20 años de Eyes Wide Shut, enigmática despedida de Kubrick

  • El plan de trabajo de la última película de Kubrick aparece en el Libro Guinness de los récords por su excéntrica duración: 400 días
  • El director se diferenció del resto de sus colegas directores en tener muy claro que el cine es dinero, es tiempo y es un juego
  • En esta turbia y enigmática película hay muchas claves ocultas, guiños, sugerencias

Todos los que admiramos a Stanley Kubrick nos quedamos paralizados ante el televisor aquel siete de marzo de 1999. En la pantalla aparecían imágenes de su última y esperada obra, rodada en el más alto secreto y titulada Eyes Wide Shut, película estrenada mundialmente un mes de julio de hace 20 años. Ya el extraño título nos ponía. También el morboso póster y su trailer, con Cruise y Kidman desnudos ante un espejo veneciano. Pero en el rótulo del televisor se leía “Muere Stanley Kubrick”. Escalofrío. ¿Tan pronto? Tenía setenta años, no era un anciano.

¿Qué había pasado? Poco a poco fueron apareciendo algunas noticias sobre su muerte, pero pocas. Desde que se mudó a Inglaterra, Kubrick vivía como un eremita, encerrado con su familia en su mansión de Childwickbury. Lo primero que se supo es que su muerte fue por un ataque al corazón mientra dormía. Lo que supimos muchos años después es que su salud era delicada y vivía con una bombona de oxígeno en casa. Fue enterrado en su jardín junto a su árbol favorito.

Para escribir el guión de Eyes Wide Shut (película que pudo haberse llamado Tú y yo y El sujeto femenino y que está basada en la novela Traumnovelle, de Arthur Schnitzler), Kubrick llamó a Frederic Raphael, guionista de Dos en la carretera. Sobre la experiencia de trabajar con Kubrick, Raphael escribió un libro (Aquí Kubrick) y dijo: “Stanley el tirano, Stanley el obseso perfeccionista, Stanley el hombre de hielo, Stanley el hermético, Stanley el que solo piensa en sí mismo y un nuevo Stanley: el judío que se odiaba a sí mismo”. Los dos se pelearon porque Rahpael quería marcar el carácter judío del protagonista, como en la novela original, y Kubrick no se lo permitió.

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Gustav Hasford, autor de la novela que dio pie a La chaqueta metálica, dijo de él algo que muchos han repetido: “Era como una tijereta (el insecto). Se te metía por un oído y no salía por el otro hasta que te había corroído el cerebro”. Kubrick era un vampiro de talentos ajenos. De hecho, nada más conocerle, Raphael le dijo a su mujer: “Stanley es más un productor que un director”.

Unos enigmáticos embajadores de Kubrick preguntaron en 1997 a Raphael si estaba trabajando en algo. Finalmente firmó un contrato. Y era leonino, le pedía la total exclusividad y prohibía hasta escribir, mientras trabajaba con Kubrick, reseñas literarias en revistas. Y lo peor de todo: el contrato era de tiempo indefinido, hasta que no entregase el guión que Kubrick considerase definitivo no estaba libre. Lo mismo firmaron Tom Cruise y Nicole Kidman: acabarían cuando Kubrick diera por acabada la película. Vincent D'Onofrio, el famoso recluta patoso de La chaqueta metálica, les aconsejó: “Alquilad una casa o apartamento, os vais a quedar por mucho tiempo en Inglaterra”.

Kubrick se diferenció del resto de sus colegas directores en tener muy claro que el cine es dinero, es tiempo y es un juego. Como dijo Orson Welles, el cine es el tren eléctrico más caro del mundo. Y Kubrick más que dinero, y consiguió mucho, pidió siempre todo el tiempo del mundo para rodar, para jugar. A cambio pedía no moverse de casa (Nueva York fue recreado en estudio) y un presupuesto y equipo reducido, nada que ver con los números habituales de los grandes estudios como Warner, que es el que produjo Eyes Wide Shut y tenía a Kubrick fichado en exclusiva. Fue una jugada idéntica a la realizada con El resplandor o La chaqueta metálica, para cuyos rodajes Kubrick jamás pisó Estados Unidos o Vietnam.

El director de Senderos de gloria se hacía viejo, pero por dentro seguía siendo joven, un crío con el más alucinante juguete del mundo. Qué paradójico que la última escena de su testamento fílmico transcurra en una juguetería. También que en su libro dedicado a Kubrick su mujer Christiane incluyera una frase de Oscar Wilde que a él le gustaba recordar: “La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que sigue siendo joven”.

