Puñetazo de Lee contra el “hijo de puta” de Trump

  • Vuelve el mejor Spike Lee, el más combativo y cabreado, y lo hace con un cine que busca impactar políticamente.
  • 'Infiltrado en el KKKlan' es una película que se agradece en estos tiempos de cineastas poco arrojados.

Gusta a algunos e irrita a otros, pero no deja indiferente. Infiltrado en el KKKlan es una película que se agradece en estos tiempos de cineastas poco arrojados y de rechazo al cine político y racial (que se lo digan a Kathryn Ann Bigelow y la galleta que se pegó con Detroit). Lo cierto es que vuelve el mejor Spike Lee, el más combativo y cabreado, y lo hace con un cine que busca impactar políticamente, no solo entretener. Igual que Michael Moore con su Fahrenheit 11/9, otra película contra Trump que llega la semana que viene.          

En el tramo final de Infiltrado en el KKKlan, cuando se convierte en valiente pasquín político, vemos la proyección de El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith, película pionera en la gramática del cine, pero asquerosamente racista. Cuando Lee era estudiante en la NYU Film School, en 1980, le proyectaron la película pero su profesor no hizo crítica alguna a las infectas escenas con el Klan o a la imagen que se da de los negros, que aparecen como simios. Indignado, el joven Lee respondió con un cortometraje titulado The Answer que casi le cuesta la expulsión. Hoy Lee es profesor de la NYU.     

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BlacKkKlansman
Imagen del rodaje de El infiltrado del KKKlan. /Universal

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Infiltrado en el KKKlan fue recibida en el Festival de Cannes con seis minutos de ovación y se llevó el Gran Premio del Jurado. En ese festival fue donde Spike Lee empezó su carrera, presentando la muy combativa Haz lo que debas en 1989, año de despegue del cine independiente americano.

Su nueva película parte de un libro de Ron Stallworth y está concebida como comedia negra, pero cuando la estaba montando sucedió algo que conmocionó a Lee: la marcha racista de Charlottesville y el asesinato, atropellada por un nazi, de Heather Heyer (a ella está dedicada la película). Donald Trump se negó a condenar directamente al KKK y sus infectas declaraciones aparecen también en la película.  

Convencido de que había que incluir un epílogo con este horror, Lee habló con sus productores y lo montó. Y así se despachó en Cannes contra Trump: “Cuando tuve el  beneplácito de la familia de Heyer, dije: que le jodan a todo el mundo, esa puta escena va a estar en la puta película, porque fue un asesinato. Y ahora tenemos a un tío en la Casa Blanca, ni voy a decir su jodido nombre, que define un momento no solo para EUUU, sino para todo el mundo. Y ese hijo de puta tuvo la oportunidad de decir que todo es cuestión de amor, y no de odio. Y el hijo de puta no denunció a los hijos de puta del Ku Klux Klan, a la extrema derecha y a esos nazis. Fue un momento determinante, y podía haber dicho al mundo que somos mejor que ellos”.

Y concluyó: “Eso de que América es la cuna de la democracia es una gilipollez. EEUU fue construida sobre un genocidio de nativos y sobre la esclavitud. Eso es la fábrica de EEUU”. La prensa acreditada aplaudió, igual que los espectadores que vieron una película escrita y rodada con rabia y urgencia, que se olvida de ser sutil para ser una obra que roza la propaganda y en la que Lee y sus guionistas meten frases de Trump (“America First”) en sus villanos racistas.   

Infiltrado en el KKKlan está (muy bien) ambientada a principios de los años setenta, con Nixon en la Casa Blanca y la lucha por los derechos civiles más encarnizada que nunca. Su protagonista, Ron Stallworth, logra el puesto de primer detective negro del departamento de policía de Colorado Springs. Nada resulta fácil para él, pero como es un tipo brillante, y con bastante cara dura, consigue infiltrar a un agente en el Ku Klux Klan.

Para el reparto de esta impecable producción Lee ha contado con un buen elenco: Alec Baldwin, Adam Driver, Michael Buscemi (hermano de Steve), Thoper Grace y el anciano Harry Belafonte en un papel y con un monólogo muy emocionantes. Y como protagonista John David Washington, que debutó de niño en Malcolm X, es hijo de Denzel Washington y no ha heredado el gran talento de su padre. Es flojo.  

Lo más recordable de Infiltrado en el KKKlan es su tercer acto, en el que Lee juega con un montaje paralelo de dos espacios en un mismo tiempo: el bautismo de nuevos miembros del Klan y la charla en la que Belafonte habla de una de las páginas más oscuras y terribles de los Estados Unidos.   

En ella recuerda la historia de Jesse Whasington en Waco (Texas). Todo sucedió el 15 de mayo de 1916. Jesse era negro y retrasado mental y tenía solo 17 años. Lo acusaron de violar y matar a una mujer y fue juzgado y sentenciado en cuatro minutos. Tras un juicio pantomima, amarraron una cadena a su cuello y lo arrastraron a la plaza del ayuntamiento, ante cientos de personas cómplices. Lo desnudaron, lo golpearon, lo acuchillaron, fue rociado con aceite bituminoso, lo colgaron de un árbol, le cortaron dedos de manos y pies, lo castraron y lo quemaron vivo.

El infiltrado del KKKlan
Imagen del rodaje de El infiltrado del KKKlan. /Universal

Desesperado, intentó zafarse de ser achicharrado subiendo por la cadena, pero no era capaz porque ya no tenía dedos. Ardió durante dos horas y los mirones recolectaron souvenirs para el recuerdo: eslabones de la cadena, sus huesos quemados, sus genitales y hasta los dientes, que unos críos vendieron como recuerdo. Nadie fue arrestado por los hechos. Absolutamente nadie.   

Bajo la apariencia de comedia negra, Infiltrado en el KKKlan es una llamada de aviso: el Klan no es una cosa de hace un siglo (seguían colgando a negros hace solo medio). Tampoco es algo norteamericano, por eso el mensaje de la película es universal. Pensemos que la extrema derecha ya está sacando la patita en nada menos que 17 parlamentos de la UE. En siete países ya está en el Ejecutivo y en dos gobiernan en solitario. Fuera de Europa, Brasil será gobernado por el repugnante Bolsonaro y en Norteamérica sigue el señor Trump.

Lo recordó Lee en Cannes: “La mierda de la extrema derecha no está solo en América, está en todo el mundo, y tenemos que despertar. No podemos ser silenciados, no es un asunto de blancos o negros, no, es de todos. Todos vivimos en este planeta, y ese tío de la Casa Blanca tiene acceso a botón nuclear. Me voy a la cama pensando en eso. No es ciencia ficción, es real, y ese hijo de puta tiene el código nuclear, lo tienen también los tíos de Rusia o de Corea del Norte, ¿qué coño está pasando?”.    

Si les gusta el cine político, combativo y cabreado, además del sarcasmo, no se la pierdan. Si les van las sutilezas ni se les ocurra.