José Sacristán: “Confío en que se imponga la línea de Errejón en Podemos”

  • Entrevista al actor, toda una insignia del cine en España, que estrena 'Formentera Lady'

José Sacristán, una constitución quijotesca, una gran nariz y sobre todo una voz. Menuda voz, toda una insignia del cine en España, una institución. Estrena Formentera Lady y estoy frente a un actor dotado para la comedia y el drama que nos ha regalado momentazos en Un hombre llamado Flor de otoño, Solos en la madrugada, El diputado, Navajeros, La colmena, Epílogo, La noche más hermosa, La vaquilla, El viaje a ninguna parte, Cara de acelga, Un lugar en el mundo, Todos a la cárcel, Roma… ¿Qué le preguntas a Sacristán, que lleva 55 años delante de las cámaras? Vamos allá.

— Espero que tengas poco que ver con el individuo al que interpretas en Formetera Lady. Menudo desastre.

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— Poco, pero él busca un paraíso. Como actor mi paraíso es mi trabajo. Y en cuanto a tomar drogas, a mí ya el orujo me parece de marcianos.

— Pero tú en los setenta viviste lo tuyo, el apogeo de las drogas. Has conocido a Eloy de la Iglesia, que era heroinómano.

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— Claro, pero hippie yo poco, el hippismo no pasó por Chinchón, mi pueblo.

— Bueno, pero te fuiste de Chinchón para hacer carrera.

— Nunca me he ido de Chinchón aunque a los seis años llegase a Madrid.

— Además de Chinchón, en las entrevistas o charlas siempre hablas de ese niño que no quieres dejar de ser nunca, aunque suene a topicazo. Lo ves cuando te miras al espejo.

— Lo veo todos los días y no quiero perderle de vista. Pobre de aquel que olvide al niño, la capacidad de sorpresa, de descubrir cosas… En mi trabajo es fundamental. Lo que alimenta mi vocación de actor es lo que tiene de juego, el ponerte las plumas de las gallinas y creer que eres un comanche.

— Y además de Chinchón y del niño, hablas siempre del taller. En él trabajaste nada menos que siete años.

— Cuando entré no había cumplido los 14. Estuve allí hasta que me fui a la mili. Le tengo respeto al crío y al adolescente que fui. El camino no era nada fácil…

— Se habla mucho del tesón, del trabajo… Pero en la lucha por llegar a vivir de tu sueño hay un componente del que se habla poco: la suerte.

— Claro, si no tienes suerte la has cagado.

— El primero que te da una oportunidad es el productor Pedro Masó, en La familia y uno más, la secuela de La gran familia.

“Nunca he hecho un casting”

— Sí, y nunca he hecho un casting. Me ofreció una sesión y fui sabiendo que iba a cobrar esa sesión. Joder, no he vuelto a sentir una emoción igual que esa primera vez. No dormí en toda la noche. Llegué al rodaje, en un aula. Me senté en un pupitre y a mi lado se sentó Alberto Closas, el hombre al que había visto en Muerte de un ciclista. O sea: la hostia.

— Me admira que con la carretera que tienes te metas en jardines políticos. No tienes filtros, eres un hombre de izquierdas de toda la vida, de padre represaliado… Y le has dado buenos repasos a Podemos.

— Naturalmente, y se los sigo dando. Y no creo haberme metido en ningún jardín porque sé perfectamente lo que digo y cuándo lo digo.

— Me refiero a la respuesta de la gente en Internet.

— Yo no tengo Internet, todo eso me toca los cojones, me importa un carajo. Y nunca he depositado ninguna confianza en Pedro Sánchez, pero ahora me quito el sombrero. Me da la impresión de que tiene a muy buena gente a su alrededor y que le asesora muy bien. Espero que ahora la izquierda esté a la altura de las circunstancias, y confío en que se imponga la línea de [Íñigo] Errejón en Podemos.

— ¿Qué te parece lo del chalet en Galapagar de Pablo e Irene?

“La derecha no tiene electores, tiene feligreses. Así que no jodamos, unamos fuerzas”

— Lamentable, muy lamentable. Pero se está haciendo un ejercicio de prudencia en el PSOE y la capacidad de suicidio de la izquierda es para decir ¡ya está bien! Joder, que se trata de gobernar, hostias. Que el PP y su podredumbre tiene todavía a muchos dispuestos a votarles… La derecha no tiene electores, tiene feligreses. Así que ahora no jodamos, unamos fuerzas.