La secretísima producción Eyes Wide Shut fue tan especial como el resto de sus proyectos. De él nos llegaban escasas fotografías, algunas de ellas de las revistas del corazón que perseguían a Tom Cruise, como aquellas instantáneas en un coche de los estudios Pinewood sentado junto a un envejecido Kubrick y sus gastadas New Balance. Antes que en Cruise, Kubrick pensó en Harrison Ford, Johnny Dep y hasta en Woody Allen y Steve Martin convirtiendo el guión en comedia. También en el matrimonio formado por Alec Baldwin y Kim Basinger.

El plan de trabajo de la última película de Kubrick aparece en el Libro Guinness de los récords por su excéntrica duración: 400 días, impensables en cualquier producción americana o de donde sea. Harvey Keitel, que había sido contratado para el papel de Victor Ziegler, abandonó el rodaje y Jennifer Jason Leigh, que iba a hacer de Marion, fue despedida. Los sustituyeron Marie Richardson y Sydney Pollack, director al que Raphael le atribuyó el marrón de acabar de montar la película tras la muerte de Kubrick.

Pero esa afirmación es discutible. Según la fuente oficial, Kubrick mostró un montaje final a Warner cuatro días antes de su muerte, aunque la banda sonora, algo en lo que Kubrick era también un perfeccionista, todavía no estaba completada. Pollack, por cierto, resumió a la perfección lo especial e inteligente que era una producción de Stanley Kubrick: “Mientras el resto de nosotros, pobres bastardos, conseguimos 16 semanas de filmación por 70 millones y con una estrella de 20, Stanley puede conseguir 45 semanas y lo rueda todo con 60 millones”.

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Escena de la última película de Kubrick. / Warner

Eyes Wide Shut nos presentaba un Kubrick interesado por el sexo, pero como siempre a su manera. En su cine trató la sexualidad convencional pero también el homoerotismo (Espartaco), la pederastia (Lolita), la violencia en grupo y la bisexualidad (La naranja mecánica), la prostitución (La chaqueta metálica)... En Eyes Wide Shut aparecen casi todas las opciones: sexo convencional frente al onanismo, la prostitución, las orgías privadas, la pederastia, el travestismo, la homosexualidad...  Y para ello, cómo no, Kubrick se documentó de forma maníaca y descubrió documentos del FBI que hablaban de una hermandad sexual de los Kennedy llamada The Free. También le preguntó a Raphael si le había sido fiel a su parienta, si se había ido de putas o si había estado alguna vez en una orgía. Además le pidió que estudiase los desnudos del pintor vienés Egon Schiele o del fotógrafo australiano-alemán Helmut Newton.

Sobre la famosa orgía de la película, para la que Kubrick consultó el sexo en películas de Paul Verhoeven como Showgirls o Instinto básico para evitar la temida calificación R, hemos sabido hace poco que Cate Blanchett puso su voz a una de las chicas de la bacanal, la misteriosa mujer enmascarada que se acerca a Tom Cruise (interpretada por Abigail Good) para pedirle que abandone la mansión.

Eyes Wide Shut habla de los celos y los cuernos imaginarios, de la libertad dentro de un territorio tan poco dado a la libertad como el matrimonio. Pero hay quien ha visto otros mensajes ocultos. Como Cristian Campos, que escribió en la revista Jot Down: “El periplo de Bill (Cruise) ha sido orquestado como parte de su proceso de iniciación en la élite del poder y el dinero. Cuando Alice (Kidman) le propone follar lo que está proponiendo en realidad es follar con otros. El acto final transcurre en una juguetería. Las paredes son rojas y varios juguetes parecen replicar algunas de las experiencias de Bill. Las cajas Magic Circle hacen referencia al ritual de iniciación ocultista de la mansión. El tigre que aparece es exactamente el mismo que puede verse en el apartamento de Domino (la prostituta). En la novela original la prostituta cuyo sospechoso suicidio aparece en el periódico se llama Anna Tiger”.

En Positif el crítico Laurent Vachaud fue más allá recordando que Vivian, hija de Kubrick, se unió a la Cienciología cuando preparaba la película y dejó de hablar con su familia. Y sugiere que la escena donde Bill se entera por un periódico de la muerte de una joven a quien no pudo salvar, mientras tocan el Requiem de Mozart, es el réquiem de un padre por su hija perdida. No es descabellado. Kubrick quedó destrozado por pelearse con su amada hija por culpa de la Cienciología, secta que también destrozó el matrimonio de Cruise con Kidman.

Quién sabe lo que ocurrió en aquel largo rodaje. Como muchas películas de Kubrick, en la turbia y enigmática Eyes Wide Shut hay muchas claves ocultas, guiños, sugerencias. Es tan ambiciosa como seductora. Y, para colmo, la última palabra que se dice en la última película de Kubrick es “follar”. El enigma final. Maldito Stanley.