y todos los 70) en la que los cineastas se preocupaban por el hombre y no por los superhombres. Payne hubiese hecho buena pandilla con gente como Peter Bogdanovich, Hal Ashby o John Cassavettes. Bueno, puede que no porque no es un ser destructivo, sino todo lo contrario.

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Los setenta también fueron años únicos para el cine fantástico con fondo filosófico, fue su mejor época. Así, Payne y su amigo guionista Jim Taylor (con el que lleva trabajando desde 1995 y que ha firmado con él los guiones de Citizen Ruth, Election, A propósito de Schmidt y Entre copas) decidieron un día ponerse a trabajar en el borrador de una parábola futurista que hablase de la pequeñez del hombre ante la existencia, una película que tratase sobre nuestra insignificancia usando como protagonistas a hombres en miniatura, como en la también filosófica El increíble hombre menguante.

Pero no fue nada fácil levantar el proyecto. Tras Entre copas, Payne tardó siete largos años en volver a estrenar película porque estuvo enfrascado en este proyecto casi imposible y que acabó en un cajón hasta el año pasado, cuando logró luz verde de Paramount. El rodaje parece que ha sido todo un infierno (los tiempos de espera por el trabajo de efectos especiales eran demenciales) y me da que Payne va a volver a sus pelis independientes y sencillas tras esta agotadora experiencia.

En 'Una vida a lo grande' Matt Damon (llamado Paul y residente en Omaha, como Payne) es un tipo corriente y moliente de clase media y que se dedica ayudar a la gente con sus problemas físicos en su entorno laboral. Este buen hombre sin aristas, una buena persona al estilo de las películas de Frank Capra, un día decide que su vida en miniatura podría ser mucho mejor que su vida normal. Gracias a un descubrimiento noruego que está transformando el planeta, descubre que podría vivir a lo grande siendo diminuto, con todos los lujos, en una mansión. Es, de hecho, lo que ya piensa gran parte del planeta, que empieza a miniaturizarse con la excusa de ahorrar en recursos naturales y tener una vida mucho más “plena” y sobre todo ostentosa. Pero las cosas no salen como Paul quiere. Y ahí me paro, nos les quiero destripar nada.

Una de las lecturas de 'Una vida a lo grande' es, además de la que habla de nuestra insignificancia, la que se refiere al consumo: el hombre es tan idiota que en vez que consumir menos se empequeñece para poder consumir mucho más, porque consumir y arrasar con lo que le rodea parece ir en su ADN. De hecho consumir, palabra que los economistas usan de forma positiva, significa destruir, desgastar, extinguir, deteriorar, arruinar. Quizás igual que conquistamos este planeta cuando un mono se puso erguido para tener localizado al oso que lo devoraba, estamos condenados a arrasarlo hasta que el planeta no pueda más y acabe con todos nosotros. Que haga justicia de una vez, vamos.

El título original de esta película es Downsizing, que se puede traducir como recortes de plantilla o reducción de personal. Y ahí tenemos otro guiño de la película: da igual lo que el hombre consiga tecnológicamente, como convertirse en miniatura, porque ese avance también servirá para que haya humanos de primera o de segunda, pobres y ricos, castas, clases. No tenemos remedio, somo una especie fallida.

El guión de Payne y Taylor es brillante, nunca aburre, es un texto originalísimo, lleno de giros sorprendentes, cambios de escenario, sorpresas constantes. Y visualmente la película también es muy hermosa. Payne vuelve a bordar a su protagonista, otro hombre de mediana edad completamente desorientado como los protagonistas de Election, A propósito de Schmidt, Entre copas y Los descendientes. Tampoco falta en este guión una colleja a todo extremo ideológico: Payne y Taylor reparten por igual a los capitalistas, a los nihilistas y a la secta noruega que opta por un “nuevo planeta” y que resulta entre ridícula y aterradora.

Mención especial para la banda sonora del gran Rolfe Kent y el acertadísimo reparto. Un Matt Damon fondón, el siempre inquietante Udo Kier, Christoph Waltz (como siempre comiéndose con patatas a todos sus compañeros) y en especial la gran revelación: la actriz Hong Chau, que tras ser nominada en los Critics Choice Awards, el Sindicato de Actores y los Gobos de Oro, va directa a los Oscar.

'Una vida a lo grande' no va a gustar a todo el mundo y hasta algunos fans de Payne se sentirán defraudados ante esta rara propuesta, pero para mí es una de las películas del año (también para el National Board of Review) y más profunda de lo que parece. Tendré que volver a verla para masticarla y degustarla mejor. En fin, es lo que pasa con el cine de verdad, el cine de la gente normal, el cine de antihéroes y no de superhéroes.

Lo mejor: que en el cine todavía haya gente que busque, que sea pretencioso (de pretender, en el sentido positivo) aunque no logre trascender del todo.

Lo peor: quizás quiera abarcar mucho y hable de demasiadas cosas. Tampoco me convence mucho su final, y eso que Payne es un genio para los finales.

El plan b:

Nominada a mejor filme de animación y canción original en los Globos de Oro, 'Ferdinand' nos habla de un tranquilo y bonachón novillo al que no se le da nada bien resoplar y embestir. Un día unos hombres vienen a buscarlo para llevárselo a una corrida de toros en Madrid.

Lleven a los críos a verla, y así van conociendo esa salvajada sangrienta y de mal gusto que son las corridas de toros y que muchos llaman “arte”.

Paramount Pictures Spain (YouTube)