 

— Supongo que te alegran las futuras y posibles decisiones en torno a la memoria histórica. Tu padre estuvo encerrado en un campo de concentración de Franco.

— Lo del Valle de los caídos hay que hacerlo YA, mañana mismo. Es tremendo lo residual del franquismo, que todavía colea por ahí. Su puta madre.

— ¿El combinar cine comercial con cine más independiente como Formentera Lady o Magical Girl es casual?

— Casual, sí, es la ley de la oferta y la demanda. Si no es de mi interés la llamada me quedo en mi casa, eso sí.

— Quiero preguntarte por directores con los que has trabajado, fundamentales en el cine español. ¿Adolfo Aristarain?

— Adolfo lo tiene todo, maneja el conocimiento del ser humano como pocos. Domina el lenguaje del cine. Ahora tiene en proyecto en marcha.

— Buena noticia. ¿Fernando Fernán Gómez?

— Celebro cada día el haber tenido el privilegio de haber estado cerca de él.

— ¿Cómo era en la intimidad? Desgraciadamente este país se ha quedado con su “¡A la mierda!”.

“Con Fernando no cabía la impostura, eras mejor con él”

— Fernando manejaba muy mal el dinero, pero se gastó todo lo que tenía en un detector de gilipollas. Con Fernando no cabía la impostura, eras mejor con él. Si ibas de algo te quedabas con el culo al aire. Con él eras mejor.

— ¿Mario Camus?

Es muy amigo. Y sabe dónde poner la cámara.

— ¿Eloy de la Iglesia?

— Era un francotirador. Donde otro ponía celuloide, él ponía las vísceras. Además de las pelis, hice con él dos campañas para el Partido Comunista. Su capacidad de síntesis era la hostia.

— Hablando de Eloy de la Iglesia, hay una cosa que te cabrea de la actualidad: que se ponga en duda la lucha que se libró en la Transición, que se ponga en duda ese periodo. Esas películas fueron un ejemplo de arrojo. Hablabais de corrupción policial y política, de homosexualidad… Eran tremendas.

— Había que sentarse a dialogar con aquella gente que tenía el tanque, el dinero y a Dios.

— Ahora parece fácil.

— Nos ha jodido.

— ¿José Luis Garci?

— Es la vida en estado de película. Nos vemos de vez en cuando y para hablar de cine. Sus últimos libros son formidables.

— ¿Berlanga?

— Berlanga era la inteligencia en estado químicamente puro, para bien y para mal.

— Los rodajes de Berlanga tenían que ser duros, con esos planos secuencia interminables.

— Eran durillos. Por cierto: chapó por el señor Alfredo Matas, productor que permitió que La vaquilla se rodase en orden cronológico. Yo hablaba mucho con Luis. Te voy a contar algo que no he dicho porque me gusta cómo estás planteando la entrevista.

— Adelante.

“Berlanga ya no es el mismo tras Tamaño natural, del 74″

— Berlanga ya no es el mismo tras Tamaño natural, del 74. El hostiazo que se pega Luis con esa película le produce tal cabreo… La película fue carísima, fue un vomito de él, un despelotarse. Se lo conté: en ese coche que cae al Sena va Luis. Y se hunde, pero cuando está a punto de ahogarse llega Manolo Alexandre con la barca de Calabuch y le rescata.

— ¿Y desde entonces aparece otro Berlanga?

— A partir de ahí Berlanga dice: “Os vais a enterar”. Y pierde la piedad por los personajes. Todo lo que viene después (La escopeta nacional, Nacional I, II y III, Moros y Cristianos, Todos a la cárcel…) es despiadado. En Plácido, El verdugo o Los jueves, milagro había piedad y todo eso se va a tomar por el culo.

— También su testamento, París Tombuctú, es desoladora.

— Sí, y la inspiración ya no es la que era. Ya no hay piedad en Luis.

— ¿Se lo pudiste decir en persona, a la cara?

— Sí, y me dijo que tenía razón.

 

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