Una lección de cine de Francis Ford Coppola

Cuenta Coppola en su libro El cine en vivo y sus técnicas, recién publicado por Reservoir Books, que en 1978 presentó drogado el Oscar que ganó Michael Cimino por El cazador. Minutos antes de subir al escenario se había comido una galleta de marihuana que le había dado su amigo Bill Graham, promotor de música rock. Ante una confundida Ali MacGraw, dijo: “Estamos a las puertas de algo que hará que a su lado la Revolución Industrial parezca un preestreno. Estoy hablando de una revolución en la comunicación, y creo que está llegando a gran velocidad. Veo una revolución que abarca el cine, el arte, la música, la electrónica digital, los ordenadores, los satélites… y por encima de todo el talento humano. Se van a crear cosas que los maestros del cine, de los que hemos heredado este negocio, jamás hubieran pensado que serían posibles”.

Estaba de subidón, pero la verdad es que Coppola estuvo de subidón casi una década, enfrentándose al viejo Hollywood y sus acartonadas películas. Por eso compró los Hollywood General Studios, en los que se había rodado El ladrón de Bagdad, su película favorita. Los convirtió en Zoetrope Studios y los llenó de camaradas y gente de talento. Pero tras el batacazo comercial de Corazonada se arruinó y lo devoraron. Como cuenta en este libro, fue conducido, con su mujer Eleanor, a la sala de juntas de un banco de Nueva York. En una gran mesa circular se pasaron todo el día firmando cientos de documentos que entregaban todos sus bienes al banco. Y le obligaban a hacer una película por encargo anual durante los siguientes diez años.

El cine en vivo y sus técnicas parte de una obsesión de Coppola por hacer cine en vivo (que no es lo mismo que hacer teatro filmado) y es una lección del maestro. Por ejemplo sabemos, gracias a este ensayo, que durante años ha tenido en su lugar de trabajo varias notas en un tablero de avisos bajo el rótulo NOTAS DE FC SOBRE LAS HISTORIA Y LOS PERSONAJES. Allá van:

  1. Se conoce al personaje por su comportamiento.
  2. Es posible narrar una historia a través de momentos únicos entre sus protagonistas.
  3. Los momentos memorables suelen expresarse sin palabras.
  4. Es necesario que ocurra algo.
  5. Emoción. Pasión. Sorpresa. Sobrecogimiento.
  6. Una toma puede ser una palabra, pero mejor si es una frase.
  7. Los espectadores quieren involucrarse con los personajes, quieren que esa involucración se desarrolle.
  8. Cuidado con los lugares comunes, con lo predecible.
  9. Los espectadores buscan luz y explicaciones acerca de sí mismos y de sus vidas.

El cine es eminentemente imagen. Coppola lo lleva años diciendo y en esta lección vuelve a recordar a Friedrich Wilhelm Murnau (al que homenajeó en su Drácula). El genio alemán llegó a afirmar lo siguiente: “El cine sonoro representa un gran paso hacia adelante. Por desgracia, ha llegado demasiado pronto; todavía estábamos abriéndonos camino en el cine mudo y empezando a explotar todas las posibilidades de la cámara. Y, de repente, aquí están las películas habladas, que han relegado la cámara al olvido mientras la gente se devana los seso sobre cómo usar el micrófono”.

Cuenta el director de obras maestras como La conversación o Apocalypse Now que no cree en el realismo, aunque sí en la verosimilitud. El cine es mentir, igual que la literatura. Hay que distorsionar lo real para capturar su verdadero espíritu. Para entenderlo mejor, Coppola pone como ejemplo a Robert Flaherty y su maravillosa Nanook, el esquimal (1922): lo capta pescando, pero el pez lo ha puesto Flaherty en el anzuelo. Algo parecido pasaba en Las Hurdes, tierra sin pan (1932), de Buñuel. En él vemos una cabra que se despeña, pero en realidad fue muerta de un disparo para que pareciese que se despeñaba (se observa el humo de una escopeta en la parte inferior del plano).

Ya entrando en harina de su obsesión por el cine en vivo, Coppola recuerda a grandes de la televisión norteamericana como Paddy Chayefsky, Gore Vidal, Rod Serling o Sidney Lumet, al que llegó a conocer en persona. Fue él quien le habló maravillas del trabajo en directo de John Frankenheimer, el pionero del cine en vivo y al que está dedicado el libro.

En cuanto a los referentes a seguir, Coppola cita una versión televisiva y en directo de Días de vino y rosas con Cliff Robertson y Piper Laurie. Para él es mucho mejor película que el famoso film de Blake Edwards por la desgarradora interpretación de sus protagonistas. También cita un curioso experimento estrenado el año pasado titulado Lost in London, de Woody Harrelson. La película fue rodada y proyectada en directo en salas de cine el 19 de enero del año pasado. Fue la primera vez que una película se emitió en directo en los cines mientras se rodaba y para Coppola es “un hito en la historia del cine en vivo”, al igual que La traviata, de Andrea Andermann.

Y en una clase magistral de Coppola, claro, no podía faltar la ópera y su relación con el cine: “Decorados, escenografía, vestuario, acústica y música… Las costosas y complejas producciones operísticas estaban a la altura de la cinematografía moderna con una diferencia importante: en la noche del estreno, el director se plantaba de pie ante el público, levantaba la batuta y empezaba la actuación en vivo”.

Para Coppola dirigir es encontrar al mejor equipo, saber liderar a los mejores. Y sobre todo: mimar a los actores, protegerlos, darles todas las comodidades posibles. Coppola adora a los actores. Por eso por contrato a los estudios siempre les pedía muchas semanas de ensayos, algo poco habitual sobre todo por las apretadas agendas de las estrellas. Pero si trabajas con Coppola, trabajas con uno de los grandes, así que te adaptas. ¿Y cómo trabaja con ellos? Divide sus ensayos en lectura, ensayo previo, ensayo general y pruebas de vestuario. Y cada actor debe hablar con el nombre de su personaje, prohibido hablar de tu personaje en tercera persona. En la puerta de la sala de ensayos siempre coloca un cartel con estas ocho palabras: “Todo el que entre que abandone el miedo”.

Una de las mejores anécdotas de El cine en vivo y sus técnicas se refiere a Marlon Brando, del que Coppola dice que “procuraba no aprenderse el papel ni ensayarlo demasiado para que durante el rodaje la actuación sea como la vida misma y parezca que el personaje está pronunciando el diálogo por primera vez”. Durante los rodajes de El padrino y Apocalypse Now a Brando le gustaba decir: “No puede importante o se te verá en la cara”.

Y como cierre, un gran recordatorio: “Así como el agua está compuesta de hidrógeno y oxígeno, el cine está hecho a partes iguales de dos ingredientes fundamentales: la interpretación y el guión”. Apunten eso, cineastas, que se lo dice uno de los mejores directores de todos los tiempos.

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