40 años de Superman: sueldazos, presupuesto astronómico y la maleta verde de Brando

  • Richard Donner, que venía de hacer mucha televisión y rodar 'La profecía' sería el director
  • Marlon Brando cobró 3,6 millones de dólares por dos semanas de rodaje

Muchos de mi generación recuerdan el bombazo que supuso Superman cuando fueron críos. La fiebre del hombre de acero recorrió el mundo hace ya 40 años. Todavía me acuerdo de dos colas: la cola pegamento para pegar los cromos de su exitosa colección y las enormes colas de los cines. La película estuvo más de un año en cartelera, algo que hoy es impensable. Por aquel entonces el cine era el rey, la principal evasión.  

Eran otros tiempos y, sí, eran mejores. Porque éramos menos cínicos y nos tragábamos sin problemas personajes, tramas y conflictos inocentes, que rozaban lo naíf. Y también todo ese humor al que impregnaron los hacedores de esta película y sus secuelas. Después los héroes con superpoderes y mallas se tomaron demasiado en serio y en vez de vigilantes contra el mal los tipos parecían el atormentado Hamlet, príncipe de Dinamarca. ¿Verdad, Christopher Nolan? Y es que éramos tan inocentes que nos tragábamos que con que Clark Kent se colocase unas gafas ya nadie lo reconocía como Superman. Haces eso ahora y te descuartizan.

La idea de llevar Superman a la gran pantalla fue del productor mexicano Ilya Salkind. En 1973 acababa de estrenar una peli sobre Los tres mosqueteros con Oliver Reed y paseando por París vio el cartel publicitario de una película de El Zorro. Entonces empezó a rumiar la idea de hacer una película basada en un cómic famoso, y Superman era su favorito desde crío. Dicho y hecho: comenzó unas durísimas negociaciones con DC Comics y al año siguiente logró los derechos cinematográficos.

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El primer nombre importante que se anunció en el proyecto Superman fue Mario Puzo, novelista y guionista de El padrino y también de Terremoto. Junto a él fueron fichados Leslie y David Newman (¿Qué me pasa, doctor?), Robert Benton (Bonnie y Clyde) y Tom Mankiewicz (Lady Halcón). Además de los muchos toques de humor, incluyeron las analogías cristianas que Jerry Siegel y Joe Shuster ya habían sugerido en el cómic: Superman es Sansón y también Moisés, bebé colocado por sus padres en una cuna para salvarlo del faraón. Moisés, como Superman, no deja de ser un tipo con superpoderes.

El siguiente paso era el director. ¿A quién contratar para semejante producción? Steven Spielberg, que venía del bombazo de Tiburón y preparaba Encuentros en la tercera fase, rechazó participar. También dijo que no su amigo George Lucas. Entonces Salkind pensó en Guy Hamilton, director del éxito Goldfinger, de la franquicia Bond. Pero Hamilton tenía un pequeño problema: no podría rodar en Inglaterra por un pufo a la hacienda británica. Y es entonces cuando entra Richard Donner, un tipo muy solvente y que venía de hacer muchísima televisión y de rodar el exitazo La profecía. Lo primero que pidió Donner fue reducir los toques de parodia, excesivos según su criterio, que había en el guión. Este tono paródico, por cierto, fue retomado por Richard Lester en la tercera y muy golfa película de la saga.

La producción fue larga (19 meses) y el rodaje principal se hizo en los estudios Pinewood, en Inglaterra. Y se rodaron juntas Superman y Superman II para ahorrar costes, pero lo que se antojaba una gran jugada de los productores acabó en retrasos y el despido de Donner de la secuela, de la que Warner hizo en 2006 un reestreno con el nombre de Superman II, The director’s cut. Es decir: con el corte de Donner. Todo por la pasta.

Superman fue pasto de la prensa amarilla por la cifra astronómica (3,6 millones de dólares) que cobró Marlon Brando por solo dos semanas de trabajo. En realidad llegaron a ser 14 millones porque Brando firmó también por un porcentaje de los beneficios brutos que lograra la película, jugada que repetiría su vecino y amigo Jack Nicholson en Batman.

La primera reunión entre Brando, Salkind y Donner fue un auténtico cachondeo. En vez de hablar del su personaje (Jor-El, padre de Superman), el actor se pasó la mañana hablando sobre su lucha a favor de los nativos americanos hasta que propuso, ante el pasmo del productor y el director, interpretar su personaje “con una maleta verde”. Richard Donner dijo que ni pensarlo y fue entonces cuando se ganó la confianza de Brando, que solía probar a sus directores el primer día. Su técnica era muy rebuscada: les tomaba el pelo y si decían que sí a todo, aunque fuesen chorradas, significaba que no había que entregarse demasiado en el rodaje. O sea: que actuaba con su famoso piloto automático, leía sus líneas escritas en tarjetas y se piraba.

Se completó el reparto con un inmenso Gene Hackman haciendo de Lex Luttor (venía de rodar Un puente lejano con Attenborough), Ned Beatty como su esbirro, Glenn Ford como el padre adoptivo de Superman, Trevor Howard como 1st Elder y Terence Stamp como el general Zod. Repartazo.

¿Y Superman? Stallone había luchado por el papel, pero fue rechazado y finalmente el personaje recayó en un desconocido llamado Christopher Reeve. También se lo ofrecieron a Clint Eastwood, Al Pacino, Robert Redford y Dustin Hoffman. Todos temieron hacer el ridículo con aquello calzoncillos rojos y dijeron que no a un más que sustancioso sueldo. Eso sí: Reeve tuvo que entrenarse para aumentar su musculatura, cosa que hizo (ganó más de 18 kilos) con la supervisión del culturista David Prowse, que acababa de interpretar a Darth Vader en La guerra de las galaxias.

Para el papel de Lois Lane se pensó en Leslie Ann Warren y Stockard Channing, pero se descartaron enseguida. Margot Kidder, que había trabajado con Redford en El carnaval de las águilas, se hizo con el papel.

Y si por algo se recuerda Superman, además de por su estupendo villano, es por su famosísima banda sonora y su tema principal. El primer compositor pensado para componer la música fue Jerry Goldsmith, con quien Donner había trabajado en La profecía con fabulosos resultados. Pero por problemas de agenda (estaba preparando la música de la película de Star Trek) ficharon a John Williams, que creo una de sus famosas fanfarrias, grandes temas épicos y de amor y hasta humorísticos, como The march of the villains. No ganó el Oscar (lo ganó Giorgio Moroder por El expreso de medianoche), pero sí se llevó el Grammy a mejor banda sonora del año.

Con las mezclas casi listas, un tráiler de la película llegó a las salas de todo el mundo. Era un plano subjetivo de la mirada de Superman volando sobre una espesa capa de nubes. Las imágenes no estaban acompañadas de la música de Williams y en pantalla iba apareciendo todo su espectacular reparto. La reclamación elegida por los publicistas fue: “Creerás que un hombre puede volar”. Fue engañosa porque Superman no es un hombre, es un extraterrestre.

La primera superproducción basada en un superhéroe del cómic acabó sobrepasando su presupuesto inicial, pero fue un éxito planetario. Solo una película la superó en taquilla aquel 1979: el musical Grease. Y a día de hoy Superman podrá parecer añeja, pero sigue entreteniendo y es mucho mejor que los nuevos y aburridos Supermanes estrenados en 2006, 2013 y 2016. Para los que fuimos niños en su estreno fue algo genial y que nunca olvidaremos.